1 de abril de 2015

Regalo de Jueves Santo

        Semana Santa de 1656. Penitencia, procesiones... y buenas viandas. El Sábado Santo de ese año, el corregidor de Trujillo, don Diego de Guzmán y Velasco, daba cuenta de la estancia del Duque de San Germán, General del Ejército de Extremadura, en la cercana villa de Santa Cruz de la Sierra el día de Jueves Santo. De paso o de visita, era deber de la ciudad acudir a saludarle, presentarle sus respetos y honrarle con obsequios. Carga importante esta última para una ciudad con escasos caudales por “los continuos travaxos que padeze y a padezido en que le a puesto la sublebazión y levantamiento del Reyno de Portugal”. Pero todo sea por agasajar a tan ilustre visitante. Ocho cajas de dulces y pastas, quizás también fiambres, y unas docenas de chorizos que proporcionaron las monjas de Santa Clara, y unos buenos jamones de esta tierra debieron hacer grata y sabrosa la estancia en Santa Cruz de don Francisco de Tuttavilla y del Rufo y su esposa Catalina de Cárdenas y Colón.


http://www.tuttoantiquariato.com/incisione_francesco_tuttavilla_duca_di_san_germano.htm

1656, abril 15. Trujillo
La ziudad acordó se libren en propios mil y zinquenta y un reales y medio para la paga de diez y ocho cajas de colazión, diez y ocho dozenas de churizos y diez y ocho jamones que se an remitido de regalo al excelentísimo señor don Françisco Totavila, duque de San Jermán, Governador de las Armas del Real Exérçito de esta Provinzia de Estremadura a la villa de Santa Cruz de la Sierra, a tres leguas desta ziudad, donde asistió el Jueves Santo desta semana con la señora doña Catalina de Cárdenas, su mujer. La qual dicha cantidad se a de destribuir en esta forma: del prezio de las cajas y churizos que se compraron del convento de monjas de Santa Clara, setezientos y sesenta y dos reales; de los diez y ocho jamones que se compraron a Françisco Pérez Delgado del tozino, dozientos y sesenta y zinco reales y medio y los veinte y cuatro reales restantes de serones, costales y portes del harriero que lo llevó a dicha villa. Y atento de prompto no ay dinero con qué satisfazer de la cantidad de los propios desta ziudad, se saque prestada de los arbitrios de la vellota de sus montes y Françisco Gómez de Mora, rezeptor dellos los dé y pague y Antonio Muriel, mayordomo de dichos propios le haga recados para bolver dellos y de lo que prozediere de sus rentas este año los dichos mil y zinquenta y un reales y medio. Y si al tiempo que se tomare la quenta de los dichos arbitrios al dicho Françisco Gómez de Mora no se le huvieren buelto y satisfecho por el dicho mayordomo de propios, se le pasen en ella al suso dicho en virtud de la libranza que se despachare con inserzión deste acuerdo.
(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 75.1. Fol. 41)

19 de marzo de 2015

Nueva puerta en la “villa”

