18 de marzo de 2022

Y el tren pasó de largo

     Hace 110 años, España seguía noqueada por el fin del imperio colonial ultramarino y se veía de nuevo inmersa en otra ilógica guerra en el norte de África.
    Trujillo había ido perdiendo su rico patrimonio de pueblos y dehesas en siglos anteriores, rematando sus pérdidas en los sucesivos procesos desamortizadores. 
    El final del siglo anterior, el XIX, había traído el agua corriente a la ciudad y el nuevo siglo vio la puesta en marcha de la primera línea de autobuses de España, la que acercaba a Trujillo y Cáceres. Pero ambas ciudades seguían estando en un territorio interior de frontera y fondo de saco también económico al huirle las industrias y contar tan solo con referentes agrarios y algo de minería. 
    Una sociedad conservadora en un territorio marginal y marginado que, de pronto, sintió que el tren, de nuevo, llamaba a su puerta. Porque una y otra y otra vez pasó el tren de largo. O mejor sería decir que una y otra y otra vez  no llegó a pasar. Y todo pese a que Trujillo lo buscó con ansia, cifrando su futuro en que el monstruo de hierro se acercase a la ciudad, trajese viajeros y desarrollo, asegurase la salida de granos y ganados de la comarca y crecieran las oportunidades que podían brindar los yacimientos mineros de fosfatos situados a oriente (Logrosán) y occidente (Cáceres).
    Hace 110 años pareció que, por fin, el deseo tantas otras veces frustrado se convertiría en realidad.
    Poner en comunicación por tren las ciudades de Cáceres y Trujillo y la conexión con Logrosán y sus minas había sido el objetivo de los proyectos que presentaron a la Dirección General de Obras Agrimiro Blay y Lacasa en 1887 y Eduardo H. Neville y Riddlesdale en 1902. Ambos, tranvías a vapor, pretendían aprovechar como plataforma las carreteras existentes pero ninguno de ellos prosperó. 
   El militar Francisco Fernández Llanos será el siguiente en conseguir la autorización para llevar a cabo, en dos años, los estudios que permitieran la creación de un “tranvía eléctrico” desde Cáceres a Logrosán, con ramal a Trujillo.
   Sancionados por ley ambos trayectos (Cáceres-Trujillo y Trujillo-Logrosán) en la Ley de Ferrocarriles Secundarios y Estratégicos de 1908, se abría ahora la puerta al apoyo estatal y Trujillo no quiso perder de nuevo el tren.
    Tres serán los proyectos que compiten para acogerse a la Ley de 1908:
    El ya mencionado de Francisco Fernández Llanos, que marca un trayecto bastante al sur del trazado de la carretera Cáceres-Trujillo (pasando por Torreorgaz, Torremocha, Salvatierra, Santa Ana e Ibahernando) con un marcado interés en la salida de fosfatos de Logrosán. Así, tres kilómetros y medio después de la estación de Ibahernando, 14 kilómetros antes de llegar a Trujillo, la línea continúa en dirección a Santa Cruz y Zorita, alejándose del ramal que desde aquel punto enlazaría esta línea con la ciudad de Trujillo.
   Un segundo proyecto, que cubriría únicamente el trayecto Cáceres-Trujillo, es presentado al Ministerio por los políticos Tirso Rodrigáñez Sagasta (ex-ministro de Hacienda, cartera que volvería a ocupar en 1911), Antonio Pérez Aloe Silva y Fernando Weyler Santacana. En su recorrido, seguiría el trayecto de la carretera que une ambas localidades, sobre la cual se asentaría.
    Un tercer proyecto candidato a obtener la aprobación ministerial retoma el realizado desde la propia ciudad de Trujillo en 1890 (firmado entonces por el ingeniero Rafael Monares e Insa y reformado y puesto ahora en condiciones legales de ser admitido a concurso por el ingeniero Narciso Amigó, autor del proyecto de ferrocarril de Logrosán a Chinchón) y que ahora, convertida su Comisión Gestora en una Sociedad colectiva bajo la razón social “Cortés, Guillén y Compañía”, pretendía ser elegido (en los dos trayectos) para su realización. También en este tercer candidato se quería dar servicio a otras localidades acercando al sur ambos trayectos.
Folleto informativo de la Sociedad "Cortés, Guillen y Compañía". 1909
    Aceptados todos los proyectos para su estudio, se inició entonces un proceso de información pública, dictámenes de diferentes instituciones y, en definitiva, una carrera para conseguir apoyos económicos y sociales además de obtener una valoración positiva desde el punto de vista técnico y de viabilidad económica por parte de los ingenieros del Ministerio.
    Era la oportunidad de Trujillo y había que aprovecharla. El empuje, la ilusión y las expectativas parecían alimentar aquella locomotora que se quería oír rugir y lanzar vapor por los llanos de Cáceres y sobre el berrocal.    La Sociedad “Cortés, Guillén y Compañía”, que contaba con el apoyo del ayuntamiento y de la sociedad trujillana, desplegó todas sus influencias para obtener las mejores valoraciones. El propio ayuntamiento de Trujillo y los de Zorita, Cañamero, Alcollarín, Campolugar, Madroñera, Conquista, Logrosán y Herguijuela informaron a favor de sus proyectos, que fue igualmente seleccionado por la Diputación Provincial (defendido por los diputados Emilio Herreros Esteban, Luis Grande Baudesson y Manuel Martínez Cuadrado).
Integrantes de la Sociedad "Cortés, Guillén y Compañía"












