19 de mayo de 2012

Corpus Christi en Trujillo. Autos y entremeses.


     Se acerca el Corpus Christi. Ocho jueves debían pasar desde el Jueves Santo para que tuviera lugar una de las celebraciones más importantes del calendario festivo trujillano. Lo religioso y lo profano se mezclaban en la celebración de la Eucaristía, que traía a la ciudad vistosas procesiones, representaciones, danzas y toros. Su organización exigía dedicación y tiempo a los regidores comisarios en quienes delegaba el concejo. Los preparativos eran muchos.
   Varios meses antes de la celebración, el regidor Fernando de Orellana contrata a un autor de comedias para que, con su compañía, lleve a cabo las representaciones divinas de la festividad de 1577. Entremeses graciosos completarán el programa. El autor de ese año es Juan Granado, natural de Baeza y apodado el Andaluz, cuyas Coplas sobre la batalla de Lepanto, impresas en Barcelona unos años antes, circulaban por el reino.


1576, noviembre 14. Trujillo.

En la çiudad de Trugillo a catorze días del mes de novienbre de mil e quinientos e setenta y seis años, ante mi Juan Velardo, escrivano público del número de la dicha çiudad e testigos, pareçieron presentes el ilustre señor Fernando de Orellana, veçino e regidor de la dicha çiudad e comisario para lo de yuso contenido, de la una parte y en nonbre desta çiudad, justiçia e regimiento della, e de la otra Juan Granado, veçino que dixo ser de la çiudad de Baeça, autor de comedias, como prinçipal obligado, e Françisco de Salamanca, veçino desta dicha çiudad, como su fiador y entre anbos a dos juntamente, de mancomún e a boz de uno e cada uno de nos ynsolidun, renunçiando como renunçiaron las leyes de la mancomunidad como en ellas se contiene, dixeron que son conçertados e convenidos en esta manera: que el dicho Juan Granado se obliga de venir a esta çiudad a representar dos autos a lo divino, uno la bíspera y otro el día de la fiesta del Corpus Criste del año primero venidero de mil e quinientos e setenta y siete años, en las partes e sitios que por esta çiudad le fuere ordenado, con algunos entremeses graçiosos y líçitos, e que trairá para la dicha representaçión a su muger e gente bastante e buenos ofiçiales porque esta çiudad le tiene de dar e pagar çiento e treynta ducados en dineros e seis fanegas de trigo luego como aya fecho e representados los dichos dos autos; y se obligaron los dichos Juan Granado e Françisco de Salamanca a lo cunplir como dicho es so pena que a su costa esta çiudad pueda buscar autor e representantes que hagan los dichos autos, e más yncurran en pena de diez mil maravedís para los propios desta çiudad, con que el dicho Fernando de Orellana obliga a esta çiudad e sus propios que dará e pagará a el dicho Juan Granado los dichos çiento y treynta ducados y seis fanegas de trigo otro día después del día e fiesta del Corpus Criste, aviendo representado los dichos dos autos como dicho es, so pena que por cada un día que se detuviere en la cobrança se le pagarán e darán quatro ducados para la costa de la gente que truxere e para cunplir y pagar y aver por firme lo que dicho es, el dicho señor Hernando de Orellana obligó los bienes y rentas desta çibdad y los dichos Juan Granado y Françisco de Salamanca obligaron sus personas y bienes e dieron poder cunplido a todas y qualesquier justiçias destos reynos y señoríos de su magestad para que los conpelan y apremien a lo que dicho es cunplir y pagar (...) y otorgaron la presente ante mi el escrivano público e me pidieron la escriviese e signase con mi signo y fueron testigos que fueron presentes Juan Ruiz de Palaçios, alguazil mayor, y Françisco Ruyo y Hernando de Alarcón, veçinos desta dicha çiudad. Y el dicho Juan Granado lo firmó juntamente con el dicho Fernando de Orellana y por el dicho Françisco de Salamanca un testigo.
Hernando de Orellana (rúbrica)   Juan Granado (rúbrica) Por testigo Fernando de Alarcón (rúbrica). Pasó ante mi, Juan Velardo, escrivano (rúbrica)

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 43. Folio 11v.) 


