27 de junio de 2016

El puente de Palmas, el puente de todos

Siempre los puentes sirvieron para unir, para restañar heridas y costuras en los territorios que los ríos parecían abrir y sangrar. Los puentes han sido como las grapas que a lo largo de la historia los seres humanos han hecho luchando contra los elementos, contra las riadas y las avenidas, contra los bordes abruptos e incluso contra la propia intolerancia de los pueblos cuando han dirimido sus conflictos con guerra, violencia y destrucción. Los puentes son el mejor ejemplo del trabajo y el esfuerzo común y hay puentes que han tenido un valor aun más simbólico por su importancia en la proximidad de la frontera y en el acercamiento que siempre se debiera producir entre las naciones.
La construcción de los puentes siempre fue preocupación de pueblos y ciudades que quisieron que las vías que llegaban o salían de unos y otras pudieran sortear los obstáculos y coser ríos y arroyos. En ocasiones, la magnitud de la empresa exigía el esfuerzo común y desde tierras lejanas llegaban recursos que amortiguaran las dificultades y penurias de aquellas ciudades que habían visto sus puentes destruidos. Por eso se hicieron trasvases de dineros de una a otra cuenca y, en más de una ocasión, desde las tierras del Tajo se allegaron fondos suficientes a las tierras del Guadiana para reconstruir puentes de vida y comunicación no siempre destruidos por el hombre.
Porque en ocasiones, como tantas otras veces hizo, el Guadiana reclamó márgenes y orillas y, aventado, llevó aguas abajo restos de barcas, pontones y puentes que una y otra vez hubo que restañar y reconstruir.
 “Badajoz es una grande, hermosa y antigua ciudad, situada en la frontera de Portugal, sobre el Guadiana, con un magnífico puente de obra de albañilería”, describía en 1580 el militar alemán Erich Lassota de Steblovo. Ese magnífico puente, el de Palmas, sufrirá una y otra vez los embates de las aguas o de los hombres y una y otra vez se pedirá también a los hombres, cercanos y lejanos, que ayudasen a su reconstrucción.
En diciembre de 1831 Trujillo acudía a Badajoz para realizar consultas ante el Intendente de Extremadura[1]. Será un vecino de esta ciudad, Jesús Remón, representando a Trujillo, quien traslade al Intendente la duda trujillana sobre quiénes de sus vecinos estarían obligados a contribuir para recaudar la cantidad de 232.114 reales asignada a Trujillo para ayudar a “la composición del puente de Palmas de esta plaza”, obra que debería sufragar toda la provincia extremeña. ¿Deberían contribuir, con el resto de los vecinos, las clases privilegiadas trujillanas?. ¿Y los empleados civiles de la ciudad?. ¿Deberían contribuir igualmente “los vecinos forasteros que poseen fincas en el término de Trujillo?. La respuesta que recibe la ciudad en Badajoz es clara: el puente de Palmas debería recibir la contribución de todos los trujillanos y de aquellos que poseyeran tierras en su término.
      Pero no era ésta la primera vez que desde Trujillo se ayudó a Badajoz a reconstruir su hermoso puente. En diciembre de 1603, una fuerte crecida del Guadiana destruyó 16 de sus 24 arcos y fue necesario poner en marcha una reconstrucción que se realizaría entre 1609 y 1612, bajo la dirección del corregidor de Badajoz don Fernando Ruiz de Alarcón. Pero antes fue necesario recabar la ayuda de otras tierras y a Trujillo llega en septiembre de 1607 Antonio de Gironda, vecino de la ciudad de Badajoz, comisionado por su corregidor, García de Silva Figueroa, reclamando que Trujillo abonase la cantidad que le correspondía en el repartimiento hecho en la provincia para proceder el reparo del puente de Palmas. El lunes 17 de septiembre de 1607, ante el corregidor don Antonio de Achotegui y Olaso y veinte de los regidores trujillanos, uno de ellos, Vasco Calderón Enríquez, da a conocer la presencia en Trujillo del comisionado pacense. Y también en esta ocasión, como luego ocurriría en 1831, el ayuntamiento de la ciudad tiene importantes dudas sobre quiénes habrían de ayudar a rehacer el puente de Palmas de Badajoz.       

