1 de noviembre de 2014

Cementerio en el castillo

Prestos a cumplir las disposiciones emanadas de las Cortes de Cádiz, el ayuntamiento trujillano, con su corregidor presidente Lesmes Bravo a la cabeza, se dispuso en 1812 a elegir un lugar conveniente donde establecer un cementerio. Desde Cádiz se urgía para que cesasen los enterramientos en las iglesias y el procurador síndico del común de Trujillo, Manuel González, propuso en marzo de ese año "que el sitio más aparente para el cementerio es el combento arruinado de relijiosos Descalzos por estar en un sitio muy alto fuera de la población y no perjudicar a ningún mineral de aguas".

Lo cierto es que una ciudad devastada por la guerra ofrecía múltiples espacios vacíos tanto en sus inmediaciones como dentro del propio núcleo y todo parece indicar que el ayuntamiento se decantaba por "la guerta del combento arruinado de la Coria".

 Sin embargo, como ocurrirá años después, los regidores trujillanos prefirieron basar la decisión en la opinión experta de los médicos de la ciudad, que habrán de evaluar los distintos lugares que ofrecían el espacio apropiado para un camposanto.

1812, junio 16. Trujillo
Se bio la certificación de los médicos D. Manuel Malo de Molina y D. Antonio de los Ríos Sierra a consequencia del reconocimiento que han echo de la cerca del combento de Magdalena, guerta del de San Francisco el Real y cerca de la fortaleza, y resultando de dicha certificación que los facultativos allan aparente para Campo Santo la cerca de la fortaleza por las combinientes razones que expresan, se acuerda que uno de los escribanos pase a recojer la llave de D. Diego Cisneros, que ésta se ponga en poder del Sr. Vicario para que haga se formen otras por los señores curas párrocos, recojiendo cada uno la que le corresponda, inmediatamente se bendiga el Campo Santo a cuyo fin se pasará el correspondiente oficio de política y enseguida se ponga una puerta aparente al caso, con una cruz sobre ella que demuestre el sitio que encierra. Que a la mayor brebedad se componga la ermita que se alla dentro de referida fortaleza, a cuyo fin se da comisión al Sr. Regidor decano por el celo que ha manifestado en esta grande obra que de ella depende un gran beneficio al vecindario, confiando el Ayuntamiento de su esactitud se haga todo a la mayor brebedad valiéndose de los medios que juzgue oportunos en representación de este Ilustre cuerpo.
Esto acordaron y firmaron sus señorías. Damos fe.
Bravo (rúbrica)   Gordo (rúbrica)    García (rúbrica)    Calderón (rúbrica) 
González (rúbrica)     Rentero (rúbrica)
Ante nos
Josef Cecilio Bernet y Garzía (rúbrica)  José Secos Bueno (rúbrica)

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 414, fols. 26v-27r)

La decisión estaba tomada. El castillo, la fortaleza trujillana, acogería en sus muros el nuevo cementerio de la ciudad. Se adecentó el recinto y se hicieron las obras "con la seguridad y decencia posible". El día 7 de agosto de 1812 "sólo falta la lizenzia para vendecir el terreno" y esa licencia llegaba pocos días después desde Plasencia, autorizando el obispado a bendecir el cementerio de la fortaleza.

Es éste el momento en que surgen los problemas para el proyecto. Quien se consideraba el legítimo dueño del castillo, el marqués de la Conquista, reclamó el reintegro del "libre uso del cercado y fortaleza que se ha elejido para cementerio" alegando que, como Alférez Mayor de la fortaleza, le correspondía el pleno dominio del recinto.

Ante esta reclamación, la ciudad se reafirma en su propiedad, no considerando al marqués dueño de los muros y terrenos que cierran, pese al título que detenta, y que sólo por "un género de obsequio a su persona se le ha permitido tener la llave de la referida fortaleza cuando ha habido puertas, habiendo servido de recreo a su persona y familia". No le asistía por tanto, a juicio de la ciudad, ningún derecho a tal reclamación y ningún otro terreno ofrecía las mismas ventajas para el establecimiento del camposanto. Por ello acordaron seguir el recurso que ante los tribunales había iniciado Jacinto de Orellana Pizarro, marqués de la Conquista, "hasta lograr lo acordado por el ayuntamiento, el qual no puede desentenderse de sus regalías y privilejios".
Hoy el castillo no acoge el cementerio; las disposiciones de las Cortes de Cádiz quedaron sin efecto tras la guerra, el marqués vio reconocido su derecho y la ciudad hubo de abandonar el proyecto.



Sepultura de Clodoaldo Naranjo Alonso. Sacerdote e Historiador. 1878-1946


13 de octubre de 2014

Pocas liebres en el berrocal


Dicen las ordenanzas trujillanas que en las tierras de la ciudad y sus montes "se crían asy de perdizes e palomas como de liebres e conejos e venados". En un tiempo en el que la caza menor suponía parte del sustento de los vecinos y parte del abastecimiento de la ciudad, el concejo no duda en establecer prescripciones sobre el modo en el que se ha de cazar y el valor que las piezas de caza han de tener en su mercado.

La preocupación del concejo es constante, especialmente en algunos entornos próximos que constituyen parte de la despensa de la ciudad, el berrocal. Su proximidad y consideración de terreno común, su valor para algunas especies de caza y la presión que ello podía suponer sobre otras obliga al concejo a señalar infracciones y graves penas a quienes cacen liebres de modo irregular, evitando así que la "abundancia se torne en esterilidad".


