18 de marzo de 2022

Y el tren pasó de largo

     Hace 110 años, España seguía noqueada por el fin del imperio colonial ultramarino y se veía de nuevo inmersa en otra ilógica guerra en el norte de África.
    Trujillo había ido perdiendo su rico patrimonio de pueblos y dehesas en siglos anteriores, rematando sus pérdidas en los sucesivos procesos desamortizadores. 
    El final del siglo anterior, el XIX, había traído el agua corriente a la ciudad y el nuevo siglo vio la puesta en marcha de la primera línea de autobuses de España, la que acercaba a Trujillo y Cáceres. Pero ambas ciudades seguían estando en un territorio interior de frontera y fondo de saco también económico al huirle las industrias y contar tan solo con referentes agrarios y algo de minería. 
    Una sociedad conservadora en un territorio marginal y marginado que, de pronto, sintió que el tren, de nuevo, llamaba a su puerta. Porque una y otra y otra vez pasó el tren de largo. O mejor sería decir que una y otra y otra vez  no llegó a pasar. Y todo pese a que Trujillo lo buscó con ansia, cifrando su futuro en que el monstruo de hierro se acercase a la ciudad, trajese viajeros y desarrollo, asegurase la salida de granos y ganados de la comarca y crecieran las oportunidades que podían brindar los yacimientos mineros de fosfatos situados a oriente (Logrosán) y occidente (Cáceres).
    Hace 110 años pareció que, por fin, el deseo tantas otras veces frustrado se convertiría en realidad.
    Poner en comunicación por tren las ciudades de Cáceres y Trujillo y la conexión con Logrosán y sus minas había sido el objetivo de los proyectos que presentaron a la Dirección General de Obras Agrimiro Blay y Lacasa en 1887 y Eduardo H. Neville y Riddlesdale en 1902. Ambos, tranvías a vapor, pretendían aprovechar como plataforma las carreteras existentes pero ninguno de ellos prosperó. 
   El militar Francisco Fernández Llanos será el siguiente en conseguir la autorización para llevar a cabo, en dos años, los estudios que permitieran la creación de un “tranvía eléctrico” desde Cáceres a Logrosán, con ramal a Trujillo.
   Sancionados por ley ambos trayectos (Cáceres-Trujillo y Trujillo-Logrosán) en la Ley de Ferrocarriles Secundarios y Estratégicos de 1908, se abría ahora la puerta al apoyo estatal y Trujillo no quiso perder de nuevo el tren.
    Tres serán los proyectos que compiten para acogerse a la Ley de 1908:
    El ya mencionado de Francisco Fernández Llanos, que marca un trayecto bastante al sur del trazado de la carretera Cáceres-Trujillo (pasando por Torreorgaz, Torremocha, Salvatierra, Santa Ana e Ibahernando) con un marcado interés en la salida de fosfatos de Logrosán. Así, tres kilómetros y medio después de la estación de Ibahernando, 14 kilómetros antes de llegar a Trujillo, la línea continúa en dirección a Santa Cruz y Zorita, alejándose del ramal que desde aquel punto enlazaría esta línea con la ciudad de Trujillo.
   Un segundo proyecto, que cubriría únicamente el trayecto Cáceres-Trujillo, es presentado al Ministerio por los políticos Tirso Rodrigáñez Sagasta (ex-ministro de Hacienda, cartera que volvería a ocupar en 1911), Antonio Pérez Aloe Silva y Fernando Weyler Santacana. En su recorrido, seguiría el trayecto de la carretera que une ambas localidades, sobre la cual se asentaría.
    Un tercer proyecto candidato a obtener la aprobación ministerial retoma el realizado desde la propia ciudad de Trujillo en 1890 (firmado entonces por el ingeniero Rafael Monares e Insa y reformado y puesto ahora en condiciones legales de ser admitido a concurso por el ingeniero Narciso Amigó, autor del proyecto de ferrocarril de Logrosán a Chinchón) y que ahora, convertida su Comisión Gestora en una Sociedad colectiva bajo la razón social “Cortés, Guillén y Compañía”, pretendía ser elegido (en los dos trayectos) para su realización. También en este tercer candidato se quería dar servicio a otras localidades acercando al sur ambos trayectos.
Folleto informativo de la Sociedad "Cortés, Guillen y Compañía". 1909
    Aceptados todos los proyectos para su estudio, se inició entonces un proceso de información pública, dictámenes de diferentes instituciones y, en definitiva, una carrera para conseguir apoyos económicos y sociales además de obtener una valoración positiva desde el punto de vista técnico y de viabilidad económica por parte de los ingenieros del Ministerio.
    Era la oportunidad de Trujillo y había que aprovecharla. El empuje, la ilusión y las expectativas parecían alimentar aquella locomotora que se quería oír rugir y lanzar vapor por los llanos de Cáceres y sobre el berrocal.    La Sociedad “Cortés, Guillén y Compañía”, que contaba con el apoyo del ayuntamiento y de la sociedad trujillana, desplegó todas sus influencias para obtener las mejores valoraciones. El propio ayuntamiento de Trujillo y los de Zorita, Cañamero, Alcollarín, Campolugar, Madroñera, Conquista, Logrosán y Herguijuela informaron a favor de sus proyectos, que fue igualmente seleccionado por la Diputación Provincial (defendido por los diputados Emilio Herreros Esteban, Luis Grande Baudesson y Manuel Martínez Cuadrado).
Integrantes de la Sociedad "Cortés, Guillén y Compañía"












            También el informe del ingeniero jefe de la tercera división técnica y administrativa del Ministerio de Fomento, Eduardo Lostau, situaba los proyectos de la propuesta trujillana en clara ventaja, aunque con deficiencias que deberían subsanarse antes de la aprobación por la administración.
    Cada pequeño triunfo en el proceso era aplaudido por la sociedad trujillana, el ayuntamiento, el Círculo de la Amistad, el Centro Obrero, el Casino, el comercio... todos convencidos de la trascendencia de lo que iba a ocurrir.
    Y esta vez ocurrió. Aunque se retrasó hasta 1911 y hubo que realizar las reformas exigidas, finalmente se eligió el proyecto por el que Trujillo luchaba. 
   Un recorrido de casi 120 kilómetros por una vía de un metro de ancho que arrancaría de Cáceres con estaciones en Torreorgaz, Torrequemada, Torremocha, Botija-Ruanes, La Cumbre, Trujillo, Santa Cruz-Conquista, Zorita , finca “El Guijuelo” y Logrosán (a 1 km de la población y paralela a la carretera de Logrosán a Guadalupe, cerca de las minas de fosfatos). Con 8 locomotoras de sistema “Compound”, el futuro ferrocarril uniría Cáceres, Trujillo y Logrosán a la velocidad ordinaria de 30 km por hora. Cinco puentes salvarían los ríos Tamuja, Gibranzo, Magasca (2) y Logrosanejo y a lo largo del trayecto se construirían 34 pasos a nivel (3 sobre carreteras y los restantes en otros caminos) y un total de 41 casetas de guardas.
La Opinión. 28 de enero 1912
  En noviembre se fijaron las fechas para la subasta de ambas obras a las que podrían ejercer el derecho de tanteo la Sociedad peticionaria “Cortés, Guillén y Compañía”, sustituida poco antes de la fecha señalada por la Sociedad “Maurel y Palacios” a la que se cedieron todos los derechos de construcción.
    Sin licitadores en la subasta, la nueva Sociedad obtendrá la adjudicación de los nuevos ferrocarriles y la noticia llega rápido a Trujillo:
“Madrid 27-14.
ECO DE TRUJILLO.
Celebrada subasta ferrocarril Cáceres-Trujillo. Adjudicada concesión Sociedad Palacios-Morel. Coronados trabajos con tan feliz éxito para Comarca tenemos gusto comunicar tan grata noticia.
Comisión”  (El Eco de Trujillo, 2/12/1911)
     La alegría se extiende en toda la ciudad. Repique de campanas y cohetes, una banda de música que recorría las calles. Por la noche, los portales de la plaza estuvieron llenos de gente como en las grandes festividades. Una Comisión del Comercio acordó el 28 de noviembre pedir que, en unión del ayuntamiento, la población saliera a esperar a la Comisión Gestora que había velado en Madrid por el éxito de la empresa y que llegaría en la tarde del día siguiente. 
    Luis Pérez Aloe Mediavilla, Enrique Cortés Pérez y Manuel Pérez Aloe Silva, integrantes de la Comisión, fueron recibidos con música por las comisiones de los Círculos, del comercio, de los gremios con banderas y estandartes, el ayuntamiento, el clero... Discursos y banquete en el Círculo de la Amistad. 
    Una fiesta que se volvería a repetir dos meses después. Y esta vez a lo grande, porque la ocasión lo merecía. Todo se ponía en marcha y por fin el sueño se convertiría en realidad. 
   Ya habían llegado a Trujillo quienes se encargarían de las obras del ferrocarril, los ingenieros León Girard y Abel Mancy, esperándose para febrero la llegada de Nicanor Arias, Billièz, Weibel y Bayant.
    El domingo 28 de enero de 1912 nadie faltó en Trujillo y aunque el propio Ministro de Fomento no pudo asistir, se celebraría por todo lo alto el inicio de las obras de los nuevos ferrocarriles. Cáceres mandó su banda de música que inició el día con diana floreada y que tocaría por la tarde en la plaza, se adornaron fachadas, balcones y escaparates, hubo bailes en casinos y sociedades, iluminación y fuegos artificiales, un banquete en los salones del Círculo de la Amistad servido por Francisco Fernández... 
    Se invitó a la prensa regional, a los alcaldes de la comarca, a las autoridades y políticos provinciales, a la empresa concesionaria (ahora integrada en la Sociedad Anónima “Compañía de los ferrocarriles secundarios de Extremadura”), al obispo, a todos los trujillanos. Todos acudieron esa mañana al campo de San Juan para acompañar al Director General de Obras Públicas del Ministerio de Fomento, Luis de Armiñán.
    A las once y media, con un día espléndido se puso en marcha la comitiva:
Foto Diéguez. Comitiva hacia el acto. "Mundo Gráfico". 2/3/1912 
“Precedidos de un piquete de la guardia civil, á caballo, entre maceros iban presidiendo el acto los señores Armiñán, Jarrín y Pérez Aloe (L), siguiéndoles los demás invitados y un numeroso gentío, en medio de un fuego graneado de bombas y cohetes, que formaban con los gritos de júbilo del pueblo y los acordes de la música un conjunto enloquecedor.” (El Noticiero. 29/1/1912)
    En el Campo de San Juan, dos arcos de entrada con artísticas dedicatorias, adornos y gallardetes esperaban a la comitiva. Trujillanos e invitados se juntaron allí para ver cómo el obispo de Plasencia, Francisco Jarrín y Moro, revestido de capa pluvial y ayudado por los sacerdotes José Pulido y Ramón Cancho, bendecía los terrenos donde pronto habría de construirse la estación del ferrocarril, “...en el espacioso campo de San Juan, dando su frente hacia la carretera de Badajoz y á poco más de cien metros de las últimas casas del barrio de las Cruces...”. (La Opinión. 28/1/1912) 
    Tras la inauguración oficial en nombre del Rey y del Ministro de Fomento por el Director General, éste inició los trabajos con una piqueta junto a varios trujillanos, ingenieros y obreros de la compañía.