P. M. Cátedra -C. Vaíllo: "Los pliegos poéticos españoles
del siglo XVI de la Biblioteca Universitaria de Barcelona".

6 de mayo de 2012

Aligerando gastos


Finanzas, deuda, déficit, crisis, ajustes, recortes, ahorro. Palabras que resuenan estos días como extraña letanía y que generan una mezcla de pesimismo y desazón. 
 A lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII, las continuas demandas de la Corona a la ciudad de Trujillo para sufragar sus cercanas y lejanas aventuras bélicas y los inmensos gastos que el continuo tránsito de tropas genera en algunos momentos en esta ciudad acaban por situar a la en otro tiempo saneada hacienda trujillana al borde del desastre. Una y otra vez se acude a préstamos que solucionen las apremiantes y urgentes necesidades del concejo, pero pronto vuelven las exigencias.
Cuando en junio de 1655 la ciudad y su corregidor, Diego de Guzmán y Velasco,  comisiona a los regidores Francisco de Monroy Escobar y Álvaro de Contreras Portocarrero para que analicen la situación financiera de la ciudad, sus deudas y empeños y presenten soluciones para el "alibio de las cargas que tiene", ambos regidores no lo dudan: aligerar gastos. Bajada de salarios, despidos, recortes en fiestas, "una bela y no más" y las limosnas, con moderación.  El arca nos muestra que nada ha cambiado: nuevos problemas con viejas soluciones.

1655, septiembre 13. Trujillo.

Los señores don Françisco de Monroy Escobar y don Álvaro de Contreras Portocarrero dieron quenta a la ziudad como en virtud de la comisión que les dio en diez y ocho de junio pasado deste año para ver y reconozer el memorial de la renta de la ziudad deste año y de las deudas que tiene y confiriesen la mexor dispusizión que se pudiese tomar para desempeño desta ziudad y alibio de las cargas que tiene y que en su execuzión traen a este ayuntamiento las adbertenzias que les a parezido convenientes para lo referido; y aviéndolo visto y considerado los dévitos grandes que tiene y que le es preziso dar forma en los gastos, acordó por aora que desde el día de san Andrés deste año en adelante se quiten los salarios de la música, menos los ministriles, y que en la fiesta del Santísimo Sacramento que se zelebra el día del Corpus Cristi y su otava se paguen dozientos ducados y en la de la Candelaria se den belas a todos los cavalleros capitulares de este ayuntamiento, escrivanos del, mayordomo y médico, alguazil mayor y porteros y al cabildo eclesiastico que se hallaren presentes, a cada uno una bela y no mas.
Al relojero se le dé de salario doze mil mrs. en que entre el azeite para los relojes, y dos fanegas de trigo; a los dos deheseros de yeguas y cavallos se les quita el trigo.
Al sacristán de Santiago, por tocar a las ánimas y ronda, zien reales.
Al prezeptor seis fanegas de trigo.
A los dos deheseros de yeguas y cavallos se les quita el trigo.
A las guardas que se les pague el trigo a la tasa, que junto su prezio con los dos mil mrs. de salario hazen zinco mil seisçientos y setenta y dos mrs. cada año. Los quales se les paguen la metad en arbitrios y la otra metad de lo que prozediere de las condenaziones de montes.
Que no se den ayudas de costas a nadie y las limosnas que se dieren sean con moderazion.

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 74.3. Folio 188v.)