1514, diciembre 1. Trujillo

Este día mandaron los dichos señores que porque está la caça muy estruyda en toda la tierra, que ninguno sea osado de caçar liebres con redes ni cuerdas en todo el berrocal y en quatro leguas a la redonda desta çibdad, so pena de perder los perros y redes y cuerdas, y más seysçientos mrs. por cada vez, el un terçio para el acusador y el otro terçio para el juez que lo sentençiare y el otro terçio para la çibdad y que aya lugar pesquisa; y mandaronlo pregonar y se apregonó publicamente este dicho día.

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 11.1. Fol. 108r)

Mariano Nani. Bodegón de caza: una liebre y dos perdices. Museo del Prado
 

8 de septiembre de 2014

Los maceros de Trujillo


  
 
  Se llaman maceros o porteros de sala y representan el poder municipal o de alguna otra institución cuya comitiva encabezan y cuya autoridad y poder simbolizan.
   Vestidos con vistosos tabardos bordados con el escudo de la ciudad, tocados con gorra de terciopelo y plumas, los maceros trujillanos, como otros de toda España, portan en sus manos una maza ceremonial que hoy ya no protege como arma sino que, habiendo perdido su función militar, mantiene su carácter simbólico de autoridad y grandeza.
  Por ello, por ese carácter simbólico de los maceros, la ciudad ha de preocuparse siempre de que su vestimenta esté a la altura de la institución a la que representan.


1880, abril 26-27. Trujillo

Certifiquese a continuación el particular quinto del acuerdo adoptado ayer por el Ayuntamiento, que obra al folio treinta y cuatro vuelto del libro de actas del corriente año.

D. Antonio Trejo y Peñalosa, Secretario del Ilustre Ayuntamiento de esta ciudad de Trujillo Certifico: Que el particular de acuerdo espresado en el precedente decreto del Sr. Alcalde copiado a la letra es como sigue: "5. La comisión compuesta de los señores D. Lucas Acedo y D. Antonio Guerra presentó el presupuesto que se les encargó para hacer nuevos trages a los dos porteros de este Municipio. Importa quinientas setenta y tres pesetas, veinte y cinco céntimos; fue aprobado acordando su egecución y disponiendo que, si en el presupuesto vigente no hay cantidad bastante para pagar el esceso que resulta del cálculo anteriormente formado, se satisfaga con cargo al capítulo de imprevistos".
Lo anteriormente inserto está conforme con su original estado a que me remito. De orden del Sr. alcalde con su visto bueno espido la presente en Trujillo a veinte y siete de abril de mil ochocientos ochenta.
Vº Bº Antonio Trejo (rúbrica)
Bajo el presupuesto y condiciones que se hallan de manifiesto, se anuncia subasta para la construcción de dos trages de terciopelo a los Maceros de este Ayuntamiento debiendo tener lugar a las doce del día de mañana en esta Casa Consistorial.
Trujillo 27 de Abril de 1880

Presupuesto de dos trages para los porteros                                                                Pesetas   cs.
Diez y seis varas de terciopelo color de sangre de toro para las dos
dalmáticas a trece pesetas cincuenta céntimos .......................................................     216
Treinta varas galón de oro doble de una pulgada de ancho a una peseta cincuenta
céntimos ..................................................................................................................      45
Catorce varas crudillo para el forro a setenta y cinco centimos .............................     10     50
Hechura de las dos dalmáticas ................................................................................      15
Por dos gorros de cartón forrados de seda amarilla y manga de terciopelo
encarnado haciendo colmenas, con tres plumas blancas y las puntas encarnadas ...     50
Dos varas paño negro para los calzones a ocho pesetas cincuenta cs .....................      17
Forros y hechuras de los mismos ............................................................................        7
Dos varas terciopelo azul para los chalecos a trece pesetas cincuenta cs. ..............      27
Hechura y forro de los dos chalecos .......................................................................        6
Dos pares zapatos de charol y evillas de plata ........................................................      40
Dos pares de medias de seda color rosa o carne .....................................................      12
Vara y media de batista para dos corbatas de media vara de ancho y una y media
de largo y hechura ...................................................................................................        2    75
Cuatro escudos grandes bordados de oro y seda .....................................................    125_      
                                                                                                                   Total           573    25
                                             Trujillo 26 de Abril de 1880

Condiciones que forma esta Alcaldía
1ª- Esta subasta constará de un solo acto
2ª- Para licitar y admitirse proposición, es indispensable presentar garantía bastante si el Señor Alcalde la exigiese y se han de aceptar las condiciones del espediente y cubrir necesariamente el presupuesto.
3ª- Los dos trages que se construyan han de arreglarse al modelo que se halla a la vista.
4ª- La tela, patrones y forros se sugetarán también al del modelo: bien entendido que si fuesen de peor calidad los útiles que se empleen o quedasen desperfectos en su forma, no serán admitidos los trages y quedará el rematante obligado a construir otros a su costa.
5ª- El tiempo preciso para entregar acabados dichos trages será de quince días desde la terminación del remate.
6ª- La subasta es a todo riesgo y ventura y serán de cuenta del rematante todos los costos que se originen con motivo de este contrato, incluso peon público y papel de este espediente.
Trujillo 27 de Abril de 1880
Bajo el presupuesto de cuatrocientas cuarenta y ocho pesetas y veinte y cinco céntimos y condiciones que constan en este espediente, anunciese la subasta de este servicio para mañana a las doce del día, en esta casa consistorial bajo mi presidencia, debiendo advertir que los cuatro escudos bordados que figuran como última partida del presupuesto hecho por la comisión y que importan ciento veinte y cinco pesetas no son obgeto de este contrato.
Diligencia. La pongo yo el Secretario para hacer constar haberse cumplido el decreto anterior, fijando los oportunos edictos, certifico. Trujillo, fecha anterior.
Antonio Trejo (rúbrica)