    El espacio amurallado de Trujillo, la “villa”, se abre y desborda cuando la población crece y busca hacia el mediodía un nuevo espacio en el que asentarse.
    A finales del siglo XV encontramos una “villa” a la que se accede por tres puertas principales: la de Fernán Ruiz (luego arco del Triunfo), la de Santiago y la de Santa Cruz, que luego se llamó de la Vera Cruz y de San Andrés. Junto a ellas, la puerta de Coria permitía el acceso a los prados de la Magdalena, la fuente Alba y el camino a Cáceres, mientras que las puertas Alba y del Sol, junto al castillo, cumplían un importante servicio a la fortaleza.
    En marzo de 1486 se arregla la puerta de Fernán Ruiz. Una gran piedra dificulta el paso y dos alarifes de la ciudad, Abraín y Alí de Orellana, recibirán el encargo del concejo de reparar la puerta.
    Pocos meses después, en julio, las murallas de Trujillo vuelven a abrirse y una nueva puerta se ofrece a los trujillanos, aunque la decisión de hacerlo no fue tomada en la ciudad. La historia de la puerta de San Juan, como se llamará a la nueva entrada a la villa, comienza unos meses antes, cuando ante los reyes se presentan varios caballeros trujillanos: Sancho de Carvajal, arcediano de Plasencia, Gutierre de Carvajal, García de Vargas, Diego Pizarro, Diego de Carvajal y Diego de Orellana. Llevan ante la corona la voz de otros muchos caballeros de la ciudad "que viven e moran de los muros adentro della, al barrio de arriba, a la parte de la fortaleza". Su queja es clara: el mercado está en la plaza, en los arrabales, y allí han de acudir los vecinos de la “villa” para abastecerse de toda clase de mercaderías. Pero "para deçender a la dicha plaça e arraval avían de pasar e salir por una puerta de la dicha çibdat que se llamava de Santiago". Y ahí estaba el problema.
    Porque cada una de las tres principales puertas que en ese momento tenía Trujillo aparecían controladas por familias integradas en cada uno de los tres linajes en torno a los cuales se organiza la vida social y política de la ciudad. Los Bejarano ejercían su control sobre la puerta de Fernán Ruiz desde la morada de los señores de Orellana de la Sierra. Los Añasco, desde la casa de los Escobar, lo hacían sobre la puerta de Santa Cruz. Y la de Santiago, la de más fácil acceso y la de más perfecta defensa, aparece en todo momento bajo el control del linaje Altamirano a través de la familia Chaves. Luis de Chaves el viejo, miembro principal de la familia en esos momentos, “tenía sobre la dicha puerta una casa fuerte con dos torres, la una de las quales dichas torres avía fecho nuevamente e que estava en su mano del dicho Luys de Chaves que ellos saliesen e enbiasen a la dicha plaça e arraval o no, porque no avía otra puerta por donde saliesen syn rodear toda la dicha çibdat”.
    Porque en Trujillo es tiempo de enfrentamientos, altercados, venganzas. Diferencias entre familias que hacen inseguro pasar por la puerta que controla tu adversario. 
    Acceder a la plaza para comprar mercancías en su mercado pasando por la puerta de Santiago podía ser para algunos una aventura peligrosa: “algunas vezes acaesçía que por salir por la dicha puerta se recreçían en la dicha çibdat muchas muertes e ruydos e otros escándalos”.
    Por ello habían acudido a los reyes solicitando un paso seguro, una puerta de acceso a la plaza que les permitiera eludir el peligro de la de Santiago.
    Tras demandar información sobre el asunto del bachiller Juan López Navarro, el Consejo de Castilla decide a favor de la propuesta de los caballeros trujillanos: “E por quanto se falló que la puerta era neçesaria para los vezinos de la dicha çibdat e que en ello no se fazía perjuizio a esta dicha çibdat e vezinos della,  fue acordado que se devía abrir el postigo que está entre al alcáçar desa dicha çibdat e la puerta de Santiago, donde otra vez fue abierto e ronpido el muro”.
    El 13 de julio de 1486, Cristóbal Pizarro, el hijo de Diego Pizarro, presenta ante el corregidor, el alcalde y los regidores la carta de sus majestades que ordenaba a Trujillo la apertura de la nueva puerta. Reunidos bajo el portal de San Martín y siguiendo el ritual acostumbrado en estos casos, el corregidor Lope Sánchez del Castillo, el alcalde Garçerán Fernández  de Orihuela y los regidores, a excepción de Juan Núñez de Prado, cercano a Luis de Chaves, “tomaron la dicha carta de los dichos señores rey e reyna en sus manos e besaronla e pusyeronla sobre sus cabeças e dixeron que la obedeçían e obedeçieron asy como a carta e mandado del rey e reyna nuestros señores”
    Con el nombre de puerta de San Juan, la nueva salida de la “villa” tuvo un coste de 20.000 mrs. y el moro Cabezudo sería el encargado de su obra.


1486, julio 15. Trujillo.
E luego el sábado siguiente a quinze días del dicho mes de julio del dicho año, los dichos alcalde e alguazil fueron con çiertos moros albañires a abrir e abrieron el dicho portyllo por el lugar que fue abierto e que dezía la dicha carta, e pidieronlo por testimonio etç. Testigos, Ferrando Castro, barvero, e Juan del Alcalde e Ferrando, omes del dicho alguazil.
(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 5.1. Fol. 63)


Situación actual de la puerta de San Juan

26 de enero de 2015

Capeas en Carnavales


Trujillo siempre festejó las alegrías con toros. ¿Qué se celebraba?. Daba igual: se ha tomado Bujía, ha parido la reina, el papa ha hecho santo a Pedro de Alcántara, es el día de San Gregorio, o de San Juan, o la Virgen de Agosto, hay una nueva constitución o el rey ha vuelto y la ha derogado. Cualquier motivo era bueno para que los trujillanos asistieran a las capeas.