    
1607, septiembre 17. Trujillo

Puente de Badajoz.
Hizo relación Vasco Calderón Enríquez cómo está en esta ciudad un receptor con comisión del corregidor de la ciudad de Badajoz, juez de comisión sobre el reparo de aquella puente, a cobrar dozientos ducados que se están deviendo de los quatrocientos ducados que fueron repartidos a esta dicha ciudad, como parece por las provisiones reales que para esta cobrança traxo traslado de ellas. Y aviéndose tratado y conferido se dudó si se podía pagar de propios o si se havía de repartir entre quien lo deviese pagar. Y para resolver esta duda fueron llamados los letrados de esta ciudad y entraron en este ayuntamiento los dotores Vázquez y Camargo y aviéndoseles hecho proposición de lo dicho, dixeron que lo que por derecho está dispuesto en este caso es que semejantes repartimientos se  paguen de propios de ciudad y que no los aviendo se puedan repartir por todos los vezinos, así pecheros como nobles y aún por los eclesiásticos, porque desto ninguna persona es excusada. Y que pues esta ciudad tiene propios, les pareçe que se puede pagar de ellos aunque no aya facultad porque el mismo derecho la da.
Y visto por la ciudad el dicho pareçer, se acordó que Vasco Calderón Enríquez haga pagar el dicho dinero y los salarios del receptor conforme a su comisión y que para ello se despache librança en forma y se avise al mayordomo lo pague luego donde no que corran por su quenta los salarios.

 (Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 66, fol. 369.)


Puente de Palmas de Badajoz. Detalle. Piante d'Estremadura e di Catalogna, de Lorenzo Possi. 1687. Badajoz (2014)


[1] Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 572.12.

8 de junio de 2016

El abecedario del Archivo

Todo aquello que aconteció en pueblos y ciudades se ha conservado y trasladado a otras generaciones en forma de hábitos y costumbres, en canciones y leyendas, en dichos y pareceres orales, pero también, en otras ocasiones, los acontecimientos y noticias, lo que ocurría en ciudades, villas y aldeas, lo que se comunicaba o se conocía de la Corte se iba atesorando en valiosos y cuidados libros, en colecciones de documentos que, a resguardo de manos desaprensivas, de la ignorancia y sobre todo del olvido, se han custodiado en arcas y archivos de un modo celoso y ordenado que guardan escrituras y acuerdos, pragmáticas y actas, cuentas, dictámenes y ordenanzas.
En algunos lugares como Trujillo existió un maravilloso hábito y costumbre que se trasladó a lo largo del tiempo: la preservación del archivo y sus documentos, revisando sus fondos, buscando quienes reconociesen su oscura letra, asegurando la vuelta a sus estantes de aquellos que faltasen o reponiendo con copias los originales perdidos.
   Aunque también hubo tiempos lejanos y próximos de oscuridad para su archivo. Fueron tiempos en los que la guerra lo amenazó o en los que desaparecieron algunas de sus piezas documentales. Todo ello mutila el archivo como también se le mutila y cercena haciéndole caer en el olvido o cuando se piensa en él como bien crematístico, de cambio o que tiene que ser útil… Y claro que siempre el archivo y sus documentos son útiles cuando se conservan, se preservan y se utilizan adecuadamente para entender la historia y el acontecer humano, para no caer en los mismos errores del pasado, para generar una sociedad más culta protegiendo lo que nuestros mayores y tantas generaciones anteriores fueron atesorando, acrecentando y legándonos. Ahora, cuando se produjo un considerable salto en las comunicaciones y en el mundo de la información son más necesarios los antiguos documentos, considerados ignorantemente por algunos como viejos papeles, porque son un patrimonio valioso que seguir utilizando, desentrañando todo lo que atesoran para que nuestros hijos y los hijos de nuestros nietos entiendan lo que heredamos de quienes nos precedieron.


1747, diciembre 23. Trujillo

La ziudad acordó que los señores don Vizente Heraso y don Antonio de Torres, rexidores deste aiuntamiento, para que juntando las llaves del archivo de papeles de ella con el señor don Juan Basilio Lovo reconozcan todos los papeles que tiene la ziudad en su archivo por el libro avezedario que tiene de ellos y los que falten se busquen y en caso de no encontrarse se ocurra por dichos señores al Real y Supremo Consejo de Castilla y Chanzillería de Granada a sacar de sus orixinales los tantos de los instrumentos que faltasen, sacando las fechas de los días, meses y año en que se consiguieron, librando las porziones que nezesiten para satisfazión de los ministros que se ocuparen en esta dependienzia sobre el mayordomo de propios.

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 274, fol. 57.)