20 de julio de 2014

¡Y todo por un sello!


  
   La importancia de los archivos no solo reside en el volumen de la información que contienen, en su estado de conservación y acceso o en el valor patrimonial de lo allí conservado. Su valor está también en la posibilidad de completar desde ámbitos muy diferentes noticias sobre acontecimientos fundamentales o no, personajes relevantes o personas aparentemente anónimas que parecen no dejar rastro.
   Adentrarse en un archivo permite hilvanar historias y acontecimientos, hacer que calles y localidades vayan adquiriendo su propia fisonomía y lo mismo ocurre con quienes fueron sujetos y construyeron la historia desde el anonimato de la vida que aparentemente tan solo interesó en su momento a su familia. Años o siglos después de su existencia, los archivos permiten buscar rastros aparentemente inexistentes, noticias que parecen aisladas, referencias en censos y padrones, en documentos públicos y privados... y poco a poco la ciudad y sus habitantes toman forma, quienes allí vivieron lo siguen haciendo en cientos de noticias que el arca atesora y nos ofrece con generosidad.
   A una vieja foto de familia, blanquinegra  y amarillenta de tiempos y miradas repetidas durante generaciones,  parece casi imposible comenzar a darle color, completar su entorno y su vida, descubrir alegrías, tribulaciones y momentos de intolerancia.
   Desde una de esas viejas fotos del album familiar nos mira José Aguilar Venegas. Junto él está su mujer Basilisa, su hijo Emilio, sus nietas Antonia y Vicenta y otras dos desconocidas.  Ronda los sesenta años pero su rostro nos habla de una larga vida llena de duros momentos que el arca nos ha ido permitiendo descubrir.
   Nació en la calle Tiendas, en la casa ocupada por la botica de doña Antonia Luceño Méndez. Su padre, Sebastián Antonio Pérez Aguilar vino en 1824 desde tierras salmantinas a hacerse cargo de la botica de la viuda Luceño, que debió buscar quién la regentase desde la lejana muerte de su marido, José Gordo Galán, en 1812. En la casa de doña Antonia conocerá Sebastián a Fermina Venegas, quien desde la vecina Plasenzuela vino a vivir con su tía y con quien se casará poco tiempo después.
   Es entonces la calle Tiendas digna de su nombre y en ella se apiñan los comercios de José García, María Dolores Ramos, María Bueno, Ibón Sánchez Lollano, josé Espina, Cayetano García, Felipa Zorrilla y Bartolomé Arteaga, además de tres zapateros, un sastre, el confitero Juan Calderón y otros muchos vecinos. 
   Pronto cambiará todo para José Aguilar. De la felicidad de sus padres a su soledad como pequeño huérfano al cuidado de Antonia Luceño. La prematura muerte de su madre al poco de su nacimiento y la ausencia paterna le obligarán a un rápido aprendizaje y una pronta vida laboral. A los 14 años ya es cajero  en el comercio de Matías García, en la Plaza Mayor, y después lo será con Feliciano Fadrique. Cerca, muy cerca, está quien será su mujer. Basilisa González, la abuela de la foto, vive también en la calle Tiendas. Nació en Navalvillar de Pela y llegará a Trujillo con su padre Tomás González, hojalatero que se asienta en la popular calle. En esta calle, en el número 13, en la casa comprada quizás con lo que le dejara en herencia su madre y la boticaria Luceño, establecerá su tienda y en ella permanecerá hasta su muerte. De su esposa nos habla en su testamento que también nos ofrece el arca, sintiendo por ella "especial cariño por su buen comportamiento y esmeradas atenciones".
   Pero aún está lejos ese momento. Primero ha de pasar toda una vida. Pronto irán llegando los hijos y pronto también morirán: Feliciano, con apenas mes y medio, de catarro; Jerónima, poco mayor, de un accidente, y a Andrés y Catalina se los llevará la viruela con dos meses y seis años. Sólo Emilio les acompañará en su vejez.
   Cajero, tendero, luego cartero y finalmente escribiente, esos son los oficios que le asignan los padrones que conserva el arca. Padrones de los que vemos desaparecer en 1827 a su padre sin que sepamos la razón. Y esa razón también nos la da el arca además de otros datos.
  José Aguilar fue cartero distribuidor en un momento en que el oficio consistía en llevar la correspondencia a los domicilios cobrando por cada carta entregada. Pero el progreso es el progreso y el sello vino a dejarle sin trabajo. Un Real Decreto de febrero de 1856 hacía obligatorio en España para todas las cartas el franqueo en origen con sellos adhesivos desde el primero del mes de julio. Y José perdió su empleo y pasó a ser escribiente.
   Fueron años complicados en una España convulsa. Cuando en septiembre de 1868 la revolución que llamaron "Gloriosa" se dejó sentir en Trujillo, un nuevo ayuntamiento se hace cargo de la ciudad el día 30. Quizás José se sintió cercano a esos principios de "Libertad y Soberanía Nacional" que la Junta Provisional de Gobierno marcó en su bandera. Por eso recurre a ellos y pide empleo. Hace notar su cercanía ideológica, sus méritos anteriores, que acredita,  y al fin nos desvela el destino de su padre.
   Gracias al arca, esa foto nunca será igual, no nos serán desconocidas las vidas de quienes desde ella nos miran y la triste dulzura que adivinamos en el rostro de José, que deseaba que su entierro fuera "modesto según su clase", nos hace pensar que de él la heredó esa dulce bisabuela Vicenta que nos enseñó a hacer solitarios.