Capeas en la plaza. Ningún espacio recoge mejor la historia de esta ciudad que su plaza. Fue del arrabal primero, Plaza Mayor después. Plaza del Rey o de la Constitución, según la ocasión. La plaza es el mercado, es la fiesta, es el rollo que en ella estuvo primero. Es la voz de los pregones, de las alegrías, de los lutos. En ella estaba el corral de los toros, dispuesto para capeas.

En 1874 se acercan los carnavales y de nuevo Trujillo se prepara para sus capeas. Es necesario cerrar la plaza y todo debe estar dispuesto. La comisión que el ayuntamiento ha nombrado para este asunto elabora las condiciones a las que habrán de ajustarse los carpinteros que deseen concurrir a la subasta de los trabajos necesarios en la plaza. Aunque este año habrá problemas. Abierta la subasta, nadie se muestra interesado por quedarse con el trabajo. Es más, se dice "que la mayor parte de los carpinteros de esta ciudad se han concertado para no presentarse, aun en el caso de que se anunciase segunda subasta por conceptuar que es ínfimo el precio señalado como maximun en la condición quinta". Las 125 pesetas presupuestadas por el ayuntamiento les parece poco. ¡Si fueran 200...!.

Pocos días después, ante la comisión organizadora se presentan tres maestros alarifes, Juan Lozano Mata, Antonio Gutiérrez Quintero y Manuel Mariño y Mariño. Ellos harán el trabajo con las cláusulas y condiciones anunciadas, "no movidos por el deseo de lucro sino más bien como un acto de deferencia a los Sres. de la Comisión en particular y a todo el Municipio en general, teniendo en cuenta además que se trata de un acto de que ha de participar o disfrutar todo el pueblo en general y que es antigua la costumbre de que se verifique todos los años en esta población".

En 1874, Trujillo no se quedó sin capeas de carnaval.  

Capea en la Plaza Mayor. 1928

1874, febrero 2. Trujillo

Ciudad de Trujillo.                                                                                              Año de 1874
Expediente de subasta para el cierro de la Plaza con objeto de celebrar la función de capeas.

Decreto. Trujillo, 2 de febrero de 1874
Para el cierro de la Plaza con el objeto de celebrar la función de capeas en el prócsimo Carnabal, según antiquísima costumbre en esta ciudad, y para lo cual se halla la correspondiente consignación en el presupuesto Municipal, sáquese a pública licitación dicho cierro, bajo las condiciones siguientes.
1ª. Dicho cierro se ejecutará con madera de cuartón y tabla que ofrezcan la mayor seguridad, debiendo estar terminado en todo el día catorce del corriente mes.
2ª. La plaza ha de ser cortada desde la esquina de la casa del Sr. Marqués de la Conquista que da frente al Pesillo, hasta la conclusión del portal nominado del lienzo, según es costumbre.
3ª. Será también de cargo y cuenta del rematante la construcción de un palco para los individuos de la Corporación Municipal y su dependencia, como así bien la de la jaula que se hace en el medio de la Plaza y la de los encerraderos o cosiles para las reses, todo en los sitios de costumbre.
4ª. Si por cualquier causa la autoridad conceptuase prudente y oportuno el que hubiese una cuarta capea, el miércoles de ceniza, además de las que se han de jugar en los tres días precedentes del Carnabal, la plaza continuará cerrada durante los insinuados cuatro días, sin que el rematante tenga derecho alguno para exigir el más leve aumento a la cantidad que a continuación se prefija como mayor precio o tipo del remate.
5ª. Dicho precio o tipo máximo es el de quinientos reales vellón que se fijan de presupuesto, sin que sea admisible postura alguna más allá o que esceda del mismo.
6ª. Si por efecto del mal tiempo, o por otro motivo, después de cerrada la plaza no se pudiese lidiar ninguna capea, o se hiciese solo respecto de una o dos, el contratista sin embargo tendrá derecho a percibir íntegro y sin rebaja alguna el precio objeto del remate.
7ª. Mencionado precio será satisfecho al rematante al día siguiente de verificada la última capea y cerrados que fueran los hoyos de la plaza y calles que se abran para clavar los cuartones y portones, cuya operación será de cuenta y cargo del dicho rematante, sin poder exigir por ello el menor aumento ni retribuciones respecto al tipo prefijado en cuanto al remate.
8ª. Y finalmente, dicho remate se verificará el día ocho del mes que rige, de once a doce de su mañana en las Salas Consistoriales, dándosele la debida publicidad o anunciándose por medio de pregones.
Lo mandó y firma el Sr. Alcalde D. Manuel María Grande, de que yo el Secretario certifico.
Manuel María Grande (rúbrica) Eugenio Sanz García secretario (rúbrica)

