20 de abril de 2020

Almuerzo en la Coronada

La ciudad de Trujillo siempre ha sido parte intrínseca del berrocal, en el que pareció crecer y derramarse por sus laderas al sur y al este. Desde la ciudad, como venas que la unían a otros territorios, a otras villas y lugares, los caminos y callejas, las cañadas y veredas se fueron asentando.
Unas y otras llevaban a huertas y viñas, a los Aguijones y Colgadizos de la ciudad[1], a los lugares de su tierra y a otras villas de señorío y realengo. Pero había un camino de un valor y sentido singular que cobraba más razón de ser en el tercer día de la pascua florida. Era un camino que, arrancando de la ciudad, se extendía más allá del berrocal y el Magasca, que parece establecer un límite de identidad de ciudad y berrocal. Era un camino en el que la ciudad cumplía un voto antiguo, un camino que transitaban clérigos, regidores y vecinos. Un camino que se hacía con toda solemnidad pero también en tono festivo.
Ermita de Nuestra Señora de la Coronada
Era en un tiempo de primavera en el que el Magasca aún correría, en el que sus finas pizarras lamidas de aguas y guijarros casi se cubrirían de ranúnculos y junquillos. Pero el destino estaba aún más allá del berrocal. El final de aquella procesión festiva y casi romera -teniendo como guía el altivo pico de Santa Cruz- estaba coronando una simple loma, una loma adornada de encinas centenarias y de hermosas piedras labradas que sobresalían y crecían a medida que vecinos, regidores y clérigos se acercaban.
Siempre se aproximaban por el mismo lugar, dejando a las espaldas la ciudad y la villa encaramada en el berrocal, dejando atrás el collar de agua del Magasca que lo engalanaba, adentrándose en las tierras que querían asomarse al Guadiana. Es posible que cuando comenzaran a ver su destino les recibiera el tañido de la campana que a buen seguro aceleraba el ritmo de pasos y corazones.
Restos del ábside de la ermita de la Coronada
La ciudad llevaba la candela, el gran cirio votivo de varias libras de peso que, adornado de flores, ofrecía a Nuestra Señora de la Coronada. Siempre se ocupó la ciudad de su ermita. Pagó su retablo en 1482, dio limosna frecuente a su santero, pagó de sus rentas las obras que en ella se hicieron entre 1525 y 1529, corrió a cargo de la compra del cirio, hachas y velas llevadas en la procesión y construyó en 1485 una cruz de piedra policromada que marcaba la asomada[2] de la Coronada.
Imagen de Nuestra Señora de la Coronada.
Parroquia de San Martín. Trujillo
La procesión había iniciado su recorrido en la iglesia de Santa María la Mayor, suponemos que bien de mañana, y desde la plaza seguía por el corral de los toros, la calle Nueva, Santi Espíritu y San Lázaro, donde parte de la clerecía esperaría el regreso de la procesión para tener derecho a participar en el reparto de los 200 mrs. que la ciudad pagaba al clero por su asistencia. Clérigos y capellanes, vecinos (uno de cada casa, pedía la clerecía en 1530) y ayuntamiento en pleno se adentraban entonces en un berrocal de canchos redondeados, orlado de escobas floridas, de encinas reverdecidas y de suelos cargados de fragantes, generosos y vivaces pastos. En ese discurrir festivo, pasada la cuaresma y la Semana de Pasión, la procesión lentamente se iba alejando de la ciudad.
Porque el concejo, que cumplía ese voto antiguo con la Virgen, había de concurrir en pleno y lo cierto es que el camino se hacía largo para algunos de los regidores, pese a que el corregidor recordase, a veces de forma rotunda, que la asistencia había de ser de todos:
Que vayan los regidores a la proçesión. Este día se acordó que todos los regidores de esta çibdad que no estuvieren justamente inpedidos vayan a la proçesión, so pena de un ducado para los pobres de la cárçel”. (28/3/1580).
No lo entendió así el doctor Cohorcos, alcalde mayor de Trujillo, un día como hoy, 20 de abril, de 1607, para quien la pena impuesta por no acudir a la fiesta y procesión, aumentada a dos ducados en 1604, le pareció alta pues no siempre el deseo de algunos regidores de acudir a la Coronada era acompañado de las fuerzas físicas para hacer el camino.