1868, octubre 10. Trujillo.

Señores de la Junta de Gobierno de la ciudad de Trujillo.
José Aguilar Benegas, natural y vecino de la misma, a V.S.S. con toda sumisión y respeto espone: Que en los años de mil ochocientos cincuenta y cinco y cincuenta y seis estubo desempeñando el destino de cartero repartidor de la correspondencia pública de la misma con que fue agraciado, cuyo destino desempeñó bien y fielmente, según lo acredita por la adjunta certificación que acompaña, hasta que por virtud del cambio de sistema fue depuesto sin haber sido recombenido por ningún concepto ni haber tenido pérdida ninguna de la correspondencia ni en los certificados; además, en la misma época estubo defendiendo la libertad con las armas en la mano siendo voluntario nacional. En su virtud:
Suplica a V.S.S. que si al recurrente le encuentran bastante acreedor para obtener el citado destino o para cualquiera otro, tanto por lo que deja relacionado cuanto porque su padre, por defender la causa liberal, fue perseguido a muerte, teniendo que emigrar a una nación estrangera (donde falleció), quedando a su familia desemparada y al esponente en la corta edad de un año escaso, a el amparo de las almas virtuosas a quienes debe el ser de Dios sin haberle quedado recursos de ninguna especie, se dignen tenerle presente para indicado fin. Gracia que el que suscribe espera conseguir de la rectitud y celo de tan benéfica y esclarecida Junta, cuyas vidas guarde Dios muchos años.
Trujillo, diez de octubre de mil ochocientos sesenta y ocho.
José Aguilar Benegas


Don Vicente  Fernández Salgado, administrador principal de Correos de esta ciudad de Trujillo y su Departamento y secretario honorario de S.M. etc.
Certifico: Que D. José Aguilar, cartero distribuidor de la correspondencia pública y de oficio de la misma ha satisfecho  todos los cargos que ha recivido por los oficiales de semana hasta hoy dia de la fecha en que por virtud de Orden superior queda establecido el franqueo forzoso de la correspondencia sin que adeude cantidad alguna por referido concepto. Y a petición del interesado le doy la presente que firmo en Trujillo a primero de julio de mil ochocientos cincuenta y seis.
Vicente Fernández


(Archivo Municipal de Trujillo. Leg. 1198)

José Aguilar Venegas y familia. Foto H. Diéguez. Hacia 1890
 

19 de junio de 2014

Corpus Christi en tiempos de crisis


Crisis, palabra de actualidad pero no nueva. Podemos recorrer la historia y avanzaremos entre  crisis. Guerras, malos temporales, pobres cosechas, plagas y epidemias... las causas son muchas pero pocas veces nuevas.

En 1508 Trujillo está en crisis. Ya desde 1502, las crónicas hablan de malas cosechas. Primero vino la sequía y la ruina del campo se completó con las inundaciones. El hambre está presente en 1506 y un año después la peste visita Castilla.

Y aunque Trujillo se aprestó a cerrar sus puertas y vigilar los caminos, la enfermedad acabó con la vida de muchos trujillanos.

Por eso, cuando ese año, 1508, la ciudad prepara la fiesta del Corpus Christi, quienes otras veces acuden gustosos a participar de la celebración se sienten incapaces de hacerlo ese año. A comienzos del siglo XVI la celebración del Corpus Christi en Trujillo es semejante a otras ciudades de la Corona y en ella se mezclan elementos religiosos y profanos. Los gremios tienen una labor activa en el festejo con danzas, músicas y carros en los que se realizan representaciones religiosas que cada año preparan con gran cuidado  y solemnidad. Pero no ese año. Gran parte de sus miembros perecieron en la epidemia y los que quedan no pueden soportar los gastos. Por eso acuden al concejo. Este año no pueden. La crisis.


1508, junio 6. Trujillo
Todos los çapateros suplican a vuestras merçedes no les manden hazer el carro porque se fynaron muchos çapateros y es mucha costa, que están perdidos con los años pasados , que baste que saquen el pendón y el que hera mayordomo juntamente con Juan de Trogillo es tanbién falleçido. Que hagan una dança e saquen su pendón e no saquen carro por ogaño.
Los sastres piden lo mismo. Respóndesele lo mismo que a los çapateros.
Los perayles desta çibdad suplican que no les manden sacar el carro porque son muertos casy todos los más de los perayles e los que quedan son pocos. Lo mismo que a los çapateros se les responde.



    Pese a todo, habrá fiesta. La ciudad manda que ese día se lidien dos toros "por la fiesta e alegría del santo día y que sean toros bravos" y si no salen los carros de los gremios, la ciudad sí sacará el suyo. Para ello, Cristóbal González y Juan Aojado, encargados de la fiesta, han estado ocupados para que todo esté listo. Las figuras que formarán parte del carro de la ciudad y las ropas de los danzantes que participarán del desfile procesional habrán de estar terminadas para el 21 de junio de 1508, día del Corpus. Con crisis, pero con la solemnidad que merece la fiesta. Y con alegría.