Nota.  En el día cinco de espresado mes y año, fueron puestos los oportunos edictos anunciando esta subasta en los sitios de costumbre, de que certifico.
Sanz (rúbrica)

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 1211.1)


23 de diciembre de 2014

Noche de paz, noche movida


Viendo lo dispuesto en 1870 por la autoridad trujillana para noches tan señaladas, la llegada de la Navidad, Año Nuevo y Reyes ha supuesto a veces para los integrantes del ayuntamiento no pocos quebraderos de cabeza que parecen tener su origen en tabernas y casas donde se vendían bebidas. Evitar borracheras, riñas y pendencias era el objetivo a cumplir.

Las disposiciones que para esos días establecía el alcalde primero de la ciudad, Isidro Sainz de Rozas, pretendían asegurar el orden público. La autoridad velaría por ello aun a costa de pasarse noches tan señaladas haciendo guardia en el ayuntamiento y patrullando la ciudad.


1870. Trujillo

Prevenciones para la noche de Navidad
1º. Se publicará o advertirá a las tabernas y casas de bevida que cierren a las 8 de la noche y el público se surta durante el día y horas 1as. de la noche, bajo una multa que designe la Autoridad a las casas de benta de bevidas y tabernas.
2º. Dos señores alcaldes vigilarán la población con farol de ronda y dos guardias civiles al efecto que solicite al comandante de ella.
3º. Un señor alcalde saldrá de ronda con espresada fuerza y otro estará en el ayuntamiento, y dos regidores marcharán por otro lado distinto y con dos municipales harán dicha ronda las dos horas 1as. de la noche, y luego lo hará el señor alcalde que haya quedado en el ayuntamiento otras dos, y desde las 10 a las doce de ella bolverán a practicarla los dos regidores y un señor alcalde, y el primero asistirá a la misa quedando uno en el ayuntamiento.
  Concluida la misa regresará a el ayuntamiento, y recibido los partes sin nobedad se retirará a descansar, pero quedará uno de guardia en dicho ayuntamiento y un regidor hasta por la mañana.
  Los municipales se situarán en el ayuntamiento y dos guardias más, para si gustasen salir otra patrulla de 2 a 4 de la noche, permaneciendo dicha fuerza y señores concejales hasta las 6 de la mañana que se retirarán.
  Los serenos darán el servicio diario recorriendo las calles y vigilando más que otros días.
  Pues estas advertencias que indico son todas medidas preventibas y para evitar borracheras y quimeras en noches tales.
4º. 1º y 2º día de Pascua, desde anochecer hasta las 12 o una de la noche, deverá de haber alguna patrulla para evitar, haciendo que  dichas casas de bevidas se cierren a las 8 de la noche.
5º. El día de Año Nuevo y Reyes se efectuará lo mismo que los dos días de Pascua.