1607, abril 20. Trujillo
Para que no se pueda llevar pena a los regidores que falten a la Coronada.
Este día se trató en el acuerdo que se hizo para que los cavalleros regidores desta çiudad fuesen obligados a yr a la proçesión de Nuestra Señora La Coronada con pena de dos ducados a cada uno que no fuesen a la dicha proçesión, y se ha visto por espiriençia que ay muchos ynconvenientes de llevar las dichas penas porque las llevan a cavalleros ynpedidos y que están fuera de esta çiudad en negoçios forçosos y atento que es cosa nueva el dicho auto y no bien reçibido, se acordó que de aquí adelante los cavalleros regidores desta çiudad cunplan con la obligaçión y voto antiguo que tienen fecho en yr a la dicha proçesión y que no se les lleve ni pueda llevar pena alguna a los que no fueren porque se entiende que los que no fueren a la dicha proçesión tienen justo ynpedimento para ello.
Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 66, fol. 335r.

Un esfuerzo importante para quienes llegaban a la ermita acompañando el cirio en una fiesta que no acababa ante la Virgen cuando la ciudad hacía su ofrenda, pues el concejo, generoso siempre en las celebraciones, completaba la recompensa espiritual de cumplir con la Virgen añadiendo una comida generosa de la que darían buena cuenta los trujillanos en el entorno de la Coronada.

1645 mayo 29. Trujillo
Nos la justiçia y regimiento desta muy noble y muy leal çiudad de Truxillo mandamos se le reçiban y paguen en quenta a Pedro Barvero, nuestro mayordomo de propios, en la que diere de los mrs. de su cargo, çiento y treinta y seis reales que parece se gastaron en el almuerço que se dio en la hermita de nuestra Señora de la Coronada el tercero día de Pasqua de Flores del año pasado de seisçientos y quarenta y quatro, adonde asistió la ciudad y fue con la prozesión a llevar el cirio de Nuestra Señora, conforme al parecer del señor don Juan de Solís y Vargas, nuestro regidor comisario y conforme a la carta quenta que va con esta, con ella tomando la razón el señor Juan Calderón Casco, nuestro regidor. Hecha en Trugillo en veinye y nueve de mayo de mil y seisçientos y quarenta y zinco años.
El licenciado Pedro de Laguna (rúbrica)     Don Gonzalo Antonio de Chaves Orellana (rúbrica)
                                                                                                         Juan de Tejada (rúbrica) 

Carta quenta de los mrs. que se an gastado en el almuerço del terçero día de Pasqua de Resureçión en la hermita de la Coronada este año de seisçientos y quarenta y quatro.
Un pernil de toçino, costó veinte reales. .............................................  20 reales
Diez y ocho pares de criadillas a seis quartos, onçe reales ........ 11 reales
Quatro libras de toçino para con las criadillas, çinco reales .......  5 reales
Çinco gallinas, veinte reales ..................................................................... 20 reales
Dos doçenas de choriços, veinte y ocho reales ................................ 28 reales
Tres cabritos, quinçe reales ..................................................................... 15 reales
Un queso, tres reales ....................................................................................  3 reales
Dos reales de açeitunas ...............................................................................  2 reales
Catorçe panes a veinte (ilegible)
Arrova y media de vino blanco y tinto, veinte y quatro reales .... 24 reales
 Monta çiento y treinta y seis reales ....................................................  136 reales
Pedro Barvero

Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 101.5.


[1] En 1558, Trujillo presenta como Aguijones los lugares y alquerías de Marta, Pascual Ibáñez, Aldea del Obispo y Tozo, mientras que bajo la denominación de Colgadizos se nombra a Madroñera, Torrecillas, Aldea Nueva y Centenera.
[2] Asomada: lugar desde el cual se empieza a ver algún sitio

