15 de diciembre de 2020

Gratitud

    El arca siempre ayuda a descubrir espacios y momentos de Trujillo, a reencontrarse con ellos o a repensar sobre nuestra ciudad. Y es oportuno que lo haga porque en ocasiones la ciudad, no sabemos si por dejadez u olvido, parece ser poco agradecida con quienes entregaron sus ilusiones para idearla, parte de su vida para construirla e incluso buena parte de sus recursos para ayudarla a crecer.

    Algunas de esas personas han de ser recordadas porque entregaron atención y hacienda a los más desfavorecidas, apostando especialmente por el futuro de cualquier ciudad: los niños y la educación.

Busto de doña Margarita de Iturralde. Gabino Amaya. 1923
“Acaban de fundarse con toda solemnidad en Trujillo (Cáceres) una iglesia y un colegio, las dos columnas fundamentales de la vida moderna, merced a la munificencia de la ilustre señora doña Margarita de Iturralde de Arteaga. La inauguración ha sido solemnísima.

El colegio será dirigido por los Padres Agustinos, gratuito, y se llamará de Santiago y Santa Margarita.

Los fines fundamentales de este colegio serán los siguientes: Instrucción primaria, con clases diurnas para niños y nocturnas para jóvenes; caja de ahorros constituida especialmente con los premios de estímulo y aplicación; pensiones a los niños pobres que reúnan condiciones de talento para seguir una carrera; pensiones de veinte pesetas mensuales a 40 niños pobres que se distingan por su aplicación; hacer una primera Comunión anual de niños preparados, a los que se regalará traje, calzado y desayuno.

La fundación merece grandes alabanzas”.

  
 
Con estas palabras daba a conocer “El Magisterio español” los actos que a lo largo de 4 días, desde el 19 de mayo al día 22 de 1923, habían tenido lugar en Trujillo con motivo de la inauguración de la remodelación del templo del antiguo convento de dominicos de la Encarnación y de una parte de las instalaciones que también habían acogido al Colegio Preparatorio Militar, lote de edificios adquirido por doña Margarita al ayuntamiento en 1916 y que ahora recibía a otra “tropa” más bulliciosa y traviesa.    

    En los cuatro días de fiesta, Trujillo tuvo representaciones teatrales, zarzuela, conciertos de la banda municipal, cine en el paseo Ruiz de Mendoza, novilladas con reses de Antonio Ruiz y Antonio Sánchez Rico y capeas para los aficionados trujillanos. Los actos religiosos se centraron en el nuevo templo, donde los prelados de Plasencia  y Huesca dieron su bendición y oficiaron la misa pontifical que inauguraba la renovada iglesia, ahora de Santiago y Santa Margarita, en la que sonaron las voces de las capillas de El Escorial y Plasencia. 

    Como contrapartida, desde la redacción de la revista “Ensayos”, su director Juan Parrilla promovió el homenaje de la ciudad a quien de manera generosa entregaba a los trujillanos una nueva institución educativa. Por suscripción popular, la Comisión Gestora de tal homenaje había encargado al escultor de Puebla de Sancho Pérez, Gabino Amaya Guerrero, la que sería su primera obra en Extremadura. En ella se quería reflejar la gratitud de Trujillo y debía tener un lugar adecuado. Y ahí empezaron los problemas.

    La citada  Comisión (que junto a Juan Parrilla integraban los señores La Calle, Higuero, Núñez, López Munera, Míguez y Romero) deseó que el monumento a doña Margarita costeado por los trujillanos fuese inaugurado coincidiendo con los actos que se habían previsto para el templo y el colegio , “en un sitio público para que del modo más patente y solemne perpetúe a través del tiempo el sentimiento general de admiración y gratitud a la señora Iturralde, a la vez que por su gran mérito artístico serviría el monumento de gran ornato en cualquier sitio adecuado en que se instale”, apuntando en el escrito dirigido al ayuntamiento el 29 de abril, como el más adecuado la fuente monumental del paseo de Ruiz de Mendoza, no sólo porque contribuiría a embellecer ese recinto sino porque estaría frente a la nueva fundación que así se quería agradecer. 

    Y unos que sí y otros que no, el Ayuntamiento no tuvo que pronunciarse porque la propia Comisión retiró la instancia en la que se solicitaba autorización para colocar en sitio público el monumento y que debía haber sido tratado en sesión extraordinaria el 16 de mayo, que finamente no llegó a celebrarse. Porque, aunque el propio alcalde don Antonio Nevado Bejarano parecía apoyar la colocación del monumento (y se contaba con la ausencia de algunos opuestos al lugar elegido), la Comisión, visto que no contaba con los votos suficientes y para evitar el fracaso, “acordó retirar el documento y colocar provisionalmente el monumento en un sitio visible, público si se quiere, en que no fuera necesaria la autorización del Ayuntamiento”. El sitio elegido fue el atrio que antecede a la propia iglesia de la Encarnación. El lugar había sido cedido a doña Margarita dos años antes, según acuerdo del pleno del Ayuntamiento del 27 de noviembre de 1921:

“11º. En virtud de informe de la Comisión de Obras, se resuelve acerca de la instancia de Dª Margarita Iturralde, presentada en sesión de diez y seis de Agosto último, concediendo a dicha señora autorización para ocupar gratuitamente la vía pública con el atrio que se propone construir ante la iglesia de la Encarnación, debiendo tal construcción formar un saliente que no exceda de cinco metros y medio y reunir las condiciones estéticas que exige el ornato público”.