Foto Diéguez. El Director de Obras Públicas, Luis de Armiñán, dirigiendo la palabra al público. "Nuevo Mundo". 8/2/1912.


    Discursos, aplausos, emoción y recuerdo del alcalde para los trujillanos que luchaban al otro lado del Estrecho:
“¡Que llegue á ellos –exclama el Sr. Aloe- mi entusiasta y cariñoso saludo y que los veamos pronto empuñando las honradas herramientas del trabajo!”. (El Tiempo. 29/1/1912).
    El arca guarda celosamente el acta notarial que da fe de aquel emocionante acto.

1912, enero 28. Trujillo
Acta para hacer constar la inauguración de los ferro-carriles de Cáceres a Trujillo y Trujillo a Logrosán, a requerimiento del Alcalde Presidente del Excmo. Ayuntamiento de esta población, Don Luis Pérez Mediavilla.
Número veintiocho
En la ciudad de Trujillo a veintiocho de enero de mil novecientos doce. Ante mi, don Manuel Eladio Ferrer y Pérez, Abogado Notario del Ilustre Colegio de Cáceres, con residencia y vecindad en esta población, ha comparecido
Don Luis Pérez Aloe Mediavilla, mayor de edad, soltero, propietario y Abogado, vecino de esta ciudad, provisto de cédula personal de octava clase expedida por el Recaudador de tal impuesto, Sor. Artaloytia, en tal población, el treinta de mayo último con el número sesenta.
Dicho señor, a quien doy fe de conocer, comparece en concepto de Alcalde Presidente del Excmo. Ayuntamiento de esta ciudad y me requiere para que haga constar en la presente acta el hecho de la inauguración de los trabajos de construcción de los ferro-carriles de Cáceres a Trujillo y de Trujillo a Logrosán.
En virtud de dicho requerimiento, me constituí en el Campo de San Juan, sitio designado para la inauguración (de los trabajos o) á donde concurrieron los Ilustrísimos señores Obispo de Plasencia, Director General de Obras públicas, Gobernador interino de esta provincia, el Excmo. Ayuntamiento de esta ciudad, la representación de los concesionarios “Compañía de Ferro-carriles secundarios de Extremadura” representación de la constructora “Sociedad general de cementos Porland de Sestao”; sociedad “Cortés, Guillén y Compañía”, Diputados y ex-Diputados a Cortes, Senadores y ex-senadores, Diputados y ex-Diputados provinciales, ingenieros de la división de ferro-carriles y de Obras públicas de la provincia, Comisario Regio de Fomento, Alcaldes de los pueblos interesados en la línea, representaciones de la magistratura, del clero, de la milicia, de la prensa, del comercio, de la Industria y numeroso público. Después de elocuentes discursos pronunciados por el Sr. Alcalde de esta ciudad y por el Ilmo. Sr. Director General de Obras Públicas, éste en nombre de S.M. el Rey, declaró inauguradas dichas obras con la bendición del Ilustrísimo Señor Obispo de esta Diócesis.
Terminado el acto se redactó el presente documento que autorizan con sus firmas varias de las personas concurrentes al mismo después de leída este acta, extendida en el presente pliego de clase undécima número un millón novecientos noventa y un mil setecientos cincuenta y ocho, de todo lo cual doy fe y lo signo, firmo y rubrico. = Entre paréntesis =de los trabajos= no vale. Entre líneas = mil setecientos cincuenta y ocho= vale.
+ Francisco, Obispo de Plasencia
de Armiñán. Director General de Obras Públicas
Emilio Herreros. Gobernador civil
Luis Pérez Aloe. Alcalde
Enrique Gadea. Presidente del Consejo de Obras Públicas 
Barón Paulin Ruelle
Jose Herrero. Viceresidente del Cº de Administración de la Compañía
Manuel Pérez Aloe. Ex Diputado a Cortes
G. Detrés. Consejero de la Compañía del ferro-carril de Extremadura
Castor R. del Valle. Ingeniero encargado
Consejero de la Compañía. Nicolás  Palacios
G. Maurel Presidente de la Societé des Ciments de Sestao  
Cortés Guillén & Cº. El Gerente E. Cortés
Manuel Grande. Ex-Senador
Siguen las firmas....
El Diputado a Cortes por Navalmoral. José Rosado
Senador. Juan Muñoz Chaves
Ex-diputado a Cortes. Andrés Castellano
Ex-Senador. Miguel Muñoz Mayoralgo
Senador. Eloy Sánchez de la Rosa
Marqués de la Liseda
Alfonso Higuero
Agapito Artaloytia
José García Guadiana
Juan Sánchez Mora
Francisco Martín
Francisco Chamorro Carrasco ex-diputado provincial
José García de la Cruz concejal del ayuntamiento
Alfredo Mateos. Ingeniero Jefe de Obras Públicas
Rafael Fernández Shaw. Ingeniero de Caminos de Trujillo
José Díaz Pulido. Arcipreste
Antonio Bulnes Duque. Ex vicepresidente de la Diputación Provincial. 
Ramón Cancho capellán
Fernando Cancho Ordóñez. Teniente alcalde
José Núñez Secos
Manuel Artaloytia
Joaquín Mediavilla
Lucas Sánchez 
S. Sacristán 
José López Munera Arquitecto Municipal
Francisco Roldán Curado
El alcalde de Montánchez. Germán Dueñas
Teodoro Dueñas. Diputado Provincial
Filiberto de Iñiguez. Diputado Provincial
Francisco Canillas C. de Vaca 
Alcalde de Logrosán. Eduardo Calles Bustamante
Manuel Calle 
Manuel Esteve. Comandante 
Filiberto Calvillo. Médico Forense
Enrique Colas. Secretario del Consejo de Administración
Hilario Grajera Sánchez. Capitán de la Guardia Civil
Manuel Castillo, Director del Instituto
Constantino Solís 
Antonio Pérez Aloe Mediavilla
Juan V. Ávila
Ex-Diputado a Cortes. Rafael Durán
por la Cámara Agrícola. Manuel Montenegro
Ex Presidente de la Diputación. Luis Grande Baudesson
Alcalde de Zorita. Juan Cerezo
Comercio. Prudencio Gómez
Valeriano Nogales
Jacinto Mateos
El ingeniero Jefe de la constructora J. Barés
José Mateos Parejo
Juan Jiménez
Comercio Ramón Blasco
Comercio Antonio Sanz
Serafín Mena Fernández
Lorenzo Pico. Secretario Ayuntamiento
Manuel Eladio Ferrer
 firma y signo
(Archivo Municipal de Trujillo. Protocolos de Manuel Eladio Ferrer. 1912. Fols. 189-192)