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 1078.35)

15 de agosto de 2014

Chusma para Granada


    Dice el diccionario de la Real Academia Española que el término chusma sirve para definir el "conjunto de los galeotes que servían en las galeras reales".
     La gente de remo o chusma la forman tanto galeotes forzados como esclavos o remeros a sueldo,  pero a todos ellos es común la dura vida y las penosas condiciones en que se desarrolla su trabajo.
    Cuando la gravedad del delito no exigiera la pena de muerte, el castigo de galeras, remar en las galeras reales ("al remo y sin sueldo"), será desde el siglo XVI una pena reservada a delitos considerados denigrantes o aplicada a aquellos delincuentes cuya rehabilitación, por reincidentes, se consideraba imposible. Nunca será la condena inferior a dos años, pues el forzado necesitará al menos un año para aprender el "oficio" y ser útil en la galera,  y diez años será el tiempo que la Pragmática de 1530 establecía como condena máxima, aunque para muchos una condena superior a seis años era casi una sentencia a muerte.
    En 1702, en la cárcel pública trujillana esperaban el cumplimiento de su sentencia Pedro Alonso, condenado a ocho años de galeras, Juan García, condenado a  cuatro años, y Juan Galeas, cuya pena era también de ocho años. Los dos primeros habían apelado mientras que Juan Galeas aceptaba su condena. Sentenciados por el alcalde mayor, el licenciado Juan Cuadrado Jaraba, a éste correspondía ordenar el traslado de los reos a cárceles de la corte pero parece que tal orden se retrasaba. Frente a él, la ciudad llevaba dos años exigiendo el traslado de los presos "por la poca seguridad de dicha cárzel, como por no aber limosna con que mantener los dichos reos". Finalmente, Trujillo debió solicitar de la Chancillería granadina que se obligase al alcalde a remitir los presos y los originales de sus procesos a Granada, un largo camino que deberían seguir los condenados a galeras y presidios (guarniciones avanzadas donde los condenados -los "presidiarios"- eran destinados a trabajar de manera forzada).
    Los alcaldes de la sala del Crimen de la Real Chancillería de Granada atenderán la petición trujillana y en poco tiempo se organiza la marcha, dejando atrás a un cuarto preso de la cárcel de Trujillo, cuya condena no incluía las galeras, pero del que la ciudad también quería deshacerse: Pedro de Morales, sentenciado a diez años de cárcel y sobre el que se alegaba también falta de sustento y riesgo de fuga, "por ser hombre facineroso". Pero Granada ordenó que permaneciera en la cárcel pública de Trujillo. ¿Y sus compañeros de celda? El alcalde mayor ordenará el cumplimiento de lo resuelto en la Chancillería, remitiendo "con la guarda y custodia nezesaria" los presos y sus procesos a Granada, recogiendo la certificación que debía acompañarles las señales distintivas de cada uno de ellos y sus delitos.
    A las cuatro de la mañana del día 10 de junio de 1702, eran sacados de la cárcel de la ciudad los tres prisioneros, a quienes se añadirá la persona de Sebastián Martín, condenado poco antes a cuatro años de cárcel en los presidios de África. "Aprisionados con grillos" y montados en cuatro caballerías, Juan Cabrera, Diego Hernández, Pablo Jerez y Francisco Rodríguez Luna conducirán a los reos hasta Zorita, primera etapa del camino, a cuya justicia los entregan y a quienes corresponde la siguiente etapa del largo viaje.
   ¿Qué mereció un castigo tan duro? 


1702, mayo 30-junio 10. Trujillo

(...) Juan Garzía, vezino del conzejo de Valdés, Prinzipado de Asturias, que es de mediana estatura, algo quebrado de color, con un lunar en la frente por zima del ojo izquierdo, pelinegro corto y los dientes claros, como entreaviertos y como de hedad de treinta y dos años poco más o menos; sobre el hurto de unos balaustres de una reja de las casas de Don Luis de Alvarado y una cadena de yerro que estava en las casas que llaman de la cadena, en la plaza de esta ziudad; la qual dicha causa está escrita en zinquenta y dos foxas útiles en que se comprehenden las de la ynformazión de pobre fecha por el dicho Juan García, y todas rubricadas de mi rúbrica. Y para que conste, lo firmé en la ziudad de Truxillo en treinta días del mes de mayo, año de mil setezientos y dos.
Gabriel Bezerra (rúbrica).