Foto Diéguez. Mundo Gráfico. 13/6/1923
    Con la autorización de doña Margarita de Iturralde, el lunes 21 de mayo, a las 12 de la mañana, se procedió a inaugurar el monumento en un lugar que en nada complacía a sus promotores. La joven Blanca Míguez Paredes leyó unas cuartillas en el acto que daba a conocer a los trujillanos el primer grupo escultórico que adornaba la ciudad.

    ¿Y el Ayuntamiento?. Molesto pero callado, porque, aun considerando que se había colocado en el atrio sin su autorización y que no dejaba de ser un abuso por parte de quien lo había cedido para tal fin (doña Margarita), pues el atrio seguía siendo vía pública, se acordó “pasar por alto el abuso, en atención a las circunstancias del monumento...”.

    Para evitar “desagradables contingencias” futuras relacionadas con el atrio, doña Margarita procedió meses después a adquirir este pedazo de vía pública. Contaba entonces con una nueva presidencia de la corporación municipal, don Proceso la Calle García,  miembro de la Comisión Gestora del homenaje popular, y no tuvo problemas ahora en obtener su propiedad el 5 de noviembre de 1924:

“10º. Se da cuenta de una instancia en que Dª Margarita de Iturralde solicita la cesión en venta del terreno ocupado por el atrio de la Iglesia de Santiago y Santa Margarita, cuya ocupación gratuita le fue concedida en sesión de 27 de Noviembre de 1921. Examinada atentamente el caso, se estima que el atrio en cuestión sirve de ornato a la vía pública, sin perjuicio alguno para ésta y sin oponerse a las alineaciones establecidas, circunstancias que indudablemente tuvo en cuenta el Ayuntamiento al conceder la ocupación del terreno en que aquel se halla emplazado. En su virtud, y dados los caracteres de solidez y permanencia de la construcción de que se trata, se acuerda la cesión solicitada por la recurrente mediante el precio de dos pesetas cada metro cuadrado”.

    Ahora estaba a salvo la ubicación del monumento, pero no era un lugar que gustase a quienes lo promovieron y a quienes con sus aportaciones lo habían hecho posible. Y entones sí, la nueva corporación aceptará el 21 de enero de 1924 la petición firmada por 256 vecinos (quizás el documento del arca en que aparece el nombre de más mujeres trujillanas), para que  el sentimiento de gratitud que se vertió en el monumento, ocupara un mejor lugar:


“12º. Dada lectura de un escrito con multitud de firmas de vecinos de la localidad solicitando autorización para que el monumento erigido hace poco a Dª Margarita de Iturralde en el atrio de la iglesia de Santiago y Santa Margarita sea colocado en el jardincillo inferior de la Plaza Ruiz de Mendoza, se acuerda por unanimidad conceder la autorización solicitada”.

    Hoy, escondida entre frondosos arbustos, careciendo de la arboleda que antaño la adornó, olvidada por una parte de la ciudad, se encuentra el único conjunto escultórico de Trujillo alrededor del busto de doña Margarita de Iturralde, elevado sobre granito de Ruanes que labró el cantero trujillano Antonio Guerrero y su aprendiz Francisco Serván. En medio de ese olvido, al menos se ha mantenido la cartela de “Gratitud”, se ha incorporado la del homenaje a la Hija Predilecta de la ciudad 
de los antiguos alumnos del colegio que ella fundó y ha desaparecido la que en algún momento debió tener para dejar constancia de su inauguración.

    El arca nos ha hecho rescatar su imagen, parte de su obra y sobre todo la enorme gratitud que como trujillanos debemos sentir por quien, no habiendo nacida trujillana, se sintió profundamente comprometida con la ciudad y su gente. Ella nos eligió y nosotros le debemos eterno reconocimiento.


1924, enero 20. Trujillo

Sres. Alcalde y Concejales de Excmo. Ayuntamiento de Trujillo

Los que suscriben, vecinos y residentes en esta ciudad, al Exmo. Ayuntamiento respetuosamente exponen:

Que la opinión casi unánime del vecindario ha visto con viva contrariedad que el monumento erigido por suscripción popular a Doña Margarita de Iturralde haya tenido que colocarse en el recinto que forma el atrio de la Iglesia, contra toda razón moral y estética, por causas bien ajenas a la voluntad del pueblo.

No menos pública es la constante censura que este hecho merece a diario a cuantos forasteros y turistas nos honran con su visita, hasta el punto de ser unánime la apreciación de que el monumento recluido en aquel sitio significa que el pueblo siente con timidez la gratitud del beneficio recibido, como si pudiera avergonzarnos el ser agradecidos.

Si, por el contrario, la gratitud es sentimiento que enaltece, si es nota de cultura y nobleza, ese monumento que de manera tan artística la interpreta y perpetúa, debe ser colocado en el sitio más visible para que haga honor a nuestras tradiciones de hidalguía y sirva de ejemplo y de orgullo a las venideras generaciones.

Confiados en que el Ayuntamiento actual, representante de las nuevas corrientes de ciudadanía, que tan plausibles muestras viene dando de recta gobernación acogerá el sentir trujillano con el entusiasmo que merece y requiere, los que a continuación firman

Suplican a la Exma. Corporación municipal se digne acordar que el monumento a Doña Margarita de Iturralde sea trasladado al triángulo del bosque inmediato al paseo de Ruiz de Mendoza, en el sitio más visible, como reparación caballerosa al agravio inferido a la bienhechora y caritativa dama y como recta interpretación de la cultura y nobleza Trujillana. = Sobre raspado= significa= Enmendado = hidalguía= vale y se salva=

Trujillo 20 de enero de 1924

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 1816, carpeta 74)