1508, mayo 29. Trujillo
Este día, Christóval Gonçález, procurador de causas por sy e por Juan Aojado, alguazil del canpo, dixo que las cosas que la çibdad ha de mandar hazer para el día de Corpus Christi son las siguientes.
A Dios Padre y a Nuestra Señora y a Santo Domingo y a Sant Françisco y a Sant Sevastián y dos ángeles, çinco momos y la dama con ellos; dos salvajes, seys frecheros, tres o quatro hilanderas, dos pastores; faltan los rostros todos, que se han de fazer, y las ropas de los salvajes e adobar las ropas de los momos; y dixo que todo esto han de haçer a su costa salvo las ropas de los salvajes que ha de haçer la çibdad y que gastan mucho en darles algunos cueros y fazer lo suso dicho y darles algunas cosas a las personas que sirven en estos ofiçios, que vean sus merçedes si les quieren dar quatro mil mrs. Los dichos señores les mandaron librar tres mil mrs. y los cueros aderesçados y que los dichos Juan Aojado e Christóval Gonçález pongan todo lo otro.
(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 9.1. Fol. 53-54)

Momos y Moma. Corpus Christi de Valencia.
http://www.fiestasancristobal.es/CALENDARIOVLC/JUNIO.htm

8 de junio de 2014

Haciendo dehesas


Miramos las dehesas y sentimos naturaleza y vida, conservación y aprovechamiento de recursos. Nuestras dehesas, esos maravillosos paisajes que nos rodean y que en ocasiones no apreciamos suficientemente, tienen cientos de años. Su longevidad no está motivada sólo por la edad de las encinas, alcornoques y rebollos que encontramos en ellas, sino también en tantas y tan acertadas intervenciones humanas que desde la Edad Media cuidaron los montes, los mimaron porque eran fuente de riqueza y aseguraron su pervivencia.
Entre tantas y tantas noticias como atesora el arca sobre la tierra de Trujillo, sobre sus pueblos, sobre las actuaciones para el aprovechamiento múltiple de los recursos, muchos documentos nos hablan de decisiones acertadas porque suponen una apuesta por el futuro de ese bosque humanizado que es la dehesa.


1508, mayo 15, junio 2. Trujillo

Este día los dichos señores hablaron y platicaron cómo se an de desmochar las enzinas e alcornoques e robles de los montes desta çibdad para la conservaçión dellos, e acordaron e mandaron que de oy en adelante ninguna persona veçino de la dicha çibdad e su tierra ni de otra parte qualquier no sean osados de cortar ningún árvol en sus barvechos, salvo que desmochen el monte viejo por delgado e de lo nuevo no desmochen por lo alto salvo por lo baxo, que pueda colar el sol, e aclarar syn fazer perjuizio en los árvoles. Y que no an de dexar horca e rama como antes syno que ha de quedar cada árvol copado de rama e aconpañado de ramas en manera que dé fruto e que desvyen las ramadas de las enzinas por manera que el pie del árvol ni las ramas de  él no reçiban perjuizio ni daño e que en las matas dexen sus pyes a marco, que son ocho pies de marco de pie a pie de árvol, e asy mismo aparten las ramadas de los pinpollos e árvoles. E que el que contra esto pasare, caya e yncurra en pena de çien mrs. por cada pie que contra la forma susodicha lo desmochare e por cada pie que del todo desmochare pague dozyentos mrs. para nos el dicho conçejo. E mandaronlo pregonar públicamente porque ninguno pretenda ynorançia.
Pregonose en la plaça pública este dya por Andrés de de Miranda, pregonero, ante mi Françisco Martínez, escrivano del dicho conçejo. Testigos, Luis de Góngora, escrivano, e Françisco Galindo e Gonçalo del Amarilla e otros veçinos de la dicha çibdad de Trogillo.

Que se hable sobre la hordenança de la pena de los montes que cortan e desmochan. Acordaron los dichos señores que se desmochen las enzinas de los montes viejos e nuevos por alto, por manera que queden los lados e sobacos sanos para que den fruto e que no se desmoche el dicho monte syno de diez a diez años, so las penas suso dichas en las ordenanças del conçejo desta çibdad. Este día se pregonó por Juan Pérez de Talavera, pregonero público, en la plaça.

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 9.1. Fols.  48r. y  53v.)


13 de abril de 2014

Al oriente, Belén


   Belén parece estar siempre mirando al oriente. Agazapado en el berrocal como si sus casas crecieran de él, el arrabal de Belén, el antiguo Papalbas, se mantiene a distancia de Trujillo, del que parece ocultarse.
    Calles entrecruzadas y apiñadas, calles de referencias agrarias, de Eras, Aguas y Parral, de Fontanillas y Papalvas, del Lavadero, de aguas vertientes que corren hacia el Merlinejo.  Belén sigue manteniendo la identidad de un lugar tranquilo y acogedor que mira siempre hacia la salida del sol. Y siempre, por su humildad y tamaño, necesitó del entendimiento de Trujillo para poder mantener y alimentar a su gente donde siempre quiso vivir. Por eso, cuando las circunstancias extremas lo requieren, reclaman ese entendimiento y apoyo.