(...) Juan Galeas, vezino de esta ciudad, alto de cuerpo, robusto, en la mejilla diestra un lunar y mellado en la dentadura y parte superior de ella, pelo negro y barba del mismo color zerrada y como de edad de quarenta años poco más o menos, sobre malos tratamientos echos a Catalina Crespo, su mujer, y otras acumuladas, cuyo prozeso está escrito en ciento y cinquenta y siete fojas útiles, todas numeradas por mi. Y para que conste, lo firmé en la ziudad de Truxillo en treinta días del mes de mayo, año de mil setezientos y dos.
Blas de Morales (rúbrica).

(...) Pedro Alonso, vezino de esta dicha ciudad, de mediano cuerpo, delgado, algo carilargo, pelo largo y laso, algo castaño, ojos pardos, lampiño, como de edad de veinte y siete años poco más o menos, sobre haver urtado a Antonio Morato, vecino de esta dicha ziudad, una cantidad de mrs. en espezie de oro y plata y otras alajas, cuio prozeso está escrito en treinta y una fojas útiles, numeradas por mi. Y para que conste, lo firmé en la ciudad de Truxillo en treinta días del mes de mayo, año de mil setezientos y dos.
Blas de Morales (rúbrica)

(...) Sevastián Martín, vezino del lugar de Zurita, de esta jurisdiczión, sobre malos tratamientos ejecuta dos y biolenzias intentadas en el campo con diferentes mujeres y en el camino que media entre el lugar de Zurita y el de Alcollarín, la qual dicha causa, en cumplimiento de dicho auto, zerré, rubriqué y folié, que ba en setenta y zinco foxas útiles en que se yncluye el poder de dicho reo, que es un mozo de bastante cuerpo, pelinegro y barba bermeja, por zima del bigote izquierdo un lunar pequeño, de hedad de veinte y ocho años poco más o menos. Y para que así conste, lo firmé en Truxillo en diez días del mes de junio, año de mil setezientos y dos.
Joseph Leal y Bezerra (rúbrica)

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 385.34)

Galeotes. Ben-Hur.


20 de julio de 2014

¡Y todo por un sello!


  
   La importancia de los archivos no solo reside en el volumen de la información que contienen, en su estado de conservación y acceso o en el valor patrimonial de lo allí conservado. Su valor está también en la posibilidad de completar desde ámbitos muy diferentes noticias sobre acontecimientos fundamentales o no, personajes relevantes o personas aparentemente anónimas que parecen no dejar rastro.
   Adentrarse en un archivo permite hilvanar historias y acontecimientos, hacer que calles y localidades vayan adquiriendo su propia fisonomía y lo mismo ocurre con quienes fueron sujetos y construyeron la historia desde el anonimato de la vida que aparentemente tan solo interesó en su momento a su familia. Años o siglos después de su existencia, los archivos permiten buscar rastros aparentemente inexistentes, noticias que parecen aisladas, referencias en censos y padrones, en documentos públicos y privados... y poco a poco la ciudad y sus habitantes toman forma, quienes allí vivieron lo siguen haciendo en cientos de noticias que el arca atesora y nos ofrece con generosidad.
   A una vieja foto de familia, blanquinegra  y amarillenta de tiempos y miradas repetidas durante generaciones,  parece casi imposible comenzar a darle color, completar su entorno y su vida, descubrir alegrías, tribulaciones y momentos de intolerancia.
   Desde una de esas viejas fotos del album familiar nos mira José Aguilar Venegas. Junto él está su mujer Basilisa, su hijo Emilio, sus nietas Antonia y Vicenta y otras dos desconocidas.  Ronda los sesenta años pero su rostro nos habla de una larga vida llena de duros momentos que el arca nos ha ido permitiendo descubrir.
   Nació en la calle Tiendas, en la casa ocupada por la botica de doña Antonia Luceño Méndez. Su padre, Sebastián Antonio Pérez Aguilar vino en 1824 desde tierras salmantinas a hacerse cargo de la botica de la viuda Luceño, que debió buscar quién la regentase desde la lejana muerte de su marido, José Gordo Galán, en 1812. En la casa de doña Antonia conocerá Sebastián a Fermina Venegas, quien desde la vecina Plasenzuela vino a vivir con su tía y con quien se casará poco tiempo después.
   Es entonces la calle Tiendas digna de su nombre y en ella se apiñan los comercios de José García, María Dolores Ramos, María Bueno, Ibón Sánchez Lollano, josé Espina, Cayetano García, Felipa Zorrilla y Bartolomé Arteaga, además de tres zapateros, un sastre, el confitero Juan Calderón y otros muchos vecinos. 
   Pronto cambiará todo para José Aguilar. De la felicidad de sus padres a su soledad como pequeño huérfano al cuidado de Antonia Luceño. La prematura muerte de su madre al poco de su nacimiento y la ausencia paterna le obligarán a un rápido aprendizaje y una pronta vida laboral. A los 14 años ya es cajero  en el comercio de Matías García, en la Plaza Mayor, y después lo será con Feliciano Fadrique. Cerca, muy cerca, está quien será su mujer. Basilisa González, la abuela de la foto, vive también en la calle Tiendas. Nació en Navalvillar de Pela y llegará a Trujillo con su padre Tomás González, hojalatero que se asienta en la popular calle. En esta calle, en el número 13, en la casa comprada quizás con lo que le dejara en herencia su madre y la boticaria Luceño, establecerá su tienda y en ella permanecerá hasta su muerte. De su esposa nos habla en su testamento que también nos ofrece el arca, sintiendo por ella "especial cariño por su buen comportamiento y esmeradas atenciones".
   Pero aún está lejos ese momento. Primero ha de pasar toda una vida. Pronto irán llegando los hijos y pronto también morirán: Feliciano, con apenas mes y medio, de catarro; Jerónima, poco mayor, de un accidente, y a Andrés y Catalina se los llevará la viruela con dos meses y seis años. Sólo Emilio les acompañará en su vejez.
   Cajero, tendero, luego cartero y finalmente escribiente, esos son los oficios que le asignan los padrones que conserva el arca. Padrones de los que vemos desaparecer en 1827 a su padre sin que sepamos la razón. Y esa razón también nos la da el arca además de otros datos.
  José Aguilar fue cartero distribuidor en un momento en que el oficio consistía en llevar la correspondencia a los domicilios cobrando por cada carta entregada. Pero el progreso es el progreso y el sello vino a dejarle sin trabajo. Un Real Decreto de febrero de 1856 hacía obligatorio en España para todas las cartas el franqueo en origen con sellos adhesivos desde el primero del mes de julio. Y José perdió su empleo y pasó a ser escribiente.
   Fueron años complicados en una España convulsa. Cuando en septiembre de 1868 la revolución que llamaron "Gloriosa" se dejó sentir en Trujillo, un nuevo ayuntamiento se hace cargo de la ciudad el día 30. Quizás José se sintió cercano a esos principios de "Libertad y Soberanía Nacional" que la Junta Provisional de Gobierno marcó en su bandera. Por eso recurre a ellos y pide empleo. Hace notar su cercanía ideológica, sus méritos anteriores, que acredita,  y al fin nos desvela el destino de su padre.
   Gracias al arca, esa foto nunca será igual, no nos serán desconocidas las vidas de quienes desde ella nos miran y la triste dulzura que adivinamos en el rostro de José, que deseaba que su entierro fuera "modesto según su clase", nos hace pensar que de él la heredó esa dulce bisabuela Vicenta que nos enseñó a hacer solitarios.