            También el informe del ingeniero jefe de la tercera división técnica y administrativa del Ministerio de Fomento, Eduardo Lostau, situaba los proyectos de la propuesta trujillana en clara ventaja, aunque con deficiencias que deberían subsanarse antes de la aprobación por la administración.
    Cada pequeño triunfo en el proceso era aplaudido por la sociedad trujillana, el ayuntamiento, el Círculo de la Amistad, el Centro Obrero, el Casino, el comercio... todos convencidos de la trascendencia de lo que iba a ocurrir.
    Y esta vez ocurrió. Aunque se retrasó hasta 1911 y hubo que realizar las reformas exigidas, finalmente se eligió el proyecto por el que Trujillo luchaba. 
   Un recorrido de casi 120 kilómetros por una vía de un metro de ancho que arrancaría de Cáceres con estaciones en Torreorgaz, Torrequemada, Torremocha, Botija-Ruanes, La Cumbre, Trujillo, Santa Cruz-Conquista, Zorita , finca “El Guijuelo” y Logrosán (a 1 km de la población y paralela a la carretera de Logrosán a Guadalupe, cerca de las minas de fosfatos). Con 8 locomotoras de sistema “Compound”, el futuro ferrocarril uniría Cáceres, Trujillo y Logrosán a la velocidad ordinaria de 30 km por hora. Cinco puentes salvarían los ríos Tamuja, Gibranzo, Magasca (2) y Logrosanejo y a lo largo del trayecto se construirían 34 pasos a nivel (3 sobre carreteras y los restantes en otros caminos) y un total de 41 casetas de guardas.
La Opinión. 28 de enero 1912
  En noviembre se fijaron las fechas para la subasta de ambas obras a las que podrían ejercer el derecho de tanteo la Sociedad peticionaria “Cortés, Guillén y Compañía”, sustituida poco antes de la fecha señalada por la Sociedad “Maurel y Palacios” a la que se cedieron todos los derechos de construcción.
    Sin licitadores en la subasta, la nueva Sociedad obtendrá la adjudicación de los nuevos ferrocarriles y la noticia llega rápido a Trujillo:
“Madrid 27-14.
ECO DE TRUJILLO.
Celebrada subasta ferrocarril Cáceres-Trujillo. Adjudicada concesión Sociedad Palacios-Morel. Coronados trabajos con tan feliz éxito para Comarca tenemos gusto comunicar tan grata noticia.
Comisión”  (El Eco de Trujillo, 2/12/1911)
     La alegría se extiende en toda la ciudad. Repique de campanas y cohetes, una banda de música que recorría las calles. Por la noche, los portales de la plaza estuvieron llenos de gente como en las grandes festividades. Una Comisión del Comercio acordó el 28 de noviembre pedir que, en unión del ayuntamiento, la población saliera a esperar a la Comisión Gestora que había velado en Madrid por el éxito de la empresa y que llegaría en la tarde del día siguiente. 
    Luis Pérez Aloe Mediavilla, Enrique Cortés Pérez y Manuel Pérez Aloe Silva, integrantes de la Comisión, fueron recibidos con música por las comisiones de los Círculos, del comercio, de los gremios con banderas y estandartes, el ayuntamiento, el clero... Discursos y banquete en el Círculo de la Amistad. 
    Una fiesta que se volvería a repetir dos meses después. Y esta vez a lo grande, porque la ocasión lo merecía. Todo se ponía en marcha y por fin el sueño se convertiría en realidad. 
   Ya habían llegado a Trujillo quienes se encargarían de las obras del ferrocarril, los ingenieros León Girard y Abel Mancy, esperándose para febrero la llegada de Nicanor Arias, Billièz, Weibel y Bayant.
    El domingo 28 de enero de 1912 nadie faltó en Trujillo y aunque el propio Ministro de Fomento no pudo asistir, se celebraría por todo lo alto el inicio de las obras de los nuevos ferrocarriles. Cáceres mandó su banda de música que inició el día con diana floreada y que tocaría por la tarde en la plaza, se adornaron fachadas, balcones y escaparates, hubo bailes en casinos y sociedades, iluminación y fuegos artificiales, un banquete en los salones del Círculo de la Amistad servido por Francisco Fernández... 
    Se invitó a la prensa regional, a los alcaldes de la comarca, a las autoridades y políticos provinciales, a la empresa concesionaria (ahora integrada en la Sociedad Anónima “Compañía de los ferrocarriles secundarios de Extremadura”), al obispo, a todos los trujillanos. Todos acudieron esa mañana al campo de San Juan para acompañar al Director General de Obras Públicas del Ministerio de Fomento, Luis de Armiñán.
    A las once y media, con un día espléndido se puso en marcha la comitiva:
Foto Diéguez. Comitiva hacia el acto. "Mundo Gráfico". 2/3/1912 
“Precedidos de un piquete de la guardia civil, á caballo, entre maceros iban presidiendo el acto los señores Armiñán, Jarrín y Pérez Aloe (L), siguiéndoles los demás invitados y un numeroso gentío, en medio de un fuego graneado de bombas y cohetes, que formaban con los gritos de júbilo del pueblo y los acordes de la música un conjunto enloquecedor.” (El Noticiero. 29/1/1912)
    En el Campo de San Juan, dos arcos de entrada con artísticas dedicatorias, adornos y gallardetes esperaban a la comitiva. Trujillanos e invitados se juntaron allí para ver cómo el obispo de Plasencia, Francisco Jarrín y Moro, revestido de capa pluvial y ayudado por los sacerdotes José Pulido y Ramón Cancho, bendecía los terrenos donde pronto habría de construirse la estación del ferrocarril, “...en el espacioso campo de San Juan, dando su frente hacia la carretera de Badajoz y á poco más de cien metros de las últimas casas del barrio de las Cruces...”. (La Opinión. 28/1/1912) 
    Tras la inauguración oficial en nombre del Rey y del Ministro de Fomento por el Director General, éste inició los trabajos con una piqueta junto a varios trujillanos, ingenieros y obreros de la compañía.