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 560.1)


Felicitación de Navidad del sereno. 1900-1910. Cromolitografía. Eph/514(93)
 

30 de noviembre de 2014

Y al final, las gallinas


30 de noviembre, día del glorioso apóstol San Andrés, patrón de la ciudad de Trujillo. En la sala alta del viejo ayuntamiento, tras haberse celebrado misa cantada con diáconos y tocado la campanilla, como era costumbre, se reúne el corregidor y los regidores. Los escribanos dan fe de lo que allí se decide.
El 30 de noviembre de 1700, el corregidor de la ciudad es Rodrigo de Torres Mesías y Heredia, caballero de la orden de Calatrava. Hace ya algunos siglos que los regidores no se eligen en Trujillo, que no se asiste a aquel curioso ceremonial que cada dos años renovaba los cargos concejiles. Pero San Andrés seguía siendo el inicio y final de contratos y nombramientos en el ayuntamiento y a ello se dedican don Rodrigo y los once regidores que ese día le acompañan.  Se eligen alcaldes de la Santa Hermandad del estado noble y el estado llano, el capellán que habrá de celebrar en el año siguiente  las misas que preceden a la reunión del concejo y las que se ofician en la cárcel, el mayordomo de propios, los porteros del ayuntamiento o las diversas comisiones y competencias que cada uno de los regidores detentarían hasta el siguiente día de San Andrés. Cuando ya está casi todo acordado, una última cuestión requiere la atención del ayuntamiento: las gallinas. Sí gallinas. 1264 en total que la ciudad ha recibido como adehala, como parte del precio en el que se fijaron los arrendamientos de las dehesas de propios, las dehesas caballerías.  Es ahora decisión del ayuntamiento su reparto, no muy diferente al que año tras año se ha venido haciendo en este día de San Andrés.



1700, noviembre 30 Trujillo.

Haviéndose traydo a este ayuntamiento una certificazión del contador de propios por donde consta que en este presente año ay mil ducientas y sesenta y quatro gallinas de adeala de los arrendamientos de las cavallerías propias de esta ciudad, acordó se repartan entre los señores correxidor y cavalleros rexidores que están en actual exercicio de sus oficios, incluyéndose en dicho repartimiento los señores D. Antonio de Orozco, Don Juan Manuel Zervantes y Don Francisco de Chaves, rexidores que fueron desta dicha ciudad y fallecieron en este presente año, para que sus herederos las perziban, sacando de ellas primero nobenta; que se an de dar las diez y ocho al señor alcalde mayor, quarenta y ocho a los dos escrivanos de ayuntamiento por mitad, ocho al abogado de la ciudad, ocho a el contador y otras ocho a las relijiosas descalzas, las quales se bajaron y quedaron que repartir mil ciento y setenta, que repartidas entre el dicho señor correxidor y diez y siete cavalleros rexidores, que son los del margen, tocaron a sesenta y cinco gallinas cada uno. Y la ciudad acordó que por no haver sobrado del dicho repartimiento, cada uno de dichos señores se le dé una menos de las que les an tocado, y éstas, que vienen a ser diez y ocho, se den las seis al padre fray Pedro Salguero, de la horden del señor San Francisco, que zelebra las misas de la sala, otras seis al hospital de la Charidad y otras seis al colegio de pobres niñas huérfanas.

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 231, fols. 127v-128r.)

 
Gallina negra castellana. www.agronewscastillayleon.com

16 de noviembre de 2014

La oscuridad de la letra antigua


El 20 de febrero de 1702 salía de Plasencia, camino de Trujillo, Manuel Francisco de la Espada Jerardino. Tenía asegurada en esta ciudad el pago de la posada y de cuantos gastos hiciera en ella, además de un salario de dos ducados al día. Las gestiones para su venida las había realizado el propio corregidor de Trujillo, Rodrigo de Torres Mesías Heredia, quien durante una visita a Plasencia concertó con Manuel Francisco de la Espada su salario y su trabajo. "Persona de grande inteligenxia en letras antiguas", dicen las actas de él. Porque a eso vino, a leer esos papeles de letra antigua "que por su obscuridad no se puede comprehender lo que contienen". Y no era capricho ni curiosidad lo que movía al ayuntamiento (entonces escaso de fondos) a recurrir a este vecino de Plasencia para que buceara en los fondos de su archivo.

Conocer los documentos significaba asegurar los derechos de la ciudad, sus propiedades y prerrogativas y así lo razonaba su ayuntamiento: “por lo que puede importar al derecho de la ziudad en lo presente y subzesivo la claridad de dichos instrumentos y papeles”. Setenta y nueve días se detuvo en esta ciudad y trabajó en su archivo, donde aún se conserva su copia del Libro Negro y deslindes de algunas dehesas caballerías.