1809, septiembre 18. Trujillo

Señores Presidente y vocales de la Junta Municipal de esta ciudad de Truxillo
Pedro Donoso, Francisco Borreguero, Gonzalo Ximénez, Bernardo Fernández, Francisco Donoso, Juan Martín, Juan Ximénez y Joaquín Fernández, vecinos de esta ciudad y moradores en su arrabal Casas de Belén, a vuesas señorías con el debido respeto exponen: que deseosos de seguir con sus exercicios de labradores, se ven precisados a solicitar una dehesa descansada de labranza por no haver podido hacer a su debido tiempo la labor en la que tienen arrendada por la imbasión del enemigo en esta ciudad y sus arrabales, y siendo la más apropósito la de Carrascalejo que disfruta la cavaña de Perella y linda con la Mengalozana, propia del convento de San Francisco el Real puerta de Coria de esta dicha ciudad, que disfrutan los suplicantes.
Ésta hace 16 años la labran los vezinos de Belén y siempre divida en dos ojas por su poca capacidad y extensión, de manera que sembrándola en este año, cansada y sin labor, se exponen a trabajar sin fruto después de que para sembrar tienen que vender sus alajas y con su importe comprar las mieses por no haver cogido un grano de ninguna especie por causa del incendio que se experimentó en la oja sembrada de dichos labradores por las tropas franzesas, en tal disposición que si esta gracia no consiguen de la alta consideración de vuesas señorías, tienen que abandonar las labores y tomar otros arvitrios para substentar a sí y sus familias; por todo lo qual, teniendo presente y hacerlo a la Suprema de la Provincia si vuesas señorías lo juzgan por oportuno.
Suplican a V.S. resolver lo que tengan por conveniente, en orden a la conservación de la agricultura, ramo tan interesante para las circunstancias del día. Truxillo 18 de septiembre de 1809. 
Pedro Donoso (rúbrica)            Francisco Borreguero (rúbrica)

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 1191.4)


26 de marzo de 2014

La pesca en San Lázaro


   En el borde de la ciudad, asomándose al berrocal, desde hace siglos ha habido una lámina de agua en la que siempre quiso reflejarse Trujillo. El estanque de San Lázaro calmó la sed del ganado e hizo disfrutar a quienes buscaron con paciencia sus tencas y carpas. Porque, a lo largo del tiempo, el estanque de San Lázaro ha sido un lugar para pescar desde el viejo muro o en sus orillas. Afición y oficio que aportó sustento y disfrute a los vecinos y que produjo rentas al ayuntamiento.

   Cuando en 1863 debe renovarse el arrendamiento de las rentas obtenidas por la pesca en el estanque de San Lázaro, dos peritos nombrados por el ayuntamiento tasan el valor de lo en él obtenido. Manuel Cancho Peña y José Sánchez, nombrados a tal efecto, lo tienen claro, "como aficionados a la pesca de caña y su permanencia con frecuencia en la charca de San Lázaro han tenido ocasión de observar que en los diferentes años que se ha benido arrendando la pesca que con hilos estraen los arrendatarios, podría ascender según su parecer a cosa de ochenta arrobas de tencas y carpas, que vendidas por la mujer a quien al efecto buscan a diez y seis reales arroba, hacen un total de mil doscientos ochenta reales, que pagando de esta cantidad al guarda y pescador, con deterioro de hilos, podrá quedar a los arrendatarios ochocientos reales en cada un año".

   Las condiciones serán las mismas que las vigentes en el remate anterior de 1860 y el día señalado para la subasta por el alcalde Vicente Martínez, el 21 de junio, algunos vecinos están dispuestos a participar en la puja.



1863, mayo 24-junio 21. Trujillo.

D. Antonio Trejo y Peñalosa, secretario del Ayuntamiento Constitucional de esta ciudad de Trujillo. Certifico que en el espediente formado para el arriendo de este arbitrio en el año anterior de mil ochocientos sesenta, se hallan las condiciones vajo las cuales se remató y son las siguientes:
1ª. En diez de julio de cada un año de los tres de este arriendo, pagará el arrendatario la cantidad en que se remate la pesca al mayordomo de propios de esta ciudad.
2ª. Se podrá pescar libremente con cañas desde la muralla y orillas de la charca por todos los vecinos. Los que quieran hacerlo con barcos pagarán  diez reales al arrendatario por temporada.
3ª. El arrendatario sólo podrá pescar con hilos de marca durante los meses de junio y septiembre de cada año.
4ª. Teniendo por objeto principal este arrendamiento el conservar la pesca en la espresada charca para que el común de vecinos disfrute siempre de sus beneficios, será obligación del arrendatario dejarla bien cebada de tencas a la conclusión del contrato.
5ª. Este arrendamiento no será obstáculo en manera alguna para que los ganados del común de los vecinos de esta ciudad y los que concurren a la feria disfruten y se utilicen las aguas sin retribución de ningún género, tal y conforme lo han venido siempre haciendo, por ser del servicio público y común la repetida charca.
6ª. Este arriendo es a todo riesgo y ventura, sin que pueda pedirse rebaja por ningún caso fortuito y se entenderá cumplido el veinte y nuebe de septiembre del año que vendrá de mil ochocientos sesenta y seis.
7ª. Siempre que el mal estado de las aguas lo exijan, se podrá baciar la charca para limpiarla del cieno o cualquiera otra causa que hiciere mal sana dichas aguas, en cuyo caso deberá el arrendatario recoger la pesca existente depositándola en vivideros convenientes para trasladarla después de limpia a la espresada charca.
8ª. Este expediente no tendrá efecto su arriendo hasta que sea aprovado por el Governador y en este caso de cuenta del arrendatario su importe.
Concuerda a la letra con sus originales que obran en el expediente del año de mil ochocientos sesenta a que me remito, y para que conste, en virtud de lo mandado, pongo la presente en Trujillo a veinte y cuatro de mayo de mil ochocientos sesenta y tres. Antonio Trejo. Secretario.

