28 de agosto de 2019

La Victoria en diciembre


En este agosto extraño de olas de calor, lluvias inesperadas e incendios destructivos, los trujillanos cerrarán el mes cantando la Salve a su Virgen.
Calor y fiesta es lo que recuerdan y han vivido los más jóvenes, mientras que quienes ya pintan canas tienen en su mente otras fiestas “más fresquitas”. Porque durante muchos años fue en octubre cuando Trujillo festejaba a su Patrona. Pero hubo un año en que la ciudad hubo de esperar para rendir culto a la Virgen de la Victoria.
La fiesta fue en realidad como la de años anteriores y casi igual que serían las de los siguientes: novena en San Martín a las cinco de la tarde; rezo del rosario y canto de la Salve-himno a la patrona con la banda municipal en la noche del sábado; acto cívico-religioso el domingo de la fiesta, a las nueve de la mañana, con asistencia de la Corporación municipal e invitados al acto. “A la terminación de la fiesta hubo en el templo vivas para la Virgen y Corporación municipal”, dicen las crónicas de La Opinión.
Se cerraron los actos religiosos el domingo por la tarde, a las cuatro, con el canto de Completas y procesión con la imagen pequeña que se guardaba en San Martín por los alrededores de la Plaza Mayor.
Los invitados al acto religioso fueron ese año agasajados, como era tradición, en el Ayuntamiento, cuyo alcalde, don Antonio Nevado Bejarano, invitó a café y cigarro (ya por la tarde y en el Círculo de la Amistad) a los jóvenes músicos de la Banda municipal. Dos conciertos ofreció ese año su director, el señor Durán, para deleite de los trujillanos: la tarde del sábado, de 7 a 9  y la mañana del domingo, a partir de las 11 y media.
¿Qué tuvieron entonces de especiales?. Pues que ese domingo, mientras que en San Martín el joven sacristán-organista de la parroquia, Sebastián Díaz Quiles, dirigía la capilla de música y don Antonio Orozco Campomanes, capellán de las Jerónimas y párroco de la Magdalena, pronunciaba un “elocuente discurso histórico enalteciendo la fé de nuestros mayores hacia la Virgen”, en la iglesia del cercano convento de Santa Clara, su capellán don Juan Tena enaltecía “con escogida oratoria” las glorias de María Inmaculada.
Porque no fue en octubre, ni tampoco en noviembre, cuando los trujillanos pudieron ese año celebrar a su patrona y su fiesta, una celebración que a punto estuvo de no celebrarse.
Fue el año 1918, como cuenta el arca, el de la “grippe”, una historia que el arca sacará en otro momento.
Hasta el mes de septiembre nada fue diferente a otros años, aunque las noticias de la epidemia ya circulaban por el país desde mayo. En la feria de ganado de septiembre hubo novillada, cine y música en la plaza y bailes en el Liceo y el Casino, pero las clases en las escuelas de la ciudad no se iniciaron en octubre.
Subida de la Virgen de la Victoria al castillo. 18/10/1953. Foto Caldera
El día 8 de octubre, mes en el debían celebrarse las fiestas patronales, la corporación trujillana tomó las medidas que la situación aconsejaba, intentando reducir al máximo las concentraciones de personas que pudieran favorecer el contagio. Así, no solo decidió suspender los mercados semanales de los jueves y los domingos sino además ordenar la desinfección de “todos los locales donde haya aglomeración de público, incluso los templos, de acuerdo con el clero”. Debía solicitarse a los párrocos “que mientras dure el estado sanitario actual, procuren reducir las funciones del culto á los extrictamente indispensables, para evitar la aglomeración de público en los templos”. Y claro, festejar a la Patrona supondría un riesgo que Trujillo no podía permitir, pero esperaron hasta el día 20 para retrasar las fiestas.
Ya acabando noviembre, reiniciadas las clases y alejado el peligro, el ayuntamiento atendió al informe de la Junta de Sanidad, que consideró que, pese a los casos aún existentes, el peligro de una “reinvasión epidémica” era pequeño.
Quizás el temor de los fieles a la gripe hiciera que la asistencia a los actos religiosos no fuera la acostumbrada, pero, aunque tarde, en 1918 los trujillanos celebraron un año más –en esa ocasión en diciembre- las fiestas de su Virgen de la Victoria.


1918, octubre 20. Trujillo.
Fiestas religiosas. Después de ligera discusión, se acuerda autorizar á la Presidencia, para que se ponga de acuerdo con el Sr. Arcipreste, sobre la fecha en que haya de celebrarse la fiesta que anualmente se celebra en honor de Nuestra Excelsa Patrona la Santísima Virgen de la Victoria, después que haya desaparecido la epidemia de la grippe.

1918, noviembre 26. Trujillo.
Fiestas religiosas. Se autoriza al Sr. Alcalde, para que se ponga de acuerdo con el Sr. Arcipreste, para  que se celebre la fiesta de la Santísima Virgen de la Victoria el día 8 de Diciembre próximo.