    Acabado todo, parecieron estar convencidos los trujillanos de que el tiempo presente –el de entonces, duro y difícil- cambiaría, que el futuro sería diferente. Aunque el tiempo pasó y quizás algunos pensaron que todo había sido un sueño, un maravilloso sueño que se desvaneció al despertar. 
    Apenas unas casetas de aperos, algunos –pocos- movimientos de tierras y luego... el olvido.     
    Problemas económicos para conseguir los capitales necesarios para las obras, una Guerra Mundial que vino a marcar otras necesidades, todo pareció aliarse para volver a frustrar el deseo de Trujillo de montarse en tren. Durante los años siguientes se elevaron peticiones de la ciudad ante quien quisiera oírla, reclamaciones para que marchase una obra que podría mejorar la angustiosa escasez de trabajo en la comarca. Nada sirvió para poner en marcha un proyecto que habría cambiado radicalmente la ciudad y la vida de sus habitantes. 

30 de enero de 2022

La capilla y el capellán

    El salario del capellán del ayuntamiento siempre fue tema de discusión entre los miembros del cabildo. Incluso el corregidor Alonso de Cartagena decidió, en 1508, que tal gasto se suprimiese y que la ciudad no diera de sus propios los 2.500 maravedís que entonces tenía de salario. El concejo de la ciudad reclamó ante la reina Juana lo que consideraba agravio y daño a la ciudad, “porque aquello se dava de mucho tienpo a esta parte e hera serviçio de Dios”. Doña Juana, “con el rey mi señor e padre consultado”, aceptó la demanda de Trujillo y dejó sin efecto el mandato de su corregidor.
    Por supuesto que al propio capellán las cantidades fijadas por el concejo para recompensar su trabajo le parecieron siempre escasas mientras que algunos de los regidores con frecuencia consideraron excesivo su sueldo. 
Antiguas Casas Consistoriales
    Elegido por los regidores al iniciarse cada nuevo mandato, el trabajo del capellán fue, desde antiguo, decir misa dos veces en semana, siempre antes de iniciarse las reuniones del ayuntamiento. Quizás pensaron que tras participar en la misa y la oración los regidores acudirían más sosegados a discutir los temas que en cada ayuntamiento se planteasen, pero ya hemos visto que los enfrentamientos entre ellos estuvieron presentes más de una vez y que algún corregidor hubo de prohibir que las armas entrasen en la sala del concejo.
    El incremento del salario del capellán se trata en las actas municipales por primera vez en 1518. Ha de cobrar más porque algo ha cambiado. Hasta entonces, la misa previa a la reunión del concejo se celebraba en la cercana iglesia de Santiago, acudiesen o no los regidores, “de manera que por los aguardar, él no se ocupava nada”. Pero la construcción de una capilla en las casas consistoriales de la plaza cambiará su trabajo.
    En 1518 la capilla estaba lista y el concejo, con el corregidor Bernaldo del Nero, toman las decisiones necesarias para su ornato. El retablo se encomienda al entallador Alonso Casco (pintado y dorado por el pintor Alonso Gallego en 1520) y en junio se inicia la compra de ornamentos y objetos litúrgicos.
“Este dicho día los dichos señores dixeron que viendo la nobleza desta çibdad e la renta della y las personas que resyden en el ayuntamiento della, que mandavan e mandaron que se conpren dos paños de tapizes para adornar la sala del ayuntamiento donde los señores justiçia e regidores se ayuntan y ansy mismo que se conpre para la capilla en que digan misa en el ayuntamiento todo lo neçesario para ella con su cáliz de plata e dorado e con sus anpollas e cruz de plata y una ymajen de Nuestra Señora y que para que esto se haga mejor que lo cometían e cometieron al dicho señor corregidor y que el tapiz sea de a dozientos e çinquenta mrs. el uno diez más o menos”.
    Apenas unos meses después, en la sesión del concejo del 8 de noviembre, se recoge el inventario de lo ya adquirido por la ciudad

1518, noviembre 8. Trujillo
 Cosas de la capilla de la çibdad.
Un cáliz de plata, la copa de dentro dorada y su paz
Unas vinageras de plata
Una ara con sus corporales
Una vestimenta de damasco blanco con todo su hornamento en todo guarneçido de raso carmesy
Un frontal de lo mismo
Unos manteles limaniscos 
Una almohadilla de raso falso
(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 13, fol. 124)

    Las compras para la capilla seguirán en los años siguientes completando su ornamentación
“El capellán pide por merçed  a vuestra merçed manden proveer en que se traya un dosel para ençima del altar que sea de lo que mejor les paresçiere. Los dichos señores mandaron que se hable con un mercader que traya el dicho dosel e una ymajen e una alfonbra pequeña para la mesa del ayuntamiento”. (3/9/1519)
“El capellán suplica a vuestras merçedes manden hazer una cruz de plata para dezir misa y para tomar el juramento en los días de las eleçiones. Que se manda hazer de un marco de plata y que se remite al señor teniente que hable con el platero”. (8/3/1520)
Sala alta del concejo, hoy sala de vistas de los Juzgados

    Unos años más tarde, en 1538, a esta capilla situada en la sala alta del ayuntamiento (y hoy , se añadirá el altar construido en la sala baja de la alhóndiga, a donde se trasladan los ayuntamientos en los calurosos veranos trujillanos:
“Este día, los dichos señores mandaron que el mayordomo haga un altar en lo baxo del alhóndiga de madera muy bien hecho que se pueda cojer para donde digan misa en el verano”. (12/7/1538)
    El clérigo Diego Carrasco es el capellán que está al servicio de la ciudad en ese año de 1518 en que todo se dispone para contar con capilla en las casas consistoriales. Ya no ha de celebrar las misas que preceden a los ayuntamientos en la parroquia de Santiago sino en la capilla de la sala alta. Y aquí está el problema y su reclamación. 
    En la iglesia de Santiago no había de esperar a la justicia y regimiento ya que la misa se celebraba “quier fuesen a ella los regidores o no”, pero la situación había cambiado porque “agora, como la dize en las casas del ayuntamiento, ocúpase mucho porque acahesçe estar una ora o más revestido esperando que se junten la justiçia e regidores” y aunque ya había recibido un aumento en su salario hasta los 3.000 mrs., “a él se le haze poco”, considerando que su trabajo merecía un mayor incremento. 
    No debió surtir efecto la petición porque el salario se mantuvo fijo en esa cantidad al menos otros 20 años y siempre siguió estando sujeto al criterio y voluntad de los regidores. 

1 de noviembre de 2021

Los escudos de don Rodrigo

     Rodrigo de Orellana y Toledo heredó de sus padres, Pedro Suárez de Toledo y Orellana y Juana de Aragón Piccolomini, el mayorazgo por ellos instituido y las casas principales que sus padres construyeron en la plaza mayor de Trujillo, en el portal del Pan. En ella, los escudos paternos y maternos dan cuenta de su estirpe. También recibió de su padre, por traspaso, el oficio de regidor que éste había ejercido desde 1550 y del que comenzó a disfrutar en diciembre de 1578. Desde ese momento, Rodrigo de Orellana se convirtió en uno de los principales caballeros del ayuntamiento de la ciudad y, junto a Álvaro Pizarro, fue elegido en abril de 1580 capitán de la gente de a caballo que Trujillo había de enviar a Portugal en apoyo a la entrada en el reino luso de Felipe II.
    Ante la partida y quizás pensando en los peligros futuros, Rodrigo ordenó sus asuntos terrenales y espirituales porque, como señalaría su padre apenas dos meses después y poco antes de morir, “uno de los prinçipales aparejos que los mortales deven hazer es ordenar sus ánimas con reposo en tienpo de sanidad, porque las enfermedades turban mucho la memoria”. 