18 de abril de 2012

El tesoro del berrocal


El geógrafo dice: "Sobre la inmensa penillanura de pizarras duerme apaciblemente el berrocal. Es como un inmenso galápago –tal vez salido de propio Magasca- dormitando y tendido al sol. Su milenario caparazón está adornado y cabalgado por  bolos graníticos, un castillo, una ciudad y varias poblaciones. También por escobas y retamas que ahora estallan en blancos y amarillos y que atenúan su aparente dureza.
    Entre esas formas siempre hubo un tesoro escondido. Es el más valioso en estas tierras de tiempos cambiantes: el agua. El berrocal atesora este recurso que casi no corre por encima de él,  pero que se almacena en su interior. Desde antiguo, las fuentes y los pozos eran conocidos, apetecidos y cuidados. Especialmente en tiempos de escasez y sequía.
    Sus nombres aparecen una y otra vez en los documentos: Añora, Olalla, Carbonera, Almohalla, el Parral, Zarzuela, Fontalba, Marcinillos, fuentes "que son de beber".
    En esos tiempos de escasez, cuando el agua atesorada en las entrañas del berrocal es más demandada y necesaria, cuando las nubes pasaron de largo o no aparecieron en otoños e inviernos secos, era entonces cuando había que acudir al arcano, a los buscadores de tesoros y adivinadores de veneros. El zahorí, armado de su conocimiento antiguo, de su sensibilidad extrema y de su vara de avellano, abedul, arce o fresno, recorría los lugares y decía dónde había de ahondarse, cuánto habría de hacerse y lo cuantioso de ese tesoro acuoso que encontrar. Aunque, eso sí, ese zahorí señalaba los lugares donde ya había fuentes y pozos, y en los que habría de buscarse con más ahínco y a mayor profundidad."
    Marisa López saca del arca ese momento.


1498, julio 13. Trujillo.

XIII de julio

Las fuentes que dize zahorí saca aguas que se han de fazer alderredor de la çibdad son estas
Dize que çerca de la Çarçuela, entre la dicha fuente de la Çarçuela e el majuelo de los herederos de Sancho de Cabrera ay agua casy duçe e que cavando ally e fasyendo fuente larga, que dixo que han de cavar dos estados e medio, que sacarán asaz agua e que la piedra que se fallare será buena de quebrar e que serán dos dedos de agua cavándose los dichos dos estados e medio en hondo.
Dixo que cavando e ahondando la fuente del Añora çinco palmos más de lo que agora está, que avrá en ella dos tanta agua.
Dixo que cavando çerca e junto con la fuente que está çerca de los Martyres, a la parte de la mano yzquierda, tres estados en hondo, que es cada estado diez palmos, que sacarán tres dedos de buena agua duçe e que la peña que se fallare será razonable de cavar.
Esto dixo que faziéndose asy que saldrá verdad e díxolo asy veyendo los sytios desto por los ojos e estando presentes el señor corregidor Día Sanches de Quesada e los señores Juan Núñez de Prado e Tomás de Bonilleja, regidores. Testigos que fueron presentes Juan Velásquez e Ferrando de Orellana e Françisco de Gaete e otros muchos vezinos de la dicha çibdad.
Quedó e asentó el dicho zahory con los dichos señores corregidor e regidores que el verná a esta çibdad a ser presente a abrir e sacar las dichas aguas de oy en quinze días primeros siguientes al más tardar, e que non saliendo asy lo suso dicho que él pagará las costas e que saliendo asy verdad el conçejo le satisfaga lo que vean que es razón e a su vyrtud lo dexó etc. Testigos los dichos.

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 5.8. Folio 67v.)

--> Zahorí en acción. Pierre Le Brun. Historia crítica de las prácticas supersticiosas. 1732

6 de abril de 2012

Procesiones bajo luna llena


    Estos días, si el tiempo no lo impide, las calles de Trujillo sentirán el repique de las horquillas y el discurrir de las procesiones. Con toda seguridad, trujillanos y foráneos se acercarán a contemplarlas por razones religiosas, culturales o turísticas, pero siempre con respeto. 
    El tránsito de las procesiones por las calles y plazas trujillanas se repite desde hace siglos. Cambian las formas, los colores, los sonidos, pero una y otra vez el calendario litúrgico convoca a los creyentes. Llega la primera luna llena de la primavera. 
   Con luna llena salieron los israelitas de Egipto, con luna llena se celebró la Última Cena y la luna llena después del equinoccio de primavera ve pasar nuestros pasos y penitentes. 
   La existencia en el archivo trujillano de un Procesionario nos permite seguir los momentos y lugares de los desfiles procesionales del Trujillo de finales del siglo XVI e inicios de la centuria siguiente. 