1868, octubre 10. Trujillo.

Señores de la Junta de Gobierno de la ciudad de Trujillo.
José Aguilar Benegas, natural y vecino de la misma, a V.S.S. con toda sumisión y respeto espone: Que en los años de mil ochocientos cincuenta y cinco y cincuenta y seis estubo desempeñando el destino de cartero repartidor de la correspondencia pública de la misma con que fue agraciado, cuyo destino desempeñó bien y fielmente, según lo acredita por la adjunta certificación que acompaña, hasta que por virtud del cambio de sistema fue depuesto sin haber sido recombenido por ningún concepto ni haber tenido pérdida ninguna de la correspondencia ni en los certificados; además, en la misma época estubo defendiendo la libertad con las armas en la mano siendo voluntario nacional. En su virtud:
Suplica a V.S.S. que si al recurrente le encuentran bastante acreedor para obtener el citado destino o para cualquiera otro, tanto por lo que deja relacionado cuanto porque su padre, por defender la causa liberal, fue perseguido a muerte, teniendo que emigrar a una nación estrangera (donde falleció), quedando a su familia desemparada y al esponente en la corta edad de un año escaso, a el amparo de las almas virtuosas a quienes debe el ser de Dios sin haberle quedado recursos de ninguna especie, se dignen tenerle presente para indicado fin. Gracia que el que suscribe espera conseguir de la rectitud y celo de tan benéfica y esclarecida Junta, cuyas vidas guarde Dios muchos años.
Trujillo, diez de octubre de mil ochocientos sesenta y ocho.
José Aguilar Benegas


Don Vicente  Fernández Salgado, administrador principal de Correos de esta ciudad de Trujillo y su Departamento y secretario honorario de S.M. etc.
Certifico: Que D. José Aguilar, cartero distribuidor de la correspondencia pública y de oficio de la misma ha satisfecho  todos los cargos que ha recivido por los oficiales de semana hasta hoy dia de la fecha en que por virtud de Orden superior queda establecido el franqueo forzoso de la correspondencia sin que adeude cantidad alguna por referido concepto. Y a petición del interesado le doy la presente que firmo en Trujillo a primero de julio de mil ochocientos cincuenta y seis.
Vicente Fernández


(Archivo Municipal de Trujillo. Leg. 1198)

José Aguilar Venegas y familia. Foto H. Diéguez. Hacia 1890
 

19 de junio de 2014

Corpus Christi en tiempos de crisis


Crisis, palabra de actualidad pero no nueva. Podemos recorrer la historia y avanzaremos entre  crisis. Guerras, malos temporales, pobres cosechas, plagas y epidemias... las causas son muchas pero pocas veces nuevas.

En 1508 Trujillo está en crisis. Ya desde 1502, las crónicas hablan de malas cosechas. Primero vino la sequía y la ruina del campo se completó con las inundaciones. El hambre está presente en 1506 y un año después la peste visita Castilla.

Y aunque Trujillo se aprestó a cerrar sus puertas y vigilar los caminos, la enfermedad acabó con la vida de muchos trujillanos.

Por eso, cuando ese año, 1508, la ciudad prepara la fiesta del Corpus Christi, quienes otras veces acuden gustosos a participar de la celebración se sienten incapaces de hacerlo ese año. A comienzos del siglo XVI la celebración del Corpus Christi en Trujillo es semejante a otras ciudades de la Corona y en ella se mezclan elementos religiosos y profanos. Los gremios tienen una labor activa en el festejo con danzas, músicas y carros en los que se realizan representaciones religiosas que cada año preparan con gran cuidado  y solemnidad. Pero no ese año. Gran parte de sus miembros perecieron en la epidemia y los que quedan no pueden soportar los gastos. Por eso acuden al concejo. Este año no pueden. La crisis.