1580, julio 13. Trujillo

En el nombre de Dios, amén. Sepan quantos esta carta vieren cómo yo, don Rodrigo de Orellana Toledo, veçino de la çiudad de Trugillo, hijo de Pedro Suárez de Toledo, mi señor, difunto, digo que por mandado del rey don rey don Phelipe, nuestro señor, estoy de partida para yr a servir a la guerra de Portugal con una compañía de cavallos jinetes y porque no sé lo que Dios nuestro señor será servido de hazer de mí en la dicha jornada, siendo como la muerte es tan çierta a toda pura criatura, mayormente en la guerra, y la ora y venida della tan ynçierta y tan dubdosa, deseando cumplir con lo que soy obligado e para que aya claridad en mis cosas....

(Archivo Municipal de Trujillo. Protocolos de Pedro de Carmona. 1580. Fol. 172r.)

    Su testamento fue corto. Misas por su ánima, la de sus padres y su único hermano varón, ya fallecido, Álvaro Pizarro. Tenía entonces tres hijos, Pedro, Sancho y Francisco, a quienes dejaba bajo la tutela de su esposa, Leonor de Sotomayor, a quien nombraba su albacea junto a Sancho de Carvajal y Martín de Meneses. 
          En cuanto a su enterramiento, si muriese en la guerra y su cuerpo pudiera ser traído a Trujillo, ordenaba que fuera sepultado “en la iglesia de San Martín desta dicha çiudad, en el entierro que allí tengo donde mis padres están enterrados”. En él acababa de dar sepultura a su padre, Pedro Suárez de Toledo, y allí descansaban también su madre y su hermana Mariana de Aragón, a la que pronto se uniría su esposo, Gregorio de Orellana. 
    Hoy, las armas de los Orellana Toledo rematan la capilla de las Ánimas, quizás el enterramiento al que se referían Rodrigo de Orellana y su padre en sus testamentos. Sin embargo, Rodrigo había iniciado ya la construcción de su propia sepultura, cercana a los suyos pero en un lugar aún más preeminente de la parroquia de la que era feligrés, San Martín.
Altar del cardenal Cervantes de Gaete
    El contrato para su construcción se firmó unos meses antes, en noviembre de 1579, ante el escribano Pedro de Carmona. La traza estaba ya concertada y había de ajustarse al sepulcro ya construido frente a este nuevo enterramiento, el altar realizado por el cardenal Gaspar Cervantes de Gaete para acoger el cadáver de su madre. Así, la decisión de Rodrigo de Orellana otorga la simetría que hoy nos ofrece el presbiterio de la iglesia.
    El cantero escogido, Francisco Sánchez, había trabajado con otros importantes maestros, Francisco Becerra o Sancho de Cabrera, y sus obras en la ciudad acreditaban su oficio y valía. 
     Tres escudos “en lo alto del tablamento” habrían de adornar su sepulcro en el lado del evangelio “y otros dos escudos en su entierro”, permitiendo así la identificación y reconocimiento por todos de la presencia de la familia en el lugar principal del templo. Sin embargo, en la actualidad aquella disposición que ordenara Rodrigo de Orellana para presidir el lugar de su último descanso ha sido alterada en alguna de las remodelaciones que ha sufrido el templo. Su sepultura acoge el escudo que debió adornar el altar del cardenal Gaete, mientras que, frente a él y en el centro del arco donde habrían de encontrarse las armas de los Cervantes de Gaete hoy encontramos los blasones de Orellana y Toledo, presentes igualmente en el alfiz curvo que lo remata. 
 
Enterramiento Orellana-Toledo

   El capitán de los jinetes trujillanos, Rodrigo de Orellana y Toledo, no corrió ningún peligro en 1580. No pisaron sus tropas tierras portuguesas y su sepulcro hubo de esperar muchos años y un nuevo siglo para acoger su cuerpo, seguramente rodeado entonces por sus armas, sus escudos familiares, según recogió el contrato de su construcción. 

1579, noviembre 24. Trujillo

Transaçión del altar de Sant Martín entre don Rodrigo y Françisco Sánchez, cantero.

En la çiudad de Trugillo a veinte y quatro días del mes de novienbre del año del nasçimiento de nuestro Redentor Jesucristo de mil y quinientos y setenta y nueve en presençia de mi el escrivano público y testigos de yuso contenidos, pareçieron presentes de la una parte el señor don Rodrigo de Orellana Toledo y de la otra Françisco Sánchez, maestro de cantería, veçinos anbos de la dicha çiudad, y dixeron que son convenidos y conçertados en esta manera, que el dicho Françisco Sánchez se obliga de haçer y que hará un altar de cantería de la traça como está el altar del cardenal Gaete en la iglesia de Sant Martín desta dicha çiudad y a la mano derecha del altar mayor, del modelo y según una figura y modelo que el dicho señor don Rodrigo de Orellana tiene firmado de entranbos otorgantes, con tres escudos en lo alto del tablamento, de las armas que le fueren señaladas y otros dos escudos en su entierro como le fueren señalados, por la qual dicha obra el dicho señor don Rodrigo de Orellana le a de dar çient ducados pagados en esta manera, dozientos reales de aquí al día de Sant Andrés respecto como se fuere haziendo la obra y acabada se a de acabar de pagar. Y todo lo uno y lo otro con más las costas y daños que a qualquier de las partes se le recreçieren, para lo qual obligaron cada una parte por lo que le toca, obligando sus personas, bienes muebles y raízes avidos e por aver y a sus herederos y suçesores y dieron poder a qualesquier justiçias de Su Magestad  de qualesquier partes que sean deste reyno de Castilla para que por todo rigor y remedio del derecho los conpelan y apremien a cada uno por lo que es a su cargo al cumplimiento de todo lo sobre dicho como de sentençia difinitiva de juez conpetente por ellos consentida e pasada en cosa juzgada sobre que renunçian su fuero propio (...) e otorgaron la presente dos de un tenor, para cada parte una. Testigos que fueron presentes Lorenço Carrasco y Françisco de Pinal y Alonso Garçía Aojado, veçinos de Trugillo. Y los dichos otorgantes, que yo el presente escrivano conosco, lo firmaron de sus nonbres en esta manera.

                    Don Rodrigo de Orellana                        Françisco Sánchez

Sin derechos 
Pasó ante mi Pedro de Carmona.

(Archivo Municipal de Trujillo. Protocolos de Pedro de Carmona. 1580. Fol. 212r.)


23 de septiembre de 2021

Barriada obrera

    Antes de casarse, Antonio Alonso Suárez vivió con su madre Amalia en la calle de Las Cruces, en el 37, cerca de sus primos, los Toribio Suárez, con algunos de los cuales compartió oficio, el de aperador, heredado de su abuelo, el leonés Ignacio Suárez.
    Ya casado con Fidela Ramos Jiménez, su vivienda estaba en lo que entonces, 1930, se conocía como Barriada Obrera, en la calle que desde la plaza del Campillo, llamada en ese momento de Canalejas, llevaba hacia Plasencia. Pero todo pudo ser diferente porque no comenzó la historia así.
    Cuando estaba próximo a inaugurarse el colegio que doña Margarita de Iturralde regaló a los trujillanos, ya estaba en marcha en su mente un nuevo proyecto que venía a cubrir otra de las necesidades de los grupos más desprotegidos de Trujillo, la vivienda.
    En abril de 1923 la señora de Iturralde daba los primeros pasos para hacer realidad su nueva idea:

1923, abril 24. Trujillo

4º Se da cuenta de una instancia en que Doña Margarita de Iturralde solicita en venta los solares del antiguo Paseo de la Exposición que no fueron enajenados en las subastas celebradas en Enero y Febrero del año último, con el propósito de hacer una barriada de viviendas gratuitas para la clase obrera. Enterada la Corporación acuerda celebrar nueva subasta para la enajenación de referidos solares en conjunto, según pliego de condiciones que establecerá como tipo una peseta por metro cuadrado, y será previamente aprobado por el Ayuntamiento. 

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 1527, fol. 22v.)