1702, mayo 6. Trujillo

Sobre la satisfazión de Manuel Francisco de la Espada por los trasumptos de diferentes papeles del archivo.
La ziudad dixo que por quanto vino de su horden a ella Manuel Franzisco de la Expada Xerardino, vezino de la de Plasenzia, persona yntelixente en la comprehensión y lectura de letra antigua, a la explicazión y traduzión de diferentes ynstrumentos antiguos que tiene en su archivo escritos de letra de aquellos tiempos, que por esta razón no tenían fázil compreensión e yntelixenzia de su contenido y el suso dicho los leió y tradujo a la letra moderna de estos tiempos, expezialmente aquellos que parezió ser más combeniente el traduzirlos, como fueron los que se contienen en el libro intitulado el negro y diferentes deslindes y amojonamientos de cavallerías, y haviendo concluido con esta obra, acordó se le satisfaga y pague su travajo  a razón de dos ducados a el día, desde veinte de febrero que salió de la dicha ciudad de Plasenzia hasta nueve de este mes, que son setenta y nueve días en que se yncluien los de yda y buelta a dicha ziudad, y además dello, se le pague la posada y la costa que a echo en ella el tiempo de su detenzión. Y así mismo se pague a Antonio Cantero, ofizial de la pluma, que a escripto dichos trasuntos, y al presente escrivano que los a autorizado, y para todo ello se libren en propios dos mil quatrozientos y sesenta y dos reales en esta manera= mil setezientos y treinta y ocho a el dicho Manuel Franzisco de la Expada por los dichos setenta y nueve días a la dicha razón de dos ducados cada uno; ziento y zinquenta reales al dicho Antonio Cantero con los quales y ziento y sesenta que tiene rezivido de otro efecto hazen trezientos y diez de su travajo; trezientos y quatro del güespede de la posada del dicho Manuel Franzisco; ziento y zinquenta a Manuel Antonio de Padilla, presente escrivano de este ayuntamiento por el travajo de haver autorizado dichos ynstrumentos; zien reales a Juan Sánchez Matheo, mayordomo de dichos propios, por los mismos que de horden de esta ziudad dio para ayuda al gasto de la posada del dicho Manuel Franzisco, y los veinte reales restantes por la enquadernazión del trasunto del dicho libro negro.

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 233, fols. 43v-44r)


1 de noviembre de 2014

Cementerio en el castillo

Prestos a cumplir las disposiciones emanadas de las Cortes de Cádiz, el ayuntamiento trujillano, con su corregidor presidente Lesmes Bravo a la cabeza, se dispuso en 1812 a elegir un lugar conveniente donde establecer un cementerio. Desde Cádiz se urgía para que cesasen los enterramientos en las iglesias y el procurador síndico del común de Trujillo, Manuel González, propuso en marzo de ese año "que el sitio más aparente para el cementerio es el combento arruinado de relijiosos Descalzos por estar en un sitio muy alto fuera de la población y no perjudicar a ningún mineral de aguas".

Lo cierto es que una ciudad devastada por la guerra ofrecía múltiples espacios vacíos tanto en sus inmediaciones como dentro del propio núcleo y todo parece indicar que el ayuntamiento se decantaba por "la guerta del combento arruinado de la Coria".

 Sin embargo, como ocurrirá años después, los regidores trujillanos prefirieron basar la decisión en la opinión experta de los médicos de la ciudad, que habrán de evaluar los distintos lugares que ofrecían el espacio apropiado para un camposanto.