Cristo del Perdón
    El mantenimiento de la tradición seguida hasta entonces moverá al concejo trujillano a exigir que se cumpla la costumbre seguida en las procesiones que a lo largo del año se celebran en la ciudad, ya que algunos beneficiados y capellanes "con çiertos colores y motibos pretenden alterar el orden antiguo de las proçesiones públicas y solegnes que los dichos cabildos están obligados a hacer cada año, lo qual resulta en gran dispendio de el culto dibino y daños de el bien común". Por ello solicitará del vicario eclesiástico un traslado de los acuerdos que el cabildo mayor de beneficiados de la ciudad había redactado en 1601. De estas "Proçesiones generales, hordinarias y estrahordinarias que el cabildo mayor de los benefiçiados de la çiudad de Trugillo haçen en cada un año, y los días en que las haçen y la horden que guardan y an de guardar en ellos conforme a sus hordenanças y constituçiones y a las loables y antiguas costunbres de el cabildo" nosotros sacamos del arca las que los días de Jueves y Viernes Santo discurrían por nuestras calles.


1608, febrero 22. Trujillo.

Proçesiones estravagantes
Proçesión de la cofradía de la +
El jueves santo en la noche, en la proçesión de la diçiplina de los hermanos de la Vera Cruz que sale de el conbento de San Françisco, no se halla el cabildo capitularmente ni tiene obligaçión dello, pero si algún benefiçiado fuere hermano de la dicha cofradía, o no lo siendo por su deboción quisiere hallarse e yr en ella con sobrepeliz, lo pueden haçer según la antigua e loable costunbre que de esto ay; las oraçiones que se diçen en la dicha proçesión acabado el salmo de miserere, así en las yglesias parrochiales como en las calles por donde ba la proçesión está en cosstunbre que las diga el benefiçiado más antiguo que se hallare en la tal proçesión, y no abiendo benefiçiado las diçe el capellán más antiguo que va en ella, pero las oraçiones que se diçen en el monesterio de San Françisco, de donde sale esta proçesión, las diçe el guardián o frayles de el dicho conbento.
Proçesión de la cofradía de la Soledad
En la proçesión de diçiplina que haçen los cofrades de la Soledad el biernes santo en la noche que sale del conbento de los frayles de Santo Domingo, puede el cabildo, si quisiere, hallarse capitularmente en la dicha proçesión conforme a el asiento y concordia que sobre esto se tomó con los dichoss relijiosos, y hallándose el cabildo o qualquier benefiçiado de él en la dicha proçesión quando en ella se ovieren de deçir algunas oraçiones acabado el salmo de miserere mey deus que se ba diçiendo sienpre, a dezir las dichas oraçiones el cura o benefiçiado más antiguo de la yglesia parroquial donde se dixere la oraçión o el benefiçiado más antiguo que fuere en la dicha proçesión, y las oraçiones que se dijeren por las calles las a de dezir el benefiçiado más antiguo que fuere en la proçesión, pero las oraçiones que se dixeren en el dicho conbento de Santo Domingo y en el de las relijiosas de Santa Ysabel, que son de su horden, las an de deçir los dichos relijiosos, y en caso que no fuese en esta proçesión ningún cura ni benefiçiado para poder deçir las oraçiones que les tocan, las a de deçir el capellán más antiguo que fuere en la proçesión, todo lo qual es conforme a el dicho asiento y concordia que se tomó entre el cabildo y los dichos relijiosos, cuya copia está en el archivo del cabildo. En estas dos proçesiones no tienen los benefiçiados ni capellanes ninguna distribuçión.