    El lugar ocupado en su momento por la Exposición Regional, convertido después en un paseo y entonces parcelado y ofrecido en subasta a quienes deseasen construir en esta zona sus viviendas, parecía ser el sitio adecuado para el proyecto de doña Margarita, próximo además al colegio de Santiago y Santa Margarita a punto de inaugurarse.
    La Comisión encargada del homenaje popular que se pretendía rendir a la señora de Iturralde encontró trabas administrativas al deseo de situar en lugar público el conjunto escultórico que pretendía plasmar la gratitud del pueblo trujillano. El desencuentro con la Corporación municipal (o al menos con parte de ella) obligó a inaugurarlo en el atrio de la iglesia del nuevo colegio e hizo que los planes cambiaran y que la barriada no se construyera en la zona proyectada.
    El administrador de doña Margarita, José García Martínez, señalará en la prensa local que el desencuentro con el ayuntamiento por la utilización del atrio supuso que no se acudiera a la subasta del suelo municipal, “entendiendo que debe construir dicha barriada en terrenos particulares, para contar con la mayor seguridad de evitarse posibles trabas, y tener la debida absoluta libertad” (La Opinión 21/6/1923).
Cuando comenzaba 1924, una nueva corporación municipal pareció tener una mayor sintonía con el proyecto presentado, ahora en terrenos propiedad de doña Margarita, accediendo a su proyecto y agradeciendo su labor

1924, enero 21. Trujillo

9º. Se da cuenta de una instancia en que Dª Margarita de Iturralde solicita de la Alcaldía permiso para la construcción de una barriada en terreno de su propiedad próximo a la carretera de Plasencia a Logrosán. Examinado el croquis que acompaña a dicha instancia, y teniendo en cuenta que las construcciones de referencia se adaptan a las alineaciones establecidas, se acuerda que no hay inconveniente alguno en que se conceda la autorización solicitada.
10º. Leída otra instancia en que la misma señora interesa la instalación de una fuente de vecindad para servicio de la barriada que proyecta, se acuerda, tras breve deliberación, acceder a ello y que en el presupuesto se consigne cantidad bastante para los gastos de referida instalación. Visto además que se trata de la construcción de viviendas gratuitas para obreros pobres, se resuelve testimoniar a la recurrente el agradecimiento de la Corporación, en nombre del pueblo que representa, por semejante obra benéfica digna del mayor aplauso.

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 1527, fol. 79v.)

    Con el terreno adquirido y la licencia obtenida, el día seis de mayo de 1924 se procedía a celebrar la colocación de la primera piedra de la nueva barriada trujillana: “Bajo un arco artístico pendía la piedra angular; frente a él se alzaba la tribuna presidencial, y a dos metros de la cimentación, el altar presidido por la cruz”. 
    De nuevo es la prensa local, el semanario La Opinión, la que nos trae el relato del acto y nos da a conocer el contenido del “pergamino artístico” que fue depositado junto a esa primera piedra, firmado por la propia Margarita de Iturralde, el prelado placentino, don Ángel Regueras López, la joven trujillana Pilar Cano Higuero, que protagonizó el acto, las autoridades de la localidad que constituyeron la comitiva oficial, el cronista Joaquín Ramos y por la Opinión su colaborador señor Parrilla:

1924, mayo 8. Trujillo

Fundó esta barriada obrera de Santiago y Santa Margarita la benemérita y caritativa señora doña Margarita de Iturralde, Viuda de Venera, fundadora del Colegio de igual nombre para educación de los niños y jóvenes de esta Ciudad.
Por voluntad de la bienhechora magnánima, el Patronato instituido a perpetuidad distribuirá estas dieciocho primeras casas por sorteo entre los vecinos pobres de intachable conducta moral, los cuales podrán adquirir la propiedad de sus viviendas a los veinte años mediante un pequeño canon, cuyo importe se destinará a la construcción de nuevas casas para ser distribuidas en la misma forma.
Después hubo un banquete a los asistentes.
En conmemoración de este día, en que bendijo la institución el Excmo. e Iltmo. Sr. Obispo de la Diócesis D. Ángel Regueras López, con asistencia de las autoridades locales, y colocó la primera piedra la distinguida señorita Pilar Cano Higuero, se firma este acta en Trujillo a seis de Mayo de mil novecientos veinticuatro. 

(Archivo Municipal de Trujillo. Hemeroteca de prensa histórica digitalizada. La Opinión. Semanario Independiente. 8/5/1924)

    Cinco años después, a comienzos de 1929, la barriada estaba lista para ser ocupada por quienes resultaran agraciados en el sorteo que estaba previsto, aunque el proceso tuvo una pequeña modificación. La señora de Iturralde traspasó la propiedad, como donación y regalo, a la Sociedad de Socorros Mutuos “La Protectora”. 
    Con cerca de 500 socios, “La Protectora”, creada en diciembre de 1910, tenía por objeto “socorrer a los socios durante enfermedades”, aunque también ayudaba a las familias de los artesanos y obreros fallecidos. Cinco pesetas de cuota de entrada y 1,25 pesetas al mes, daban derecho a recibir una aportación económica en las situaciones de enfermedad y fallecimiento de sus socios.
    De las 18 casas de planta baja, “bien orientadas y sólidamente construidas, todas iguales y formadas por un zaguán, cuatro habitaciones, una cocina, corral y dos habitaciones más en la parte posterior”, tres fueron reservadas para personal de la servidumbre de doña Margarita, otra para ser destinada a sede social de la Sociedad y las catorce restantes fueron sorteadas entre los socios que las solicitaron.
    Antonio Alonso Suárez fue uno de ellos y acudió, como otros muchísimos trujillanos, a la bendición de la nueva barriada que otro obispo de Plasencia, don Justo Rivas, realizó el 19 de marzo de 1929, día de San José. Desde la Central Eléctrica hasta la Plaza de Canalejas, la carretera de Plasencia se llenó de trujillanos que volvieron a agradecer con su presencia y aplauso la generosidad de doña Margarita.

Bendición de la Barriada obrera por el obispo de Plasencia, don Justo Rivas. 19 marzo 1929. Foto G. Guerra.

    Y llegó el momento del sorteo, en el teatro Gabriel y Galán: “Ocuparon el escenario la señora de Iturralde, que presidía, teniendo a su derecha al señor obispo de la Diócesis y al presidente de la Sociedad, y a su izquierda, al alcalde y comandante militar de la plaza, ocupando puestos alrededor de la presidencia, las demás autoridades, Junta directiva, sobrinos de la señora de Iturralde, doña Rosa Ledón y don Daniel Iturralde, y los oradores que habían de actuar” (Nuevo Día. 20/3/1929). 
    Tras escuchar a la banda municipal, tomó la palabra el “culto abogado y fogoso orador” don José Álvarez Imaz, encargado por la Sociedad para dar las gracias por la maravillosa donación que recibirían catorce agraciados por la suerte. El niño Ramón Guerrero sacó las bolas que, entregadas al presidente Andrada y pasadas al secretario Vega, se transformaron en nombres que llenaron de alegría a catorce familias trujillanas.
    Antonio Alonso Suárez fue uno de ellos. Por su nueva casa tendría que pagar 7,50 pesetas mensuales y se convertiría en su propietario transcurridos 25 años de habitarla él o sus descendientes. 
    Pasado un año de esa emocionante jornada, Antonio tenía como vecinos al resto de obreros a quienes sonrió la suerte, José Anes Miguel, Sixto Chaves Ávila, Pedro Ramos Jiménez, Juan Sánchez Rodríguez, Francisco Tamayo Fernández, Antonio Barrado Montes, Tomás Iglesias González, Antonio Fernández Méndez, Lorenzo Ramos Hidalgo, Manuel Domínguez Gonzalo, Francisco Gallego Rubio, Juan Antonio Carrasco Gallego y José García Fernández.
    Así, la disputa por un atrio decidió una parte del paisaje urbano de Trujillo e hizo que Amalia y Carmen, las hijas de Antonio y Fidela, no tuvieran como lugar de juego el antiguo Paseo de la Exposición y que su niñez transcurriera junto a la carretera de Plasencia.

Casa de la Barriada obrera. Trujillo


 

30 de agosto de 2021

Trabajo de sol a sol

    Como cada año, los calores del estío cambiaron nuestros ritmos. Ha habido que aprovechar el frescor de la mañana o esperar a que el sol se escondiese por las tierras de Portugal para salir. Nada nuevo. El calor aprieta y las calles se vacían al mediodía para volver a tener vida a la caída del sol. Así cada verano, año tras año, siglo tras siglo. 
    Sobre un berrocal y ciudad de granito, la canícula siempre se ha dejado sentir tanto como el canto de las chicharras. Y el concejo tomaba las medidas necesarias para que las fuentes estuvieran limpias y sus aguas saciaran la sed de los trujillanos, el pozo de nieve surtiera las necesidades de los dolientes y el mercado estuviera abastecido de productos de la comarca y aún de más lejos cuando la escasez lo aconsejaba. Y cambiaba los horarios de su propia reunión.
    Hasta 1485, el concejo se convocaba una vez a la semana, generalmente los viernes, decidiendo ese año que serían necesarias dos reuniones del órgano de gobierno de la ciudad, lunes y viernes, dos ayuntamientos con “la misma preminençia e las mesmas facultades”. Si el resto del año los regidores acudían a las ocho a las casas del ayuntamiento, el calor del verano exigía adelantar la llegada y el concejo era convocado a las siete de la mañana.
Miniatura siglo XIII. Museo Chantilly


    También las temperaturas llevaron a buscar en las casas del concejo lugar fresco para reunirse, la sala baja del ayuntamiento. Quizás el verano de 1533 fue caluroso en extremo, pues el 8 de agosto ni siquiera esa sala y esas horas parecieron haber logrado mitigar las temperaturas y el concejo decidió ir más “abajo”: separar una parte de la alhóndiga, adecentarla y hacer las reuniones al fresquito de sus bóvedas

"Que se allane y se encale la sala baxa del alhóndiga. 