Remate. En la ciudad de Trugillo, en veinte y uno de junio de mil ochocientos sesenta y tres, siendo las diez de la mañana, con el fin de proceder al remate de la pesca de la charca del estanque de San Lázaro, se reunieron en la sala consistorial D. Vicente Núñez, Alcalde, y D. Diego Nevado, Regidor Síndico, y por ante mi el Secretario de Ayuntamiento, mandaron al peón público hechase un pregón anunciando hallarse habierta esta subasta. A la publicación se presentó Ildefonso Giménez y cubrió el presupuesto de los mil reales, sujetándose a las condiciones de este espediente, la que le fue admitida y publicada. Antonio Retamosa mejoró hasta mil cien reales, la que se admitió y publicó. Y por D. Juan Sánchez se hizo la proposición de pagar mil trescientos reales vellón en cada año de los tres de este arrendamiento, con las mejoras de que no paguen nada los barcos de los aficionados de caña, pescar solamente con hilos de marca treinta y cinco días de los que elija en los meses de junio y septiembre, y espender la pesca a ocho cuartos cada libra, dando principio a pescar con hilos a las nuebe de la mañana; esta proposición le fue admitida y publicada muchas veces y no habiendo otra mejora, siendo más de las doce del día, se procedió a su remate que recayó en D. Juan Sánchez, que lo aceptó y se obligó a su pago y lo firma con el Sr. Alcalde y Síndico de que certifico. Vicente Núñez, Diego Nevado y Gil. Juan Sánchez. Antonio Trejo Secretario.

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 1216.13)




10 de febrero de 2014

Las mujeres del partido


   La vieja actividad, el viejo oficio que desde antiguo se ha visto sometido a procesos de rechazo o de regulación. Las "mujeres del partido", grupo marginal y marginado aunque aceptado, merecen en ocasiones la atención del concejo. Éste tratará de regular, mediante acuerdos recogidos en los Libros de Actas, algunos extremos de su oficio. Su presencia conlleva ruidos y alborotos y la proximidad de otras personas igualmente rechazadas.

    Una atención especial parece ser el intento de alejar esta actividad de los mesones de la ciudad por los altercados que provoca. En 1485 se recoge la prohibición de que las mujeres que ejerzan la prostitución trabajen en los mesones de la ciudad, indicando la obligación de concentrarse en las casas establecidas para ello por el alcalde Osuna.

   Pero esto no siempre se cumplió y años después el mesón de Catalina Ramos motiva otra protesta.

1486, julio 8. Trujillo.
Mandaron que las mugeres del partido que no ganen dinero a su ofiçio en los mesones salvo en las casas que tiene fechas Osuna. E que otras mugeres que no sean del partido e syrvan en los mesones, que no tenga que ver contra ellas el dicho Osuna.

1499, abril 22-mayo 10. Trujillo.
Algunas personas del barrio de Sant Miguel dizen que en el mesón de Catalina Ramos están muchas mugeres del partido y a las noches ay allí questiones. Piden los vezinos que les manden tener su mançebía apartada e no en las calles. Que el alcalde lo proveerá.

Muchas personas piden manden que en el mesón de Catalina Ramos ni a par del no aya putería pública como la ay. Mandan que de día estén donde se acostunbra estar.

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 5.1. Fol. 108v. Legajo 6.8. Fols. 175v. y 182)

 