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 59.19. Fols. 41v-43)


30 de marzo de 2012

Pescado para Cuaresma



La preocupación por el abastecimiento de ciertos productos como el pescado, especialmente en tiempo de cuaresma, se convierte en un hecho relevante en ciudades del interior en las que ese recurso es escaso.  El pescado llega a la ciudad de Trujillo desde los escasos  ríos y arroyos cercanos y también de zonas más alejadas, pero entonces seco o en salazón.
La ciudad regula a través de sus ordenanzas la forma en que se lleva a cabo el ejercicio de la pesca en sus ríos, evitando los conflictos entre pescadores cercanos o prohibiendo el uso del verbasco. Igualmente, aparece de forma reiterada el modo en que el pescado ha de ser ofrecido a los trujillanos por los vendedores y los lugares en que se ofrece en el mercado.
La necesidad de este recurso se hace más acuciante en estas fechas de cuaresma, y por ello Trujillo recurrirá a la Corona para que permita la pesca en los arroyos cercanos, arroyos que durante el verano quedaban reducidos a charcones perdiéndose el alimento necesario para cumplir los preceptos de la Iglesia. 


1574, agosto. 31. Madrid

Don Phelipe, por la Graçia de Dios, rey de Castilla, de León, de Aragón, de las dos Seçilias, de Jherusalem, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galiçia, de Mallorca, de Sevilla, de Çerdeña, de Córdova, de Córçega, de Murçia, de Jaen, conde de Flandes y Tirol etçétera. Por quanto por parte de bos la çibdad de Truxillo y vecinos particulares della nos fue fecha relaçión diziendo que esa dicha çibdad hera muy estéril de pescados porque no los avía sino çeçiales, a causa de lo qual pasavan travaxo los veçinos espeçialmente en tiempo de quaresma  y hera ansí que en la comarca desa çibdad, a una legua y a media y a tres della avía los arroyos que llamavan de Magasca y Magasquilla y Gilblanço y Tamuxa y otros, los quales en tiempo de berano no llevavan agua ninguna y estavan secos y por el ynbierno se criavan en ellos algunos pezes que salían de los ríos Del Monte e Texo, que confinavan con los dichos arroyos, y como sobrebenía el verano se secavan quedavan los pezes en seco y los comían los puercos y otros animales sin que dellos oviese probecho alguno, y porque si se pescasen los dichos pezes sería beneficio para esa dicha çibdad y veçinos della, nos suplicasteis os diésemos liçencia y facultad para que al menos en tiempo de cuaresma pudiesedes pescar en los dichos aroyos con cualesquier armadura que os pareçiese  o como la nuestra merçed fuese. Lo qual visto por los del nuestro consejo dimos una nuestra carta y provisión para que el nuestro corregidor desa dicha çibdad hiçiese sobrello quantas diligencias informaçión y con su parecer y contradicciones si las oviese lo enviase ante los del nuestro consejo para que visto se probeyese justiçia, en cumplimiento de lo qual el dicho corregidor hiço las dichas diligencias e información y con el dicho su parezer lo envío ante los del nuestro Consejo y por ellos visto y con nos consultado fue acordado que devíamos mandar dar esta nuestra carta para vos en la dicha raçón e nos tovímoslo por bien. Por la qual vos damos liçençia y facultad para que por el tiempo que a la justiçia e ayuntamiento desa dicha çibdad les paresçiese se pueda pescar y pesque con todas armaduras y redes excepto con barbasco en los arroyos de Magasca, Alcollarín, Búrdalo, Arroyo el peral, Magasquilla, Giblanço, Tamuja, Toxo, Toçuelo, las Conteras, Piçarroso y los de los Aguijones, que son los que en berano se secan, sin que por ello caygáis ny yncurráis en pena alguna. De lo qual mandamos dar y dimos esta nuestra carta sellada con nuestro sello y librada de los  del nuestro Consejo. Dada en Madrid a XXXI días del mes de agosto de mil y quinientos y setenta y quatro años.

D Episcopus Segoviensis
Liçençiado Pedro Gasco
Liçençiado Juan Thomás
Liçençiado Rodrigo Vázquez Arze
Dotor Aguilera
Liçençiado Covarruvias.