Foto Diéguez. El Director de Obras Públicas, Luis de Armiñán, dirigiendo la palabra al público. "Nuevo Mundo". 8/2/1912.


    Discursos, aplausos, emoción y recuerdo del alcalde para los trujillanos que luchaban al otro lado del Estrecho:
“¡Que llegue á ellos –exclama el Sr. Aloe- mi entusiasta y cariñoso saludo y que los veamos pronto empuñando las honradas herramientas del trabajo!”. (El Tiempo. 29/1/1912).
    El arca guarda celosamente el acta notarial que da fe de aquel emocionante acto.

1912, enero 28. Trujillo
Acta para hacer constar la inauguración de los ferro-carriles de Cáceres a Trujillo y Trujillo a Logrosán, a requerimiento del Alcalde Presidente del Excmo. Ayuntamiento de esta población, Don Luis Pérez Mediavilla.
Número veintiocho
En la ciudad de Trujillo a veintiocho de enero de mil novecientos doce. Ante mi, don Manuel Eladio Ferrer y Pérez, Abogado Notario del Ilustre Colegio de Cáceres, con residencia y vecindad en esta población, ha comparecido
Don Luis Pérez Aloe Mediavilla, mayor de edad, soltero, propietario y Abogado, vecino de esta ciudad, provisto de cédula personal de octava clase expedida por el Recaudador de tal impuesto, Sor. Artaloytia, en tal población, el treinta de mayo último con el número sesenta.
Dicho señor, a quien doy fe de conocer, comparece en concepto de Alcalde Presidente del Excmo. Ayuntamiento de esta ciudad y me requiere para que haga constar en la presente acta el hecho de la inauguración de los trabajos de construcción de los ferro-carriles de Cáceres a Trujillo y de Trujillo a Logrosán.
En virtud de dicho requerimiento, me constituí en el Campo de San Juan, sitio designado para la inauguración (de los trabajos o) á donde concurrieron los Ilustrísimos señores Obispo de Plasencia, Director General de Obras públicas, Gobernador interino de esta provincia, el Excmo. Ayuntamiento de esta ciudad, la representación de los concesionarios “Compañía de Ferro-carriles secundarios de Extremadura” representación de la constructora “Sociedad general de cementos Porland de Sestao”; sociedad “Cortés, Guillén y Compañía”, Diputados y ex-Diputados a Cortes, Senadores y ex-senadores, Diputados y ex-Diputados provinciales, ingenieros de la división de ferro-carriles y de Obras públicas de la provincia, Comisario Regio de Fomento, Alcaldes de los pueblos interesados en la línea, representaciones de la magistratura, del clero, de la milicia, de la prensa, del comercio, de la Industria y numeroso público. Después de elocuentes discursos pronunciados por el Sr. Alcalde de esta ciudad y por el Ilmo. Sr. Director General de Obras Públicas, éste en nombre de S.M. el Rey, declaró inauguradas dichas obras con la bendición del Ilustrísimo Señor Obispo de esta Diócesis.
Terminado el acto se redactó el presente documento que autorizan con sus firmas varias de las personas concurrentes al mismo después de leída este acta, extendida en el presente pliego de clase undécima número un millón novecientos noventa y un mil setecientos cincuenta y ocho, de todo lo cual doy fe y lo signo, firmo y rubrico. = Entre paréntesis =de los trabajos= no vale. Entre líneas = mil setecientos cincuenta y ocho= vale.
+ Francisco, Obispo de Plasencia
de Armiñán. Director General de Obras Públicas
Emilio Herreros. Gobernador civil
Luis Pérez Aloe. Alcalde