1508, junio 6. Trujillo
Todos los çapateros suplican a vuestras merçedes no les manden hazer el carro porque se fynaron muchos çapateros y es mucha costa, que están perdidos con los años pasados , que baste que saquen el pendón y el que hera mayordomo juntamente con Juan de Trogillo es tanbién falleçido. Que hagan una dança e saquen su pendón e no saquen carro por ogaño.
Los sastres piden lo mismo. Respóndesele lo mismo que a los çapateros.
Los perayles desta çibdad suplican que no les manden sacar el carro porque son muertos casy todos los más de los perayles e los que quedan son pocos. Lo mismo que a los çapateros se les responde.



    Pese a todo, habrá fiesta. La ciudad manda que ese día se lidien dos toros "por la fiesta e alegría del santo día y que sean toros bravos" y si no salen los carros de los gremios, la ciudad sí sacará el suyo. Para ello, Cristóbal González y Juan Aojado, encargados de la fiesta, han estado ocupados para que todo esté listo. Las figuras que formarán parte del carro de la ciudad y las ropas de los danzantes que participarán del desfile procesional habrán de estar terminadas para el 21 de junio de 1508, día del Corpus. Con crisis, pero con la solemnidad que merece la fiesta. Y con alegría.


1508, mayo 29. Trujillo
Este día, Christóval Gonçález, procurador de causas por sy e por Juan Aojado, alguazil del canpo, dixo que las cosas que la çibdad ha de mandar hazer para el día de Corpus Christi son las siguientes.
A Dios Padre y a Nuestra Señora y a Santo Domingo y a Sant Françisco y a Sant Sevastián y dos ángeles, çinco momos y la dama con ellos; dos salvajes, seys frecheros, tres o quatro hilanderas, dos pastores; faltan los rostros todos, que se han de fazer, y las ropas de los salvajes e adobar las ropas de los momos; y dixo que todo esto han de haçer a su costa salvo las ropas de los salvajes que ha de haçer la çibdad y que gastan mucho en darles algunos cueros y fazer lo suso dicho y darles algunas cosas a las personas que sirven en estos ofiçios, que vean sus merçedes si les quieren dar quatro mil mrs. Los dichos señores les mandaron librar tres mil mrs. y los cueros aderesçados y que los dichos Juan Aojado e Christóval Gonçález pongan todo lo otro.
(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 9.1. Fol. 53-54)

Momos y Moma. Corpus Christi de Valencia.
http://www.fiestasancristobal.es/CALENDARIOVLC/JUNIO.htm

8 de junio de 2014

Haciendo dehesas


Miramos las dehesas y sentimos naturaleza y vida, conservación y aprovechamiento de recursos. Nuestras dehesas, esos maravillosos paisajes que nos rodean y que en ocasiones no apreciamos suficientemente, tienen cientos de años. Su longevidad no está motivada sólo por la edad de las encinas, alcornoques y rebollos que encontramos en ellas, sino también en tantas y tan acertadas intervenciones humanas que desde la Edad Media cuidaron los montes, los mimaron porque eran fuente de riqueza y aseguraron su pervivencia.
Entre tantas y tantas noticias como atesora el arca sobre la tierra de Trujillo, sobre sus pueblos, sobre las actuaciones para el aprovechamiento múltiple de los recursos, muchos documentos nos hablan de decisiones acertadas porque suponen una apuesta por el futuro de ese bosque humanizado que es la dehesa.


1508, mayo 15, junio 2. Trujillo

Este día los dichos señores hablaron y platicaron cómo se an de desmochar las enzinas e alcornoques e robles de los montes desta çibdad para la conservaçión dellos, e acordaron e mandaron que de oy en adelante ninguna persona veçino de la dicha çibdad e su tierra ni de otra parte qualquier no sean osados de cortar ningún árvol en sus barvechos, salvo que desmochen el monte viejo por delgado e de lo nuevo no desmochen por lo alto salvo por lo baxo, que pueda colar el sol, e aclarar syn fazer perjuizio en los árvoles. Y que no an de dexar horca e rama como antes syno que ha de quedar cada árvol copado de rama e aconpañado de ramas en manera que dé fruto e que desvyen las ramadas de las enzinas por manera que el pie del árvol ni las ramas de  él no reçiban perjuizio ni daño e que en las matas dexen sus pyes a marco, que son ocho pies de marco de pie a pie de árvol, e asy mismo aparten las ramadas de los pinpollos e árvoles. E que el que contra esto pasare, caya e yncurra en pena de çien mrs. por cada pie que contra la forma susodicha lo desmochare e por cada pie que del todo desmochare pague dozyentos mrs. para nos el dicho conçejo. E mandaronlo pregonar públicamente porque ninguno pretenda ynorançia.
Pregonose en la plaça pública este dya por Andrés de de Miranda, pregonero, ante mi Françisco Martínez, escrivano del dicho conçejo. Testigos, Luis de Góngora, escrivano, e Françisco Galindo e Gonçalo del Amarilla e otros veçinos de la dicha çibdad de Trogillo.