1812, junio 16. Trujillo
Se bio la certificación de los médicos D. Manuel Malo de Molina y D. Antonio de los Ríos Sierra a consequencia del reconocimiento que han echo de la cerca del combento de Magdalena, guerta del de San Francisco el Real y cerca de la fortaleza, y resultando de dicha certificación que los facultativos allan aparente para Campo Santo la cerca de la fortaleza por las combinientes razones que expresan, se acuerda que uno de los escribanos pase a recojer la llave de D. Diego Cisneros, que ésta se ponga en poder del Sr. Vicario para que haga se formen otras por los señores curas párrocos, recojiendo cada uno la que le corresponda, inmediatamente se bendiga el Campo Santo a cuyo fin se pasará el correspondiente oficio de política y enseguida se ponga una puerta aparente al caso, con una cruz sobre ella que demuestre el sitio que encierra. Que a la mayor brebedad se componga la ermita que se alla dentro de referida fortaleza, a cuyo fin se da comisión al Sr. Regidor decano por el celo que ha manifestado en esta grande obra que de ella depende un gran beneficio al vecindario, confiando el Ayuntamiento de su esactitud se haga todo a la mayor brebedad valiéndose de los medios que juzgue oportunos en representación de este Ilustre cuerpo.
Esto acordaron y firmaron sus señorías. Damos fe.
Bravo (rúbrica)   Gordo (rúbrica)    García (rúbrica)    Calderón (rúbrica) 
González (rúbrica)     Rentero (rúbrica)
Ante nos
Josef Cecilio Bernet y Garzía (rúbrica)  José Secos Bueno (rúbrica)

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 414, fols. 26v-27r)

La decisión estaba tomada. El castillo, la fortaleza trujillana, acogería en sus muros el nuevo cementerio de la ciudad. Se adecentó el recinto y se hicieron las obras "con la seguridad y decencia posible". El día 7 de agosto de 1812 "sólo falta la lizenzia para vendecir el terreno" y esa licencia llegaba pocos días después desde Plasencia, autorizando el obispado a bendecir el cementerio de la fortaleza.

Es éste el momento en que surgen los problemas para el proyecto. Quien se consideraba el legítimo dueño del castillo, el marqués de la Conquista, reclamó el reintegro del "libre uso del cercado y fortaleza que se ha elejido para cementerio" alegando que, como Alférez Mayor de la fortaleza, le correspondía el pleno dominio del recinto.

Ante esta reclamación, la ciudad se reafirma en su propiedad, no considerando al marqués dueño de los muros y terrenos que cierran, pese al título que detenta, y que sólo por "un género de obsequio a su persona se le ha permitido tener la llave de la referida fortaleza cuando ha habido puertas, habiendo servido de recreo a su persona y familia". No le asistía por tanto, a juicio de la ciudad, ningún derecho a tal reclamación y ningún otro terreno ofrecía las mismas ventajas para el establecimiento del camposanto. Por ello acordaron seguir el recurso que ante los tribunales había iniciado Jacinto de Orellana Pizarro, marqués de la Conquista, "hasta lograr lo acordado por el ayuntamiento, el qual no puede desentenderse de sus regalías y privilejios".
Hoy el castillo no acoge el cementerio; las disposiciones de las Cortes de Cádiz quedaron sin efecto tras la guerra, el marqués vio reconocido su derecho y la ciudad hubo de abandonar el proyecto.



Sepultura de Clodoaldo Naranjo Alonso. Sacerdote e Historiador. 1878-1946


13 de octubre de 2014

Pocas liebres en el berrocal


Dicen las ordenanzas trujillanas que en las tierras de la ciudad y sus montes "se crían asy de perdizes e palomas como de liebres e conejos e venados". En un tiempo en el que la caza menor suponía parte del sustento de los vecinos y parte del abastecimiento de la ciudad, el concejo no duda en establecer prescripciones sobre el modo en el que se ha de cazar y el valor que las piezas de caza han de tener en su mercado.

La preocupación del concejo es constante, especialmente en algunos entornos próximos que constituyen parte de la despensa de la ciudad, el berrocal. Su proximidad y consideración de terreno común, su valor para algunas especies de caza y la presión que ello podía suponer sobre otras obliga al concejo a señalar infracciones y graves penas a quienes cacen liebres de modo irregular, evitando así que la "abundancia se torne en esterilidad".


1514, diciembre 1. Trujillo

Este día mandaron los dichos señores que porque está la caça muy estruyda en toda la tierra, que ninguno sea osado de caçar liebres con redes ni cuerdas en todo el berrocal y en quatro leguas a la redonda desta çibdad, so pena de perder los perros y redes y cuerdas, y más seysçientos mrs. por cada vez, el un terçio para el acusador y el otro terçio para el juez que lo sentençiare y el otro terçio para la çibdad y que aya lugar pesquisa; y mandaronlo pregonar y se apregonó publicamente este dicho día.

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 11.1. Fol. 108r)

Mariano Nani. Bodegón de caza: una liebre y dos perdices. Museo del Prado