Enrique Gadea. Presidente del Consejo de Obras Públicas 
Barón Paulin Ruelle
Jose Herrero. Viceresidente del Cº de Administración de la Compañía
Manuel Pérez Aloe. Ex Diputado a Cortes
G. Detrés. Consejero de la Compañía del ferro-carril de Extremadura
Castor R. del Valle. Ingeniero encargado
Consejero de la Compañía. Nicolás  Palacios
G. Maurel Presidente de la Societé des Ciments de Sestao  
Cortés Guillén & Cº. El Gerente E. Cortés
Manuel Grande. Ex-Senador
Siguen las firmas....
El Diputado a Cortes por Navalmoral. José Rosado
Senador. Juan Muñoz Chaves
Ex-diputado a Cortes. Andrés Castellano
Ex-Senador. Miguel Muñoz Mayoralgo
Senador. Eloy Sánchez de la Rosa
Marqués de la Liseda
Alfonso Higuero
Agapito Artaloytia
José García Guadiana
Juan Sánchez Mora
Francisco Martín
Francisco Chamorro Carrasco ex-diputado provincial
José García de la Cruz concejal del ayuntamiento
Alfredo Mateos. Ingeniero Jefe de Obras Públicas
Rafael Fernández Shaw. Ingeniero de Caminos de Trujillo
José Díaz Pulido. Arcipreste
Antonio Bulnes Duque. Ex vicepresidente de la Diputación Provincial. 
Ramón Cancho capellán
Fernando Cancho Ordóñez. Teniente alcalde
José Núñez Secos
Manuel Artaloytia
Joaquín Mediavilla
Lucas Sánchez 
S. Sacristán 
José López Munera Arquitecto Municipal
Francisco Roldán Curado
El alcalde de Montánchez. Germán Dueñas
Teodoro Dueñas. Diputado Provincial
Filiberto de Iñiguez. Diputado Provincial
Francisco Canillas C. de Vaca 
Alcalde de Logrosán. Eduardo Calles Bustamante
Manuel Calle 
Manuel Esteve. Comandante 
Filiberto Calvillo. Médico Forense
Enrique Colas. Secretario del Consejo de Administración
Hilario Grajera Sánchez. Capitán de la Guardia Civil
Manuel Castillo, Director del Instituto
Constantino Solís 
Antonio Pérez Aloe Mediavilla
Juan V. Ávila
Ex-Diputado a Cortes. Rafael Durán
por la Cámara Agrícola. Manuel Montenegro
Ex Presidente de la Diputación. Luis Grande Baudesson
Alcalde de Zorita. Juan Cerezo
Comercio. Prudencio Gómez
Valeriano Nogales
Jacinto Mateos
El ingeniero Jefe de la constructora J. Barés
José Mateos Parejo
Juan Jiménez
Comercio Ramón Blasco
Comercio Antonio Sanz
Serafín Mena Fernández
Lorenzo Pico. Secretario Ayuntamiento
Manuel Eladio Ferrer
 firma y signo
(Archivo Municipal de Trujillo. Protocolos de Manuel Eladio Ferrer. 1912. Fols. 189-192)

    Acabado todo, parecieron estar convencidos los trujillanos de que el tiempo presente –el de entonces, duro y difícil- cambiaría, que el futuro sería diferente. Aunque el tiempo pasó y quizás algunos pensaron que todo había sido un sueño, un maravilloso sueño que se desvaneció al despertar. 
    Apenas unas casetas de aperos, algunos –pocos- movimientos de tierras y luego... el olvido.     
    Problemas económicos para conseguir los capitales necesarios para las obras, una Guerra Mundial que vino a marcar otras necesidades, todo pareció aliarse para volver a frustrar el deseo de Trujillo de montarse en tren. Durante los años siguientes se elevaron peticiones de la ciudad ante quien quisiera oírla, reclamaciones para que marchase una obra que podría mejorar la angustiosa escasez de trabajo en la comarca. Nada sirvió para poner en marcha un proyecto que habría cambiado radicalmente la ciudad y la vida de sus habitantes. 

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