Este dicho día los dichos señores  mandaron que la sala baxa del alhóndiga se allane e se encale e adereçe e se ataje e fagan puerta por otra parte al alhóndiga para meter e sacar el pan de la çibdad porque esta sala es buena para de verano fazer ayuntamiento los días del ayuntamiento. E que se comete al señor corregidor e un regidor que lo faga fazer como les paresca".

https://www.medievalist.net
    Cuando los regidores llegaban a las siete de la mañana al ayuntamiento, los trujillanos, en esos meses de calor, ya llevaban dos horas en sus tareas. No incumbía al concejo imponer los horarios y son muy escasas las alusiones a cuánto deben trabajar (sí al cómo en sus ordenanzas municipales). Pero el doctor Gaspar de Berlanga, corregidor en 1528 como juez de residencia, debió considerar que la ciudad necesitaba ajustar los tiempos de faena de peones y oficiales que trabajaban en las obras públicas de la ciudad. 
  
 En la decisión del concejo vemos cómo la vida se acomodaba a la luz y parece que toda ella era de trabajo, “de sol a sol”, que el calor del verano exigía comenzar antes con las labores y que una hora más de descanso tras la comida quizás permitiera una corta siesta antes de volver al trabajo, pero este se alargaba y ampliaba. Once horas de trabajo en el invierno, doce en el verano. El calor sigue igual pero, afortunadamente, algunas cosas han mejorado.


1528, marzo 24. Trujillo 

Peones.  Este día, mandaron los señores justiçia e regidores que los peones e ofiçiales que andan a jornal en las obras de la çibdad, que en todo el mes de março vayan a la obra por la mañana antes de las seys e trabajen hasta las seys de la tarde y que deste tienpo tengan una ora para comer y no más e que todo el tienpo que de las dichas honze oras del día faltaren, que se les descuenten del jornal que se les prometiere. Y desde el mes de abril en adelante hasta en fin de agosto, que vayan a las obras a las çinco de la mañana e antes que las dé e salgan de las dichas obras a las ocho e que destas tengan dos oras para comer e reposar. Y el que más se ocupare en otras cosas que se le descuente del dicho jornal segund dicho es. E que con estas condiçiones se entiende que se an de tomar los maestros e peones para las obras de la çibdad. E mandaronlo apregonar.

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 17.5, fol. 184)




29 de julio de 2021

Funerales de emperatriz

    Cuentan que su esposo, el emperador  Carlos, mandó que el maestro Tiziano suavizara en su retrato la nariz aguileña que adornaba su rostro de “ojos grandes” y “boca pequeña”. “Honesta, callada, grave, devota, discreta y no entrometida”, “mansa y retraída más de lo que era menester” dice el cronista Alonso de Santa Cruz, para quien el emperador Carlos encontró en Isabel, su hermosa prima portuguesa,  la mejor “mujer a su condición”. 
Tiziano. Emperatriz Isabel de Portugal.
1548. Museo del Prado
    Llegó a Castilla con una rica dote por la frontera con Badajoz, a donde acudieron a despedirla sus hermanos Luis y Hernando y a recibirla el duque de Calabria, el arzobispo de Toledo, los duques de Béjar y Medina-Sidonia y otros muchos.
    El 7 de febrero de 1526, Isabel, la hija de Manuel de Portugal, el rey Afortunado, y María de Aragón, llegaba a tierras castellanas emperatriz y reina tras la boda por poderes ya realizada con su primo Carlos. Y desde Badajoz, donde hubo grandes celebraciones y agasajos, su camino seguiría hacia Sevilla, también recibida con fiestas a su entrada el 3 de marzo. Aunque es posible que a su llegada a tierras extremeñas aún no estuviera cerrado el lugar donde habría de desposarse con el emperador.
    Poco antes, el 26 de enero, desde Toledo, una carta real anunciaba a Trujillo el posible paso de Isabel por la ciudad, ordenando que “si por esa çibdad pasare la enperatriz y reyna, mi muy cara e muy amada mujer”, la ciudad le dispensase un recibimiento real  “y palio, como en todo lo demás lo que haríades a mi persona real si fuese a ella”.
    Apenas cinco días antes, el concejo trujillano ya había decidido iniciar los preparativos por si tal hecho se produjese, procurando información de la corte y ordenando que “un mercader o dos trayan a esta çibdad sedas o brocados o plata o lo que fuere menester”.
    El 3 de febrero, mientras Isabel se acercaba a la frontera española, Trujillo se preparaba por si hubiera de recibirla y no caer en falta ante el emperador. Un palio para cubrirla y ropas para el corregidor y su alcalde, para los regidores que acudieran al recibimiento, para los escribanos y el mayordomo.
    El mercader Luis de Camargo hubo de marchar para realizar las compras que, con el consejo de don Diego de Vargas Carvajal, permitieran traer a Trujillo el “brocado o tela de oro” para el palio, las sedas para las ropas de justicia y regidores  y el paño o seda con el que se vestirían mayordomo y escribanos, decidiendo ambos, Vargas y Camargo, los colores y calidades de las telas.
     Pero Isabel marchaba a Sevilla y no pasaría por Trujillo, aunque las compras y preparativos de la ciudad permitieron un recibimiento digno de la persona del novio, quien, tras firmar y celebrar las paces con el rey francés, se dirigía a Andalucía para celebrar en Sevilla sus esponsales.
    Trujillo convocó, el 21 de febrero, a todos los que habrían de recibir al emperador Carlos

“Este día, los dichos señores acordaron e mandaron que para el reçebimiento de Su Magestad que viene por esta çibdad se enbíe a llamar todos los cavalleros e hidalgos e escuderos que biven en las aldeas e términos desta çibdad e a don Rodrigo de Orellana e Pedro Suárez para que todos salgan a cavallo o a mula lo mejor adereçados que puedan”.

    Se ordenó el acopio de los mantenimientos que habrían de constituir el presente para la comida y estancia del emperador

“...tres dozenas de capones e doze cabritos, çinquenta pares de perdizes, tres cargas de vino tinto de la tierra e una de blanco y tres cahizes de çevada...”

    Escaso presente, a juicio de la ciudad, pero acorde al tiempo de cuaresma en que estaban, aunque finalmente se aumentaron a cuatro las docenas de capones, se añadieron tres cargas más de vino y se prepararon doce carneros “por si fuera menester”. Y por supuesto, toros. Seis, “grandes, viejos e bravos”.
    Los regidores y la justicia hubieron de encargarse de sus ropas, “de terçiopelo y enforradas en raso negro e sayones de raso e gorras e guantes”, para lo que recibieron 60 ducados cada uno.
    El palio previsto para Isabel estuvo listo para recibir a Carlos. Fue comprado al caballerizo real Adrien de Croÿ, Conde de Roeulx, por 60.000 mrs. y compuesto con las telas de oro y plata traídas por el mercader Camargo y el trabajo de los bordadores que hicieron el escudo,

“...e que el dicho palio quede para la çibdad e se ponga en una caxa de madera e se meta en el arca de la çibdad”.

    El arca que guardó el palio conserva el relato que el escribano Juan Rodríguez Caramaño hizo de aquella jornada en la que Trujillo recibió al emperador. 
    Aposentado en las casas de morada de Nuño García de Chaves “el viejo”, en la plaza, aquellas que heredara de sus abuelos Luis de Chaves y María de Sotomayor, el emperador marchó el 2 de marzo con gran prisa a Sevilla “donde se había de casar con la enperatriz, que ya así se deçía por estar ya desposada con Su Magestad, hija del rey de Portugal”.
Ante un Carlos viajero, Isabel aprendió pronto a sustituir a su esposo en las tareas de gobierno. Las cartas reales que llegaban a Trujillo venían con frecuencia firmadas por ella, la emperatriz, a la que Trujillo no pudo recibir como tal pero de la que sí se despidió con los mayores honores.
    En 1539, en Toledo, cuando comenzaba mayo, con 38 años, moría Isabel, la reina portuguesa que según algunos historiadores “castellanizó” al flamenco Carlos. Y Trujillo, ocho días después, se juntaba para organizar sus exequias, “para que las onras se hagan e los séquitos se hagan conforme a la calidad de la çibdad, para que en ella aya el sentimiento que la razón requiere...”.
    El licenciado Miguel López de Montoya llevaba poco más de veinte días como juez de residencia (y por tanto corregidor) en la ciudad el 8 de mayo de 1539 y ante una decisión que suponía un gasto extraordinario, recurrió a los regidores presentes en el consistorio para “que le den ynformaçión de cómo en semejantes caso se suele hazer e sy no, que él lo mandará proveer”. 
    Dos de los regidores, Alonso y Álvaro de Loaisa, ya vivieron otras exequias reales, las de don Fernando, el rey Católico, y recordaban lo que Trujillo hizo y gastó en aquellos momentos: se dieron lutos a la justicia y regidores, a los escribanos del ayuntamiento y al mayordomo. Ahora incluso se discute si el portero del ayuntamiento habría de recibir también ropas de luto, decidiendo el licenciado Montoya ante las diferencias entre unos y otros regidores:

“...El señor corregidor dixo que por razón que el portero a de llamar en estas obsequias de su magestad y entender como tal portero en las cosas que se suele mandar, que manda que se le de ocho varas de paño diez e ochen para una loba e capirote...”