Yo Alonso de Vallejo secretario de camara de su majestad la fize escrevir por su mandado con acuerdo de los del su consejo

Liçençia a la çíbdad de Truxillo para que por el tiempo que a la justiçia ayuntamiento della paresçiese se pueda pescar en çiertos aroyos sin yncurrir en pena alguna

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 42.15)


Fragmento de Cristo en casa de Marta.  Velázquez
National Gallery. Londres h. 1618




18 de marzo de 2012

Y juraron La Pepa


Doscientos años de la proclamación de nuestra primera Constitución. Pese a que entre los Diputados que en junio de 1810 resultaron elegidos para representar a la Provincia de Extremadura se encontraba el vecino de Trujillo Juan Capistrano Chaves y Vargas, la ciudad y su Partido no estuvieron representados en las Cortes gaditanas. Trujillo sostuvo ante las propias Cortes su antiguo derecho a enviar un diputado, tal y como habían hecho las ciudades de Badajoz y Mérida al haber estado presentes en las Cortes de 1789. El Diario de Sesiones del 25 de octubre de 1810 recogía la felicitación de Trujillo por la instalación de las Cortes, al mismo tiempo que lamentaba que no hubiera diputado por esta localidad, cargo para el que había sido nombrado en agosto el regidor Jacinto María de Orellana, marqués de la Conquista, y cuya elección había sido declarada nula por la Junta Electoral de la Provincia. 
   Juan Capistrano Chaves y Vargas se desplazará hasta Cádiz, pero en noviembre, enfermo, dirige desde Ayamonte un recurso a las Cortes "en que expone que había emprendido su viage para contribuir en lo que alcanzasen sus fuerzas á la salud de la patria; pero que sus males le habían impedido continuar, y le tenían en cama; y rezelando que la mudanza del clima en la estación del invierno acarrease á su salud un daño irreparable, pedía licencia de quatro meses para volver á su casa á restablecerla. Las Cortes resolvieron que se concediese al interesado lo que pedía". En  junio del año siguiente manifestaba de nuevo que "el estado de su quebrantada salud no le permite presentarse al Congreso á exercer su encargo", por lo que se le concedía una prorroga de cuatro meses. La siguiente noticia que tenemos de Chaves y Vargas será la notificación a las Cortes de su fallecimiento, en enero de 1812, siendo sustituido por José de Chaves y Liaño. 
   Promulgada la Constitución el 19 de marzo de 1812, la ciudad de Trujillo siguió el ceremonial que se marcó desde Cádiz para que el pueblo conociese, honrase y aceptase el texto constitucional. El ayuntamiento trujillano, en su sesión de 26 de junio, daba las instrucciones precisas para formalizar los actos del día 29: "Que se publique bando para que todo este vecindario concurra a la Plaza mayor en dicho día y ora a oír la publicación y el día cinco de julio más próximo concurrirán todos los vecinos a sus respectivas parroquias a la ora de la misa mayor a hazer el juramento, según se previene por el Supremo Consejo de Rejencia, con prevención que si, lo que no es de esperar, hubiese tan solo un becino que no allándose imposivilitado absolutamente faltase a un acto tan interesante a la nación, será en el mismo acto tildado y declarado por traidor a la Patria; y los feligreses de las parroquias destruidas concurrirán a la de San Martín."
  Un nuevo ayuntamiento tomará las riendas de la ciudad el 11 de agosto de 1812. El primer ayuntamiento constitucional de la ciudad, con Félix Antonio Spina como Alcalde presidente, José García de Atocha, Isidro Valadés Parejo, Francisco Elías, Juan de Zaballa, Francisco Sanz de Soria y Ramón María García como regidores y Manuel García Molano como nuevo Procurador Síndico Personero. 
   Pero antes, el 17 de julio, el consistorio que presentó ante los trujillanos la nueva Constitución se reunió para prestar juramento.

1812, julio 17. Trujillo.