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 1523, 1. Tomo II, fols. 9v. y 20)

15 de agosto de 2019

La prensa en el arca


La prensa escrita, la que hoy desaparece vertiginosamente y se recrea en otros soportes tecnológicos, en otro tiempo constituyó la ventana por la que asomarse a la vida diaria de una sociedad. En esa prensa, los grandes acontecimientos, próximos o lejanos, se daban la mano con hechos cotidianos, pegados a la ciudad o la tierra, que permitían sentir el latido de las ciudades y los pueblos.
Aquella prensa escrita constituye realmente un diario -en cuyas páginas se fue colando paulatinamente la imagen- con un maravilloso y fantástico zoom espacial y temático. En ocasiones el angular del periódico se amplía y comenta, aunque sea en una pequeña noticia, un gran acontecimiento allende los mares; en otras, el zoom nos acerca a lo que ocurre en una calle, a lo que se vende o compra, la vida y la convivencia.
El investigador, el historiador, el interesado o curioso por el acontecer de una sociedad tiene en la prensa una magnífica apoyatura para su labor. No solo es la editorial de fondo o el artículo de un afamado columnista lo que es útil, es también  la fotografía o la noticia curiosa sobre calles o sus nombres, es la publicidad que recoge la vida comercial y emprendedora, el tipo de productos o de mensajes que se lanzan, es la información que esquelas o natalicios nos proporcionan sobre muerte y vida... Todo ello va conformando un puzle que acompaña, ilustra e incluso explica, o ayuda a entender, otros documentos o los acontecimientos que en ocasiones sin la prensa pueden parecer que casi no tienen vida.
Una imagen del fotógrafo Diéguez ilustraba la página 47 del diario ABC de Sevilla del día 8 de diciembre de 1934. Apenas dos líneas aparecen como pie de la imagen informando de su contenido: “TRUJILLO (CACERES).- Distinguidos elementos de la localidad han celebrado una velada teatral para destinar su producto a la suscripción nacional en favor de la fuerza pública. He aquí a los intérpretes del juguete cómico, de Muñoz Seca y López Núñez,  «El Rayo»”.

ABC. Sevilla. 8/12/1934. FOTO DIÉGUEZ

 ¿Podría el arca ampliar la noticia?. Prácticamente nada nos dicen los Libros de actas pero, como siempre, el arca nos abre una nueva ventana a la ciudad. Y lo hace con una documentación reciente que habla de información y comunicación. Es esa prensa amarillenta que en ocasiones algunas personas atesoran en casa -porque tuvieron interés en guardarla como colección o en números sueltos por acontecimientos o noticia familiares- la que permite esas búsquedas añadidas. Es la generosidad de quienes entregaron y entregan al viejo arca del concejo esa prensa, o autorizan su digitalización. Comparten así sus pequeños tesoros y nos permiten, ahora y en el futuro, conocer también a través de ella cómo latía la ciudad.
            La Opinión, cabecera de larga trayectoria en Trujillo, anunciaba el jueves 22 de noviembre de 1934, en su primera página, el anuncio de la función.


            Una semana después, el jueves 29, UN ESPECTADOR firmaba la crónica del espectáculo teatral:


1934, 29 noviembre 1934. Trujillo
DE TEATRO
LA FUNCIÓN DEL DÍA 24
Se celebró el día 24 la función teatral a beneficio de la Función Pública. Grato recuerdo deja, porque fué un éxito rotundo su organización, sus preliminares y su representación en aquella noche. Desde dos días antes estaban agotadas las localidades y era cosa curiosa los ruegos, las súplicas y hasta las influencias que se ponían en juego para lograr una butaca o una entrada de anfiteatro. Se revendieron varias entradas de paraíso y por las de anfiteatro, que valían dos pesetas, se pagaron a sus poseedores hasta siete pesetas. Varias circunstancias concurrieron a la expectación que hubo. De una parte, el fin de la recaudación, y de la otra, las personas que intervenían en la representación, muy conocidas y apreciadas en la localidad. También contribuyó al triunfo la obra puesta en escena, que es de las más graciosas de Muñoz Seca.
Los improvisados artistas rayaron a gran altura y fué objeto de grandes y repetidos elogios la propiedad con que se presentaron en escena, la desenvoltura en la acción y la perfección con que desarrollaron sus respectivos papeles. (...)
Contribuyeron al gran éxito obtenido, don Luis Pérez Aloe Mediavilla, que fué el apuntador, y don Ángel Bazaga Medina que actuó de traspunte. (....).

(Archivo Municipal de Trujillo. Hemeroteca de prensa histórica digitalizada. La Opinión. Semanario Independiente. 29/11/1934)
           
            Y si, según la crítica local, la función fue todo un éxito desde el punto de vista artístico, La Opinión completaba la información con el balance económico de la iniciativa de los aficionados trujillanos.