7 de enero de 2014

Las visitas de los Reyes


  Han sido éstos tiempos de cartas y misivas a Reyes, tiempos de alegría, ilusión y buenas nuevas. En 1704, una escueta nota señalando la visita de un rey nos habla sin embargo de trabajos, desazón y quebranto.
  El libro de actas del concejo de 1704 comienza indicando brevemente el paso de Felipe V por la ciudad:
"Tránsito del Rey nuestro señor por esta ciudad el domingo 6 de julio de 1704. Detúbose hasta el lunes en cuyo día le besó la ciudad su real mano".
  Un paso rápido que sin embargo supuso para la ciudad un enorme coste porque su llegada se hizo esperar.
  En enero de ese año Felipe V comunicaba a la ciudad, desde Madrid, su intención de "salir a campaña para que mis vasallos españoles tengan consuelo en lo que les atiendo". Y esas campañas se acercaban a Trujillo ya que en un horizonte cercano, la guerra con Portugal, apoyo del candidato austriaco al trono español, se veía como segura.
  En febrero, el corregidor hacía saber a la ciudad que por noticias que había recibido del entorno del rey, éste estaba próximo a pasar por la ciudad e incluso "hazer mansión y poner su corte en ella por algún tiempo". Y aunque no era oficial y la noticia no había llegado desde ningún ministro, Trujillo se apresta a tener todo dispuesto para tan alto honor. Alojamientos, bastimentos, reparación de calles y caminos, dinero en suma que no se tiene pero que ha de estar previsto. Podrían hacerse repartimientos entre villas y lugares del Partido, si el Consejo de Castilla lo permitiese. Habrán de disponerse los caballeros regidores a trabajar duro para que resulte un éxito la esperada visita.
  En marzo aún no se ha decidido el recorrido del rey por estas tierras. Y Trujillo espera y prepara. Procura informarse, manda emisarios que recaben noticias e intercedan porque Trujillo sea el destino del monarca.
  Y por fin el día 14 de marzo llega la ansiada noticia. El rey llegará a Jaraicejo dos días después y desde esa villa se anuncia que pasará por la ciudad. Se pide paja y cebada y una larga lista de provisiones para enviar a Jaraicejo y la ciudad se queja de su escasez, de la gran cantidad de tropas a las que ha debido de suministrar tales productos. Pero todo sea por ver llegar al rey a Trujillo. Y se reparte el trabajo y se aprestan a sacar de donde no hay.
  Pero el rey no viene. Acabará en Plasencia desde donde declara la guerra a Portugal y dirige la campaña.
  Será de vuelta a casa, a la corte de Madrid, cuando Felipe V pise las calles trujillanas. Viene de Cáceres y, tras comer en la venta de la Matilla, llegará a Trujillo el domingo 6 de julio, para seguir su camino al día siguiente.
  Será también ocasión de poner en marcha lo ya previsto en marzo. El reparto del trabajo se hizo entonces, y ahora, tras pedir prestados los dineros para los importantes gastos que se avecinan, todos contribuyen a tan importante acontecimiento.


1704, julio 4. Trujillo

La ciudad dijo que por quanto se halla con fixa notizia de que el Rey nuestro señor (que Dios guarde), de retirada de campaña a su corte, a de hazer tránsito por esta ciudad el día seis de este mes, acordó se hagan todas las prevenziones nezesarias de vastimentos con la mayor abundanzia que se pudieren lograr y las demás disposiziones para el rezibimiento de Su Magestad con la mayor dezenzia que la cortedad del tiempo lo permitiere, así en arcos triunfales, fuegos y luminarias y corrida de toros, si Su Magestad los permitiere. Y respecto de que antezedentemente, en la ocasión que se tubo entendido biniese de tránsito Su Magestad, se repartió el cuidado de estas prevenziones a los cavalleros rexidores, le tendrán cada uno de prevenir y disponer lo que toca, así en la abundanzia de bastimentos como en las demás cosas precisas para el más dezente festejo y rezibimiento de Su Magestad e que son en esta forma: para lo tocante a las casas del hospedaxe de Su Magestada, los señores don Françisco de Mendoza Sotomayor, marqués de San Miguel, y don Pedro de Chaves  Mesía. Para mandar hazer todo jénero de platos dulzes y prebenir las demás viandas para la real casa, al señor don Pedro de Cárdenas Portocarrero; para el aloxamiento de la real comitiba, los señores don Antonio de Orellana y Tapia y don García Antonio de Alarcón y don Antonio Risel, comisarios de guerra. Para la probisión de niebe y pan masado, a los señores don Antonio de Orellana y don Diego Quílez de Castro, abogado de los Reales Consejos, y don García de Alarcón. Para la prebención de arcos, al señor don Juan Pizarro; para la probisión de todo jénero de bastimentos, al dicho señor don Diego Quílez de Castro. Para la limpieza y adorno de las calles entrada y salida de la ciudad, al señor don Nicolás Antonio de Orozco. Para el allano y composición de los dos caminos, de Cázeres a esta ciudad al señor don Mathías de Orozco Carrasco y de ella a la villa de Jaraizejo al señor don Juan Diego Zervantes, todos capitulares de esta ciudad que están presentes. Y respecto de serlo así mismo los señores don Juan Antonio de Obiedo, del Consejo de Hazienda de Su Magestad, en cuya comitiba a tenido a esta ciudad, y don Fernando Joseph de Orellana Piçarro y Barrantes, que se halla enfermo, se les partizipe esta resolución para que concurran (como se espera) a quanto conduzca al mejor logro de lo acordado y resuelto por la ciudad. Así mismo se despachen expresos sin la menor dilazión a algunas de las villas y lugares de su partido para que se conduzcan a esta ciudad todos los mantenimientos por el dicho señor don Diego Quílez de Castro, a quien está cometido. Y se traiga del pozo de la niebe que tiene esta ciudad toda la nezesaria para que no aiga falta, demás de la que está mandada traer y remitir a la villa de Cázeres para el tránsito de Su Magestad en aquella villa. Y respecto de que Su Magestad a de comer al mediodía del domingo seis del corriente que a de entrar en esta ciudad en la venta de la Matilla, que está en su término, se remitan a ella la niebe y demás jéneros de bastimentos en abundancia, de que quiden los señores don García Antonio de Alarcón y don Diego Quílez de Castro, graciosamente y en la misma forma se dé la paxa y zebada nezesaria para la cavalleriça de Su Magestad, sus guardias y reximientos.