    Telas para los trajes de luto, hachas de cera que habría de comprar el mayordomo, el tablado donde colocar el túmulo, que haría el carpintero Juan Solano, los paños de luto que adornarían la iglesia y que prestó el mercader Luis de Camargo, incluso un estandarte que se sacó en las honras fúnebres y que después fue entregado a las dominicas del monasterio de Santa Isabel, “...porque tenga cargo de rogar a Dios por el ánima de la dicha señora enperatriz...”. Todo estuvo listo para unos funerales dignos de Isabel, dignos de una emperatriz, tal y como había acordado el concejo de Trujillo. 


1539, mayo 8. Trujillo

Primeramente diputaron a los señores Juan de Chaves e a Bernaldino de Tapia para que asystan con el dicho señor corregidor juez suso dicho para ordenar e poner en efeto las cosas siguientes, las quales la dicha çibdad les comete segund fue platicado e acordado e les pareçiere.
Lo primero, que se hable con el señor vicario e clerezía e con los prelados de los monesterios para que vengan a hazer las obsequias a la yglesia mayor, cada uno con su cruz e ornamentos. e que digan su ofiçio por sy y salgan con su reponso sobre la tunba.
Lo segundo, que se manden hazer las hachas e velas neçesarias y teñirse negras.
Yten, que se hagan los escudos, el número e de tamaño que a los dichos señores pareçiere, y una corona ynperial.
Yten se ha de hazer un catafalgo de gradas en la dicha iglesia mayor desta çibdad con su tunba. 
Yten, que se tomen lutos para cobrir el dicho catafalgo e tunba e toldar las paredes.
Yten, que se conpre luto de paño negro veynteno para la justiçia e regidores e escrivanos del ayuntamiento e mayordomo de la çibdad segund costunbre e que a cada uno se le den ocho varas para loba e capirote e sy por caso los xastres dixeren que no ay en ocho varas harto, que se comete a los dichos la demasya que fuere menester.

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 22.1, fols. CXLIIv.- CXLIIIr.)

Pompeo Leoni. Cenotafio de Carlos V y familia. San Lorenzo de El Escorial.



10 de junio de 2021

La escuela de don Matías Barbado

     Vuelve el arca a celebrar su día aún cerrada con sus tres llaves, esperando a que quienes las guardan abran las recias cerraduras que la mantienen alejada de investigadores y curiosos. Otras muchas arcas van abriendo y dejando ver sus tesoros y permitiéndonos acercarnos a Trujillo, a sus historias y a sus gentes.
    El 6 de julio de 1906 tomaba posesión del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes Amalio Gimeno y Cabañas, del Partido Liberal. En agosto de ese año firmaba la Real Orden por la que se recuperaban las condiciones que en 1902 otro ministerio liberal había impuesto para autorizar la apertura de centros no oficiales de enseñanza. Se trataba de asegurar que tanto quienes impartieran esas enseñanzas como los contenidos y las instalaciones en las que se llevaban a cabo esas enseñanzas cumplieran unos requisitos que iban más allá de los meros de “moral y condiciones higiénicas”, únicas exigencias que habían impuesto los anteriores gobiernos conservadores y que habían llevado a la proliferación de centros de instrucción no oficiales no siempre de calidad educativa.
    La acreditación de las condiciones que exigía el Decreto debía presentarse ante los directores de los Institutos Generales y Técnicos de la provincia. 
    Matías Protasio Barbado Muñoz había nacido en Trujillo el 19 de junio de 1865. Hijo de Juan Antonio Barbado y Juana Muñoz, su tía María Muñoz fue la madrina en su bautizo en la parroquia de San Andrés. En Badajoz, en su Escuela Normal de Maestros, obtendrá su título de maestro de primera enseñanza elemental y con 21 años vuelve a su ciudad donde el 8 de junio de 1887 toma posesión como maestro auxiliar de la escuela de niños de Huertas de Ánimas.
    Cuando se publicó la Real Orden del ministro Gimeno, Matías Barbado llevaba 15 años regentando una escuela privada en la Plaza Mayor. Ya tuvo que realizar todo el proceso administrativo que el ministro Allendesalazar estableció en 1902 para el mismo fin y que ahora de nuevo debía repetir.
    Por triplicado: instancia solicitando la apertura (en este caso la continuidad de su escuela); fe de bautismo; reglamento del centro; planos del local e informe municipal de sus condiciones de salubridad, seguridad e higiene; titulación de su director y certificación de su buena conducta y cuadro de asignaturas que se impartían.

Solicitud de Matías Barbado Muñoz. Archivo Instituto El Brocense

    En los primeros días de septiembre de 1906, Matías Barbado fue recopilando todos y cada uno de los documentos que se le pedían y que recibiría Manuel Castillo, director del Instituto General y Técnico de Cáceres, centro en cuya arca se guardan hoy. Su publicación en el Boletín Oficial de la Provincia, en octubre de ese año, abriría un plazo de 15 días para poder presentar reclamaciones a su solicitud. Luego, Matías Barbado seguiría, ya de nuevo acreditado por la Inspección Provincial, regentando su escuela.
    En la Plaza Mayor, en el número 13, vivía Matías Barbado junto a su esposa Elvira y sus hijos Manuel y Elvira. También allí tenía una escuela de niños. Cada día, mañana y tarde, la casa de llenaba de chavales durante las seis horas de clase que comenzaban y acababan con la oración. 

Cuadro de la Enseñanza. Archivo Instituto El Brocense

    Dos balcones y una pequeña ventana a la plaza se abrían en una de las dos salas de ocho metros por tres y medio que Francisco Valiente había medido y de las que realizó el croquis que se mandó a Cáceres. El local, certificaba el alcalde Luis Pérez Aloe Mediavilla, no se oponía “en nada a las Ordenanzas Municipales de esta ciudad en cuanto se refiere a la salubridad, seguridad e higiene”, términos confirmados por Santiago Arias Pinar, subdelegado de Medicina del Partido, por reunir “las condiciones higiénicas” que determinaba la Real Orden sobre higiene de los edificios de uso público.

Reglamento de la Escuela. archivo Instituto El Brocense

    En cuanto al maestro, tenía título oficial, era vecino de Trujillo y su buena conducta y antecedentes, certificados también por el alcalde, le hicieron idóneo para la acreditación.
    En la Plaza Mayor, en la escuela de don Matías, siguieron aprendiendo muchos niños trujillanos. En ellos abriría las llaves de otra arca igualmente llena de tesoros, la del conocimiento.


Plano de la Escuela de Don Matías Barbado Muñoz. Archivo Instituto El Brocense.