Ayuntamiento de 17 de Julio para el juramento de la Constitución.
En la ciudad de Truxillo en diez y siete de julio de mil ochocientos doce, precedida cita ante diem, se congregaron en la sala Consistorial los señores D. Lesmes Bravo, correxidor Presidente, D. Alonso Galán Gordo, D. Ramón María García y D. Francisco Sanz de Soria, rejidores, D. Carlos Muñoz Calderón, diputado, y D. Manuel González Fernández, Procurador Síndico Personero de este común, y habiéndose notado faltaban los señores D. Félix de Vargas, rejidor, y el diputado D. Pablo Vizente Rentero, se mandó entrar en la sala a el portero, y preguntado por el Señor Presidente si había citado a referidos señores, contestó que no había podido hacerlo en persona a el señor D. Félix Vargas por allarse ausente hace muchos días, y que D. Pablo Rentero se alla enfermo en cama, en cuya virtud se procedió a celebrar este acta en la forma que sigue:
El señor Presidente manifestó a el Ayuntamiento que el principal objecto de esta reunión es el de recivir juramento a este Ilustre cuerpo de guardar la Constitución en los términos que prebiene el decreto de las Cortes de diez y ocho de marzo de este año comunicada en dos de mayo por el Excmo. señor don Ignacio de la Pezuela. Este Ilustre Ayuntamiento, que deseaba con impaciencia llegase este feliz momento, se prestó inmediatamente á efectuarlo y para que todos los indibiduos y dependientes de él lo presten en igual forma, mandó se abisara en el mismo instante a D. Antonio González y D. Gonzalo López, alguaciles mayores de este Juzgado y Campo, los quales entraron en la sala, ocuparon el lugar que les corresponde y en los pies de ella se colocaron los porteros; enseguida el señor Presidente, manifestando segunda vez por lectura literal a esta Ilustre Corporazión la sabia Constitución Política de la Nación Española, se levantó de su asiento y lo mismo ejecutaron todos los señores concurrentes y poniendo las manos en el libro de los Santos Ebanjelios que se allava sobre la mesa al frente de la capilla oratorio, recibió el juramento en la forma siguiente: ¿Juráis por Dios y por los Santos Ebangelios guardar y hacer guardar la Constitución política de la Monarquía Española sancionada por las Cortes Generales y estraordinarias de la Nación y ser fieles al Rey?, a que contestaron todos a una voz, si juro, de cuyo acto mandó su señoría que los infrascriptos escrivanos le entregásemos testimonio duplicado.

 (Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 414. Fols. 34v-35v.)

3 de marzo de 2012

Armas, juegos, rufianes y señales


    La figura del corregidor, que encabeza las reuniones de los ayuntamientos trujillanos en buena parte de su historia, representa la plasmación de la política intervencionista de la Corona en la administración local. En la ciudad, el corregidor encarna los  intereses y directrices marcadas por la Corona y, en el caso de Trujillo, intenta -aunque no siempre lo consigue- acercar las posturas en ocasiones contrapuestas que surgen con frecuencia en el seno del concejo. A los capitanes que ocupan el corregimiento de la ciudad entre 1476 y 1480,  les suceden letrados con una formación jurídica que les hace especialmente aptos para el ejercicio de la justicia. Se está conformando en ese momento una verdadera clase funcionarial que recorre la geografía del reino en distintos "destinos" acordes a su origen e importancia.
    El licenciado Lope Sánchez del Castillo será corregidor de Trujillo entre 1484 y 1488, pero antes lo ha sido de Murcia y posteriormente lo será de Villena y León. En enero de 1486 el licenciado presenta ante el concejo la real provisión que, redactada en Alcalá de Henares días antes, prorroga por un año más su corregimiento en la ciudad de Trujillo. El concejo acata y obedece la real orden y le entrega las varas símbolo de la justicia civil y criminal que detenta.
    Tras él, el bachiller García Ferrández de Orihuela, su alcalde, y Juan Alonso de Alarcón, su alguacil, juran "todas las cosas que devían jurar". El primero será su lugarteniente en caso de ausencia y al alguacil corresponde el mantenimiento del orden público y la ejecución de sentencias que corregidor y alcalde emitan.
    Terminado el juramento, el renovado corregidor presenta a quienes se constituyen en sus fiadores, los cuales responden de las responsabilidades que pudieran recaer sobre su persona al finalizar el período de su mandato y serle realizada la residencia. Dos de los regidores de ese año, Juan Núñez de Prado y Diego Carvajal, y el licenciado Balboa "se obligaron quel dicho liçençiado e sus ofiçiales farán la dicha resydençia segund la deven faser e se contyene en las leyes que en esto fablan".
    Asegurar el orden público y el cumplimiento de las leyes vigentes en el reino son algunos de los principales cometidos del corregidor, normas que el licenciado Sánchez del Castillo conoce bien. Por ello, ya reconocido por el concejo y con las varas de la justicia en su mano, "mandó e fiso pregonar e se pregonó públicamente en la plaça pública de la dicha çibdad estas cosas que se syguen" 