Que se hable sobre la hordenança de la pena de los montes que cortan e desmochan. Acordaron los dichos señores que se desmochen las enzinas de los montes viejos e nuevos por alto, por manera que queden los lados e sobacos sanos para que den fruto e que no se desmoche el dicho monte syno de diez a diez años, so las penas suso dichas en las ordenanças del conçejo desta çibdad. Este día se pregonó por Juan Pérez de Talavera, pregonero público, en la plaça.

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 9.1. Fols.  48r. y  53v.)


13 de abril de 2014

Al oriente, Belén


   Belén parece estar siempre mirando al oriente. Agazapado en el berrocal como si sus casas crecieran de él, el arrabal de Belén, el antiguo Papalbas, se mantiene a distancia de Trujillo, del que parece ocultarse.
    Calles entrecruzadas y apiñadas, calles de referencias agrarias, de Eras, Aguas y Parral, de Fontanillas y Papalvas, del Lavadero, de aguas vertientes que corren hacia el Merlinejo.  Belén sigue manteniendo la identidad de un lugar tranquilo y acogedor que mira siempre hacia la salida del sol. Y siempre, por su humildad y tamaño, necesitó del entendimiento de Trujillo para poder mantener y alimentar a su gente donde siempre quiso vivir. Por eso, cuando las circunstancias extremas lo requieren, reclaman ese entendimiento y apoyo.


1809, septiembre 18. Trujillo

Señores Presidente y vocales de la Junta Municipal de esta ciudad de Truxillo
Pedro Donoso, Francisco Borreguero, Gonzalo Ximénez, Bernardo Fernández, Francisco Donoso, Juan Martín, Juan Ximénez y Joaquín Fernández, vecinos de esta ciudad y moradores en su arrabal Casas de Belén, a vuesas señorías con el debido respeto exponen: que deseosos de seguir con sus exercicios de labradores, se ven precisados a solicitar una dehesa descansada de labranza por no haver podido hacer a su debido tiempo la labor en la que tienen arrendada por la imbasión del enemigo en esta ciudad y sus arrabales, y siendo la más apropósito la de Carrascalejo que disfruta la cavaña de Perella y linda con la Mengalozana, propia del convento de San Francisco el Real puerta de Coria de esta dicha ciudad, que disfrutan los suplicantes.
Ésta hace 16 años la labran los vezinos de Belén y siempre divida en dos ojas por su poca capacidad y extensión, de manera que sembrándola en este año, cansada y sin labor, se exponen a trabajar sin fruto después de que para sembrar tienen que vender sus alajas y con su importe comprar las mieses por no haver cogido un grano de ninguna especie por causa del incendio que se experimentó en la oja sembrada de dichos labradores por las tropas franzesas, en tal disposición que si esta gracia no consiguen de la alta consideración de vuesas señorías, tienen que abandonar las labores y tomar otros arvitrios para substentar a sí y sus familias; por todo lo qual, teniendo presente y hacerlo a la Suprema de la Provincia si vuesas señorías lo juzgan por oportuno.
Suplican a V.S. resolver lo que tengan por conveniente, en orden a la conservación de la agricultura, ramo tan interesante para las circunstancias del día. Truxillo 18 de septiembre de 1809. 
Pedro Donoso (rúbrica)            Francisco Borreguero (rúbrica)

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 1191.4)


26 de marzo de 2014

La pesca en San Lázaro


   En el borde de la ciudad, asomándose al berrocal, desde hace siglos ha habido una lámina de agua en la que siempre quiso reflejarse Trujillo. El estanque de San Lázaro calmó la sed del ganado e hizo disfrutar a quienes buscaron con paciencia sus tencas y carpas. Porque, a lo largo del tiempo, el estanque de San Lázaro ha sido un lugar para pescar desde el viejo muro o en sus orillas. Afición y oficio que aportó sustento y disfrute a los vecinos y que produjo rentas al ayuntamiento.

   Cuando en 1863 debe renovarse el arrendamiento de las rentas obtenidas por la pesca en el estanque de San Lázaro, dos peritos nombrados por el ayuntamiento tasan el valor de lo en él obtenido. Manuel Cancho Peña y José Sánchez, nombrados a tal efecto, lo tienen claro, "como aficionados a la pesca de caña y su permanencia con frecuencia en la charca de San Lázaro han tenido ocasión de observar que en los diferentes años que se ha benido arrendando la pesca que con hilos estraen los arrendatarios, podría ascender según su parecer a cosa de ochenta arrobas de tencas y carpas, que vendidas por la mujer a quien al efecto buscan a diez y seis reales arroba, hacen un total de mil doscientos ochenta reales, que pagando de esta cantidad al guarda y pescador, con deterioro de hilos, podrá quedar a los arrendatarios ochocientos reales en cada un año".

   Las condiciones serán las mismas que las vigentes en el remate anterior de 1860 y el día señalado para la subasta por el alcalde Vicente Martínez, el 21 de junio, algunos vecinos están dispuestos a participar en la puja.



1863, mayo 24-junio 21. Trujillo.