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 235. Fols. 95v.-97r.)

Hyacinthe Rigaud. "Felipe V". 1701. Palacio de Versalles
 

22 de diciembre de 2013

Feliz Pascua


   En tiempos de lotería y suerte, de ilusión y esperanza, de felicitaciones y deseos de paz, siempre se ha confiado en la bondad de quienes podían socorrer las muchas necesidades espirituales y materiales. Los deseos de salud y felicidad de las Religiosas Descalzas de San Antonio llegan al concejo en la Pascua de 1717.
 
1717, Trujillo
    Señor
La abadesa y religiosas descalças de Sr. San Antonio, a los pies de Vuestras Señorías en la paz de nuestro amantísimo esposo y redentor Jesús, y mui umildemente y con cariñoso afecto, desea esta pobre comunidad y a solicitado en continuas oraciones y santos egercicios en este adbiento que Vuestras Señorías logren la más feliz y espiritual Pascua de su santo nacimiento, para que este dibino Rei de las eternidades se comunique liberal a Vuestras Señorías renaciendo en sus coraçones por gracia. Y para que esto sea con el más seguro acierto, deposita nuestra pobreça en manos de nuestra dibina prelada, María Santísima de la Conçeción, el espiritual aginaldo que la cortedad de egercicios y peticiones le a consagrado nuestro afecto, para que logren Vuestras Señorías la más feliz pascua y con ella la dilatada vida en anbas saludes en su mayor grandeça quedando a sus pies.
Su más rendida y afecta sierba     
Sor Ana María del Sacramento     
 abbadesa        

Señores coregidor y capitulares

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 396.2)
 

Niños pidiendo el aguinaldo. 1930. Memoria Digital de Asturias.

30 de noviembre de 2013

Quítate tú que me siente yo


    Y de nuevo llega San Andrés, fecha tradicional en Trujillo para la renovación de los cargos concejiles. Algunos de los regidores salientes y el corregidor, siguiendo el ceremonial marcado por los Reyes Católicos, se convertirán en electores de quienes serán los regidores para los dos años siguientes.
    Sin embargo, las necesidades acuciantes de la Corona llevarán al fin de esta práctica cuando la venta de regimientos se convierta en una atractiva fuente de ingresos. El primer regidor perpetuo de la ciudad será Bernardino de Tapia, quien entrega su carta de privilegio en la sesión del ayuntamiento del 25 de enero de 1544. En los meses y años posteriores, otros miembros relevantes de la sociedad trujillana o ajenos a ella pero ligados por matrimonio y con una interesante fortuna obtenida en América, irán completando el regimiento de Trujillo.
    Pero en una ciudad en donde las parcialidades seguían vivas y las rivalidades exacerbadas en momentos puntuales por cuestiones a veces estrictamente personales y familiares, la nueva situación no trae tranquilidad al regimiento. ¿Motivo? Las sillas. ¿Dónde me siento yo? ¿Dónde te sientas tú? Un asunto que hoy nos parecería trivial desata de nuevo las rencillas. 

    El corregidor, árbitro siempre de estas situaciones, intentará poner sosiego indicando "que los regidores que fuesen del linage de los Altamiranos se asentasen a la mano derecha de la justiçia  y entre ellos se guardase la antigüedad de la presentaçión de la provisión e resçibimiento; y a la otra mano se asentasen los Bejaranos, guardando ansí mismo la antigüedad de la presentaçión de la probisión y resçibimiento y que luego tras ellos se asentasen los Añascos".  Porque parece que la cercanía física al corregidor confiere peso y preeminencia. Y aquí viene de nuevo el conflicto. Quien primero presentó su privilegio, Bernardino de Tapia, y quienes le siguieron un día después, Juan Solís y Pedro Barrantes, no son Altamiranos y esta solución les relega a los últimos asientos. Y se inician los debates y los pleitos. Tendrá que ser el rey quien finalmente determine, seis años después, la solución final: por orden de antigüedad y en un estricto reparto a derecha e izquierda del corregidor. Sólo el fallecimiento o la renuncia de un regidor permitirá "subir" en el escalafón y acercarse a la ansiada silla situada a la derecha del corregidor.

1550, diciembre 3. Trujillo

E después de lo suso dicho, a tres días del dicho mes de diziembre del dicho año de quinientos e çinquenta años, yo Joan de Villatoro, en cunplimiento del auto e mandamiento del dicho señor corregidor que mandó le traxese fe de los días, mes e año en que los regidores desta çibdad fueron presentados en este ayuntamiento por regidores, traxe ante su merçed la sobre dicha fe que es la sobre dicha.
E luego, el dicho señor corregidor dixo que bista la dicha fe por la qual consta y pareçe el tienpo en que cada uno de los dichos regidores fueron admitidos al dicho ofiçio de regidores y della pareçe ansy mesmo sus antigüedades, su merçed el dicho señor corregidor aclaraba e aclaró que conforme a las dichas sus antigüedades se asentasen en los ayuntamientos conforme a como por Su Magestad es mandado que a de ser en la manera siguiente.