18 de mayo de 2021

Lope de Urueña, regidor Altamirano

    El grupo de los caballeros controló férreamente el regimiento de Trujillo y con él  una gran cantidad de facetas de la vida económica, política y social que afectaban a todos y cada uno de los habitantes de la ciudad y de su término.  En sus manos estaba el arrendamiento de las dehesas caballerías, el control de los tiempos económicos del sector agrario y comercial (acoto y desacoto de los montes, concesión de licencias para entrar o sacar mercancías del término...), la supervisión de las finanzas del concejo, de la limpieza de la ciudad, del correcto aprovisionamiento de su mercado, de los oficiales que, a costa de la ciudad, proporcionaban los servicios necesarios a sus vecinos... Y todo ello lo hacían conformándose en tres grupos, los linajes, que articulaban mucho más que la vida concejil.
    Altamirano, Bejarano y Añasco, los tres linajes que controlaban y acaparaban el gobierno de la ciudad en un reparto desigual que no parece ser contestado por quienes se encontraban en desventaja. Mientras que las familias integradas en el linaje Altamirano ocupaban la mitad de los cargos concejiles, los apellidos de los linajes Bejarano y Añasco disfrutaban de la otra mitad. Una estructura que aparece ya consolidada a mediados del siglo XIV y que se mantendrá en los siglos siguientes. 
    Cada uno de los linajes acoge a clanes familiares unidos tanto por lazos de sangre como por otro tipo de relaciones y quizás a veces por tradición. En ocasiones, una familia se constituye en núcleo dominante del linaje (lo que ocurre con los Chaves y el linaje Altamirano a partir de la figura de Luis de Chaves) mientras que en otros momentos se diluye ese liderazgo. Pero siempre vemos repetirse en el regimiento apellidos que permiten adscribir sin duda a las familias trujillanas a uno u otro linaje. Y cuando la adscripción no encaja, no hemos de pensar en una ruptura de la familia entre dos linajes sino en el irregular uso de los apellidos entre los hijos. En 1512, dos regidores llamados Pedro de Loaisa (apellido Bejarano) son elegidos regidores; uno lo es por el linaje Altamirano y otro por los Bejarano y bien claro está que cada uno de ellos lo hace representado a su linaje como hijos respectivos de Juan Calderón (apellido unido a los Altamirano) y de Francisco de Loaisa.
    Es una estructura, la del linaje, que siempre se nos aparece como relativamente rígida. Conformados por familiares de apellidos que se repiten, que se emparentan y generan estructuras clientelares tanto en deudos como en criados (en una división vertical que integra a veces incluso a judíos, moros o luego cristianos nuevos), siempre quedan múltiples aspectos por conocer de ellos. Uno de esos aspectos es cómo se produce la inclusión de alguien cuyo apellido es extraño al linaje y cuya procedencia también es ajena a Trujillo, en un momento en el que las elecciones al concejo trujillano seguían fielmente lo que era la costumbre –recogida en ordenanzas- desde hacía siglos.
    El día de San Andrés de 1520 Lope de Urueña, natural y en otros momentos vecino de Tordesillas, tras el correspondiente sorteo de los electores y sacada la bola de cera por la mano de un niño, es elegido regidor de Trujillo por el linaje Altamirano. Tan solo un mes después ya está acompañando al corregidor de la ciudad como único representante del concejo en reuniones de extrema importancia para Trujillo y la corona de Castilla. ¿Cómo se integra y quien es Lope de Urueña, regidor por el linaje Altamirano?
    El arca del concejo conserva muchas de las Actas de sus ayuntamientos. En ellas, solo sus escribanos tienen potestad para escribir, levantar acta y tomar razón de las reuniones y acuerdos del concejo, de las subastas y remates de arrendamientos y obras de la ciudad realizadas bajo el control del escribano y, ocasionalmente, del traslado de algunos escritos o memoriales recibidos o tratados en las sesiones celebradas a campana tañida.
    Por ello, resulta sorprendente que en las actas de 1520 se recoja un acontecimiento que nada tiene que ver con ello y que afecta directamente al poderoso linaje Altamirano. Todo ocurrió el 25 de noviembre en el patio del aljibe frontero con el alcázar de los Altamirano. Un lugar, por tanto, de alta significación y muy representativo para dicho linaje. Allí se reunieron –quedando todo ello fielmente recogido- los regidores que en ese momento representaban al linaje en el concejo y un número significativo y altamente representativo de miembros del linaje; el motivo de tal reunión es incluir en el linaje Altamirano a dos personas hasta ese momento ajenos a él, que “no son hijos de veçinos desta çibdad” y, por tanto sin parentesco directo o matrimonial con otros miembros de algunas de las familias de los linajes. Aquellos a quienes se acogía eran Lope de Urueña y Cristóbal de Ribera, que a partir de ese momento gozarán de los derechos que tienen los miembros del linaje en cuanto a su posibilidad de elección para los cargos del concejo. Su compromiso, bajo juramento, será actuar siempre “en favor del dicho linaje e sus previllejos”. 

Alcázar Altamirano. Trujillo
    Poco sabemos de Cristóbal de Ribera, elegido mayordomo por los Altamirano en 1534, mientras que la figura de Lope de Urueña es bien conocida por quienes han estudiado la hacienda castellana del siglo XVI. Natural de Tordesillas y criado en 1490 del comendador Gonzalo Chacón, mayordomo y contador mayor de los Reyes Católicos, Lope de Urueña alterna la vecindad en su villa natal y en Trujillo hasta que, tras el conflicto comunero, se asiente definitivamente en Valladolid donde fallece. 
    Desde los inicios del siglo XVI aparece como uno de los arrendadores más importantes de las rentas reales, especializado en el arrendamiento de rentas de Extremadura, apareciendo ya en 1500 como recaudador mayor de Trujillo y receptor del cobro de los encabezamientos de alcabalas de Cáceres, Badajoz y los lugares de la orden de Alcántara en 1503. 
    Asentado en Trujillo y vecino de la ciudad donde reside junto al monasterio de San Francisco, hemos de pensar que su integración en uno de los linajes ha de deberse a su mayor cercanía, amistad y relación con miembros del mismo ya que, casado en Córdoba, ninguna relación familiar le unía a Trujillo. Sus conocimientos y relaciones le debieron hacer valioso, en esos años convulsos, tanto para la ciudad como para el linaje que lo acogió y lo integró, quizás con prisas porque apenas cinco días después su nombre era propuesto como candidato a nuevo regidor Altamirano. 
    La suerte y la mano inocente de un niño hizo que Lope de Urueña, natural de Tordesillas, tuviese durante dos años la representación en el concejo de los Altamirano junto a apellidos de tanta tradición en el linaje como Chaves, Calderón y Altamirano.


1520, noviembre 25. Trujillo

En la noble y muy leal çibdad de Trugillo a veynte e çinco días del mes de novienbre, año del nasçimiento de Nuestro Salvador Ihesu Christo de mil e quinientos e veynte años, este día, estando en el patio de los algibes de la dicha çibdad que es çerca de las casas de Fernand Alonso Altamirano, de los muros adentro de la dicha çibdad, algunos cavalleros e hidalgos de la linaje de los cavalleros Altamiranos de la dicha çibdad, espeçialmente Luis de Chaves mayoradgo y Luis de Chaves hijo de Martín de Chaves e el liçençiado Françisco de Herrera e Diego Méndez e Françisco de Gaete, regidores de la dicha çibdad del dicho linaje de los Altamiranos e Nuño Garçía de Chaves e Juan de Hinojosa, hijo de Álvaro de Hinojosa e Diego Mexía e Gutierre de Sotomayor e Fernand Alonso Altamirano e Garçía de Torres e Andrés Calderón e Pedro de Loaysa Calderón e el liçençiado Velázquez e Gonçalo de Carmona e Diego de la Rua e Diego Gonçález Villarejo e Martín Gonçález del Mirón e Juan de Grado e Françisco de Carvajal, criado de Luis de Chaves, del dicho linaje de los Altamiranos, en presençia de mi, Juan Rodríguez Caramaño, escrivano público en la dicha çibdad e su tierra por el reverendo señor el prior e convento del monesterio de Nuestra Señora Santa María de Guadalupe e escrivano de los hechos del conçejo de la dicha çibdad e de los testigos de yuso escritos, dixeron que por quanto Lope de Hurueña e Christóval de Ribera, veçinos desta dicha çibdad no son hijos de veçinos desta çibdad que fuesen de ninguno de los linajes della, que ellos avían e avieron por bueno de los reçebir al dicho linaje de los Altamiranos para que de aquí adelante sean del dicho linaje e puedan gozar de los ofiçios del dicho linaje de los Altamiranos e de todas las otras graçias que los cavalleros hijosdalgo pueden e deven gozar en esta dicha çibdad e su tierra. E luego los dichos Lope de Hurueña e Christóval de Ribera juraron en forma de derecho que bien e fielmente ternán e guardarán e manternán todo aquello que los otros cavalleros hijosdalgo del dicho linaje son obligados a guardar e que serán syenpre en favor del dicho linaje e sus previllejos e que contra ellos no yrán ni pasarán en ningund tienpo ni por alguna manera e a la confusión del dicho juramento dixeron sy juro e amén. E hecho el dicho juramento, dixeron los dichos señores que los reçebieron al dicho linaje a los dichos Lope de Hurueña e Christóval de Ribera, los quales lo pidieron por testimonio. Testigos que fueron presentes Fernando Cañamero e Pedro Dávila e Benito de Aguilar, cantero, e otros muchos veçinos desta çibdad. Va entre renglones o diz Juan de Grado e Françisco de Carvajal, criado de Luis de Chaves, e Florençio de Santa Cruz, escrivano, e Juan Calderón, vala.

Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 14, fol. 189.