D. Antonio Trejo y Peñalosa, secretario del Ayuntamiento Constitucional de esta ciudad de Trujillo. Certifico que en el espediente formado para el arriendo de este arbitrio en el año anterior de mil ochocientos sesenta, se hallan las condiciones vajo las cuales se remató y son las siguientes:
1ª. En diez de julio de cada un año de los tres de este arriendo, pagará el arrendatario la cantidad en que se remate la pesca al mayordomo de propios de esta ciudad.
2ª. Se podrá pescar libremente con cañas desde la muralla y orillas de la charca por todos los vecinos. Los que quieran hacerlo con barcos pagarán  diez reales al arrendatario por temporada.
3ª. El arrendatario sólo podrá pescar con hilos de marca durante los meses de junio y septiembre de cada año.
4ª. Teniendo por objeto principal este arrendamiento el conservar la pesca en la espresada charca para que el común de vecinos disfrute siempre de sus beneficios, será obligación del arrendatario dejarla bien cebada de tencas a la conclusión del contrato.
5ª. Este arrendamiento no será obstáculo en manera alguna para que los ganados del común de los vecinos de esta ciudad y los que concurren a la feria disfruten y se utilicen las aguas sin retribución de ningún género, tal y conforme lo han venido siempre haciendo, por ser del servicio público y común la repetida charca.
6ª. Este arriendo es a todo riesgo y ventura, sin que pueda pedirse rebaja por ningún caso fortuito y se entenderá cumplido el veinte y nuebe de septiembre del año que vendrá de mil ochocientos sesenta y seis.
7ª. Siempre que el mal estado de las aguas lo exijan, se podrá baciar la charca para limpiarla del cieno o cualquiera otra causa que hiciere mal sana dichas aguas, en cuyo caso deberá el arrendatario recoger la pesca existente depositándola en vivideros convenientes para trasladarla después de limpia a la espresada charca.
8ª. Este expediente no tendrá efecto su arriendo hasta que sea aprovado por el Governador y en este caso de cuenta del arrendatario su importe.
Concuerda a la letra con sus originales que obran en el expediente del año de mil ochocientos sesenta a que me remito, y para que conste, en virtud de lo mandado, pongo la presente en Trujillo a veinte y cuatro de mayo de mil ochocientos sesenta y tres. Antonio Trejo. Secretario.

Remate. En la ciudad de Trugillo, en veinte y uno de junio de mil ochocientos sesenta y tres, siendo las diez de la mañana, con el fin de proceder al remate de la pesca de la charca del estanque de San Lázaro, se reunieron en la sala consistorial D. Vicente Núñez, Alcalde, y D. Diego Nevado, Regidor Síndico, y por ante mi el Secretario de Ayuntamiento, mandaron al peón público hechase un pregón anunciando hallarse habierta esta subasta. A la publicación se presentó Ildefonso Giménez y cubrió el presupuesto de los mil reales, sujetándose a las condiciones de este espediente, la que le fue admitida y publicada. Antonio Retamosa mejoró hasta mil cien reales, la que se admitió y publicó. Y por D. Juan Sánchez se hizo la proposición de pagar mil trescientos reales vellón en cada año de los tres de este arrendamiento, con las mejoras de que no paguen nada los barcos de los aficionados de caña, pescar solamente con hilos de marca treinta y cinco días de los que elija en los meses de junio y septiembre, y espender la pesca a ocho cuartos cada libra, dando principio a pescar con hilos a las nuebe de la mañana; esta proposición le fue admitida y publicada muchas veces y no habiendo otra mejora, siendo más de las doce del día, se procedió a su remate que recayó en D. Juan Sánchez, que lo aceptó y se obligó a su pago y lo firma con el Sr. Alcalde y Síndico de que certifico. Vicente Núñez, Diego Nevado y Gil. Juan Sánchez. Antonio Trejo Secretario.

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 1216.13)




10 de febrero de 2014

Las mujeres del partido


   La vieja actividad, el viejo oficio que desde antiguo se ha visto sometido a procesos de rechazo o de regulación. Las "mujeres del partido", grupo marginal y marginado aunque aceptado, merecen en ocasiones la atención del concejo. Éste tratará de regular, mediante acuerdos recogidos en los Libros de Actas, algunos extremos de su oficio. Su presencia conlleva ruidos y alborotos y la proximidad de otras personas igualmente rechazadas.

    Una atención especial parece ser el intento de alejar esta actividad de los mesones de la ciudad por los altercados que provoca. En 1485 se recoge la prohibición de que las mujeres que ejerzan la prostitución trabajen en los mesones de la ciudad, indicando la obligación de concentrarse en las casas establecidas para ello por el alcalde Osuna.

   Pero esto no siempre se cumplió y años después el mesón de Catalina Ramos motiva otra protesta.

1486, julio 8. Trujillo.
Mandaron que las mugeres del partido que no ganen dinero a su ofiçio en los mesones salvo en las casas que tiene fechas Osuna. E que otras mugeres que no sean del partido e syrvan en los mesones, que no tenga que ver contra ellas el dicho Osuna.

1499, abril 22-mayo 10. Trujillo.
Algunas personas del barrio de Sant Miguel dizen que en el mesón de Catalina Ramos están muchas mugeres del partido y a las noches ay allí questiones. Piden los vezinos que les manden tener su mançebía apartada e no en las calles. Que el alcalde lo proveerá.

Muchas personas piden manden que en el mesón de Catalina Ramos ni a par del no aya putería pública como la ay. Mandan que de día estén donde se acostunbra estar.

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 5.1. Fol. 108v. Legajo 6.8. Fols. 175v. y 182)