24 de febrero de 2020

Albricias y alegrías

Bernard Van Orley. Retrato adolescente
de Carlos V, Museo del Louvre.
 Fuente

Carlos I de España nació durante un baile, en el palacio Prinsenhof de Gante, el 24 de febrero de 1500, en uno de los más peculiares partos que nos relata la historia. En una letrina, sin ayuda de parteras o comadres, la archiduquesa Juana de Castilla debió comprender pronto que sus dolores de vientre no eran fruto de una mala digestión sino del deseo de su segundo hijo de venir al mundo.
Extraño lugar para nacer de quien habría de convertirse en el monarca de los reinos hispanos y llevar la corona del Sacro Imperio. También fue un 24 de febrero, en 1530, la fecha elegida para que el papa Clemente VII le coronase como emperador en Bolonia, aunque la historia de su elección comenzó once años antes al fallecer su abuelo Maximiliano.
Apenas seis meses bastaron para que los dineros de Carlos asegurasen su elección frente a otros candidatos a ceñirse la corona imperial, noticia que el joven monarca recibió en Barcelona. Los siete grandes electores designaban en Fráncfort el 28 de junio de 1519 a Carlos de Habsburgo como rey de Romanos, soberano del Sacro Imperio Romano Germánico.
Y el mismo día en que se recibía la noticia en la corte, miércoles 6 de junio, tres cartas salían de Barcelona para dar a Trujillo tan buena nueva.
Diego de Cañizares, “repostero de camas” de su alteza, hizo un largo camino para llegar a Trujillo, suponemos que entregando otras con el mismo contenido en otras ciudades de su recorrido. El 28 de julio el corregidor Bernaldo del Nero hacía llamar a sus regidores y les convocaba en las casas del concejo para conocer lo que decía la cédula real. Solo cuatro regidores pudo hallar el pregonero Andrés de Miranda en la ciudad, “que los buscó por mandado del dicho señor corregidor”.
El corregidor del Nero, Luis de Chaves, Juan Pizarro, el licenciado Herrera y Francisco de Gaete, junto a los escribanos del concejo, conocieron entonces lo que el ahora rey y futuro emperador les hacía saber:

    1519, julio 28. Trujillo.

                                                                El Rey
Conçejo, justiçia, regidores, cavalleros, escuderos, ofiçiales y omes vuenos de la çibdad de Trugillo. Antes del falleçimiento del enperador mi señor, su çesárea magestad, con el grande amor que me tenía, deseó mucho que yo en su vida fuese electo Rey de los Romanos, porque después de su falleçimiento, sin contradiçión oviese el ynperio e ansi habló sobrello a los eletos sin avérselo yo pedido ni suplicado; y el fallesçido, porque otros prínçipes que sabían de la dicha negoçiaçión trabajavan no solo en ser ello elegidos pero en hazer contradiçión para que yo no lo fuese, paresçiéndome que asi por lo que tocava a mi onra como por el vien destos mis reynos e señoríos y paz y sosiego e acreçentamiento dellos y por los ynconvinientes que se pudieran seguir si otro de los que lo proseguían fuera elegido, hera bien acabar lo que su çesárea magestad avía començado y asy enbié en Alemania mis enbaxadores con los quales provey todo lo que me pareçió convenía al bien del negoçio; agora a plazido a Nuestro Señor que sea ya acabado e yo soy elegido al ynperio, lo qual acordé de vos hazer saber por el plazer que sé que resçibireys dello como lo aveys resçibido de todas las otras cosas que en mi acresçentamiento an suçedido por que esta unas de las mayores dellas. De Barçelona a seys de julio de quinientos e diez e nueve años. Yo el Rey. Por mandado del rey, Françisco de los Covos.
Al conçejo, justiçia e regidores, cavalleros, escuderos, ofiçiales e omes buenos de la çibdad de Trugillo.  
Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 3.1. Fol. 558r.