Bernaldino de Tapia en la sylla primera a la mano derecha del señor corregidor.
Joan Piçarro de Orellana en la primera sylla de la mano izquierda del señor corregidor.
Juan Cortés en la segunda sylla de la mano derecha del señor corregidor.
Pedro Barrantes en la segunda sylla de la mano izquierda del señor corregidor.
Juan de Herrera en la terçera sylla de la mano derecha del señor corregidor.
Álvaro de Hinojosa en la terçera sylla de la mano izquierdadel señor corregidor.
Martín de Chaves en la quarta sylla de la mano derecha del señor corregidor.
Juan de Chaves en la quarta sylla de la mano izquierda del señor corregidor.
Don Sancho de Paredes en la quinta sylla de la mano derecha del señor corregidor.
Diego de Carvajal en la quinta sylla de la mano izquierda del señor corregidor.
Alonso Ruiz en la sesta sylla de la mano derecha del señor corregidor.
Juan de Vargas en la sesta sylla de la mano izquierda del señor corregidor.
Juan de Solís en la sétima sylla de la mano derecha del señor corregidor.
Gonçalo de Sanabria en la sétima sylla de la mano izquierda del señor corregidor.
Juan de Escobar en la otava sylla de la mano derecha del señor corregidor.
Pedro Suárez de Toledo en la otava sylla de la mano izquierda del señor corregidor.

La qual dicha horden en el asyento arriba contenido mandava e mandó el dicho señor corregidor a los dichos regidores e a cada uno de ellos que lo guarden e cumplan segun e como va declarado so las penas contenidas en la provisión real con que su merçed fue requerido, que habla çerca de la horden que an de tener en los dichos asyentos, y más de otros çien mil mrs. que a cada uno que lo contrario hiziese pone de pena para la cámara e fisco de su magestad y de suspensión de ofiçio por un año, en las quales penas dende agora dixo que los avía por condenados en ellas syn otra aclaraçión ni sentençia alguna. Y porque ninguno pueda pretender ygnorançia, manda que les sea notificado lo susodicho e que lo guarden e cunplan ansy aunque algunos de los dichos regidores estén avsentes o no vengan al dicho ayuntamiento porque, pues puede venir, es justo que halle desenbaraçado su asyento y que quando alguno de los dichos regidores falleçiese o renunçiare su ofiçio, pues por la dicha razón espira y se acaba, manda que se tenga la propia horden de antigüedad en los asyentos de manera que el que entrare o suçediere en el dicho regimiento se asyente y esté como más nuevo en la sylla más baxa y el más antiguo entre en la silla que estuviere vaca por su horden e antigüedad. Va testado o diz dicho e o diz que faltare.
Diego de Sandoval Negral de Byvero (rúbrica)

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 27.17)
 

http://www.anticoantico.com


1 de noviembre de 2013

La opinión de los médicos


Tras un primer intento de Trujillo de establecer un cementerio permanente fuera de los muros de las iglesias en 1812, las disposiciones que desde Badajoz establece el Gobierno Político de la Provincia en 1820 obligarán al alcalde constitucional de Trujillo, Lesmes Bravo, a iniciar el proceso por el que la ciudad establecería un camposanto. Considera el alcalde que es una de las atribuciones de los ayuntamientos "celar sobre que en cada pueblo haya cementerio siendo combenientemente, y no habiéndolo en esta ciudad,es indispensable disponer se realice tan útil establecimiento". 

El primer paso habrá de ser la elección del lugar idóneo que reuna las condiciones de alejamiento y salubridad necesarias. Y nadie mejor que los médicos titulares de la ciudad para que "reconozcan los sitios de estas inmediaciones y certifiquen quáles son los más apropósito para la construcción de cementerios".

La primera elección de los médicos es unánime.

1820, junio 28-29. Trujillo

Don Ramón González Trejo, médico titular de esta ciudad
Haviendo examinado cuidadosa y detenidamente todos los sitios de las inmediaciones, según se me previno por el señor don Lesmes Bravo, alcalde 1º constitucional , con el objeto de señalar el más a propósito para cementerio por reunir todas las cualidades de ventilación, buena exposición y demás requisitos de policía e higiene públicas.
Certifico. Que la cerca llamada de la Magdalena, sita entre esta ciudad y sus dos arrabales, Huertas de Ánimas y de la Magdalena, es el que reúne todas las ventajas de distancia, libre ventilación, exposición al norte y expedita corriente de este aire al mediodía, sin tocar a la ciudad, que de ordinario es combatida por el solano. Es quanto según mis conocimientos puedo decir. Trugillo y junio 28 de 1820
Ramón González Trejo (rúbrica)


Don Antonio Ríos Sierra, médico titular de esta dicha ciudad.
Cumplido con el mandato del señor Alcalde 1º constitucional, he examinado con la mayor escrupulosidad todos los sitios oportunos que hay en estas inmediaciones para establecer el cementerio,  y después de la más detenida reflexión, certifico que el referido sitio nominado de la Magdalena es el más acto al deseado objeto por llenar mejor que otro alguno los deberes de la buena policía y condiciones de la higiene; que es quanto en honor a la verdad puedo decir en esta dicha de Truxillo a veinte y nueve de junio de mil ochocientos veinte.
Antonio Ríos y Sierra (rúbrica)

Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 564.2


Sepultura de Rufino Benito Lázaro Romero. Escribano de Trujillo 1859-1884.