Leída la carta, se produce entonces un ritual que se repite cada vez que una misiva real llegaba a la ciudad, situándola sobre sus cabezas y besándola. Era tiempo de hacer partícipes a los trujillanos de la buena noticia y que la ciudad mostrase su alegría:
“...mandaron repicar las canpanas de todas las yglesias de la dicha çibdad e mandaron linpiar las calles e çesar los ofiçios de los ofiçiales e mandaron que a la noche se hagan e pongan muchas candelas por las calles e puertas e ventanas para prinçipio de las dichas alegrías e comunicaron e hablaron que se hagan proçesyones e otras muchas alegrías que dixeron que harían quando ovieren oportunidad e aparejo”[1].
Oportunidad y aparejo, pero sobre todo dinero, porque tales alegrías, como tantas veces, se harían a costa de las arcas del concejo. Y lo primero sería “pagar” por la noticia, ya que en las  otras dos cartas que salieron de Barcelona el 6 de julio, y que portaba Diego de Cañizares, se hacía saber quién debía ser el destinatario de las “albricias”, ese regalo que, nos dice el diccionario, se da -pidiéndose o no- por alguna buena nueva a quien trae la primera noticia de ella.  
Ninguna de esas cartas las mandaba el monarca. La primera venía firmada por Charles de Poupet, camarero primero del rey y señor de La Chaulx, haciendo saber a la ciudad, “como a una de las más nobles e leales e que más se a de alegrar”, el encargo del monarca de que él remitiera mensajero con la misiva real y poniéndose a su disposición “con todo el serviçio que yo pueda e ansí lo conosçerán quando en esta corte algo me quisieren mandar”.  Porque es al señor de La Chaulx a quien su majestad había hecho merced de tales albricias, según informaba en la tercera carta el marqués de Aguilar y conde de Castañeda al corregidor del Nero, pidiendo a éste, “como vuestro amigo... trabajeys con esas villas porque lo hagan muy bien”, teniendo por seguro que la generosidad de Trujillo con el señor de La Chaulx podría ser útil a la ciudad, ya que era “persona que lo sabe a bien pagar, pues tiene logar para ello e condiçión”.
Coronación de Carlos V como
Rey de Romanos en Aquisgrán. 1520
No sabemos si al señor de La Chaulx le parecieron bastantes los 30 ducados de oro que los regidores trujillanos le dieron de albricias, pero fue tanto como costaron cuatro de los diez toros que se corrieron en las celebraciones por el rey Carlos.
Y no fueron solo toros. Alonso Gallego, pintor, vino de Almaraz a pintar los escudos con las armas reales que luego Ventura González asentó en el pendón de la ciudad, se limpió de piedras la plaza y uno de los escribanos, Juan de Caramaño, recibió el encargo de buscar los músicos para la fiesta (en Béjar, “Toledo e a Guadalajara e a Medinaçeli, donde quiera que los fallare”) además de informarse “de lo que se a hecho en las dichas fiestas en la çibdad de Toledo y las albriçias que dieron y sy el corregidor e regidores e otras personas del cabildo tomaron libreas a costa de la çibdad”, porque las alegras﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽as alegrara la fiesta, ademaraz a pintar los escudos con las armas reales que luegoGaetee julio el corregidor Bernaldoías habrían de coincidir con la celebración más importante de la ciudad, Nuestra Señora de agosto.
Cuatro trompetas, dos atabales y cuatro ministriles, pagados por la ciudad, hicieron especial ese quince de agosto, aunque las actas nos hablan también de unas fiestas y procesión diferente a las de otros años:

1519, agosto, 8. Trujillo
Fiesta de negros.
Este día mandaron los dichos señores que porque la fiesta del día de Nuestra Señora de agosto sea más reguzijada por la eleçión del rey nuestro señor del ynperio, que mandavan e mandaron que todos los negros y negras desta çibdad vayan dançando en la proçesión, so pena de cada dozientos mrs. a cada uno a su amo que no los enbiare.
Fiesta.
Otrosy que los conçejos del Erguijuela y La Çarça y Garçiaz y Santa Cruz y El Puerto y Yvafernando y La Cunbre enbíen para el dicho día de Santa Marí﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽aricho drça y Garçiaz y Santa Cruz y El Puerto y Yvafernando y La Cunbre enboçesinpien todas las fuentes rs e otros ofía todos los moços e moças bien adereçados con los tanbores y gaytas y panderos y sonajas las moças para que vayan en la proçesión dançando y reguzijando la fiesta, so pena de cada çinco mil mrs. a cada conçejo que no lo cunpliere y que luego lo irán a esecutar.
Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 13.1. Fols. 241v-242r.




[1] “Ayuntamiento para quando vino la çédula de su alteza sobre la heleçión de enperador”. AMT. Leg. 13.1, fol. 235v.