1486, enero 10. Trujillo

Armas.    Sepan todos los veçinos e moradores desta çibdad e sus términos e de otras partes qualesquier que a ella vinieren, en como el señor Lope Sanches del Castillo mandó a pregonar que ninguno ni algunos de qualquier ley o estado o condiçión que sean no sean osados de traer armas por la dicha çibdad e sus arravales, de noche ni de dya, pública ni secretamente, ofensyvas ni defensyvas, so pena que pyerda las dichas armas e más que caya en pena de dozientos mrs., los çiento para las obras públicas de la dicha çibdat e los otros çiento para el alguazil que lo executare; e que los mesoneros sean obligados de avysar a sus huéspedes lo suso dicho so la dicha pena.

Juegos.    Otrosy que ninguno ni algunos no sean osados de jugar dados ni naypes ni otros juegos de vedados por las leyes de Toledo dineros secos, so pena que pyerdan los mrs. que asy jugaren e más que cayan en pena de seysçientos mrs. cada uno; e sy jugaren en alguna casa, que el dueño o señor de la casa caya en pena de dos mil. mrs.

Rufianes.    Otrosy que ningund rufián no sea osado de estar en esta çibdad teniendo en ella muger del partido, y esto mismo sea a las dichas mugeres teniendo en la dicha çibdad los dichos rufianes. E sy  algunos desta guisa están en la dicha çibdad, salgan della fasta mañana en todo el dya, por manera que no estén en la dicha çibdad juntos salvo que pueda estar uno o otro, e sy fueren fallados en esta anbos a dos en la dicha çibdad, que les den a cada uno dellos çien açotes públicamente por la plaça pública de la dicha çibdad.

Señales.    Otrosy pregonó públicamente que ningund judio ni judía, ni moro ni mora, no sean osados de andar por la dicha çibdad e sus arravales syn señales en las ropas e vestidos de ençima; los judíos que trayan sus señales redondas de paño colorado e sin cubrir e los moros que trayan sus medias lunas de paño azul; e sy de otra manera fueren fallados, que pyerdan las ropas que llevaren de ençima syn las dichas señales.

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 5.1. Fols. 41v.-42r.)


Juegos diversos de Axedrez, dados, y tablas con sus explicaciones, ordenados por mandado del Rey don Alfonso el sabio



18 de febrero de 2012

Llega el carnaval


   Llega el carnaval, tiempo de fiesta, crítica y sátira. Tiempo de diversión, música y baile, burla y transgresión. Tiempo de don Carnal. La máscara esconde el rostro, permite jugar al equívoco y asegura el anonimato. Siempre se temió por parte del poder y en repetidas ocasiones se prohibió su uso. En 1813 la guerra se acaba, los años duros pronto quedarán atrás, pero los deseos de fiesta no han desaparecido. Cualquier motivo es bueno y la llegada del carnaval un respiro que puede hacer olvidar, por pocos días, las penurias que se han vivido. Pero el orden público es lo primero y la autoridad -el alcalde Fernando de Orellana y Contreras- quiere imponerse. Seguramente no lo consiguió.


1813, febrero 5. Trujillo

Don Fernando, etc.
Haviendo observado que todos los días se presentan en la Plaza de esta ciudad y sus calles diferentes quadrillas de enmascarados, sin embargo de estar prohibido semejante diversión en todo el Reyno bajo graves penas, conociendo que de ella pueda resultar graves perjuicios por ser mui ocasionada a que se perturbe la tranquilidad pública, se hace saver a todos los vecinos y residentes en esta ciudad de cualquier estado, clase o condición que sean, que en manera alguna usen de las máscaras ni otros disfraces que los hagan desconocidos, bajo la multa de cuatro ducados a cada uno de los que se aprenda enmascarados y disfrazados y de proceder después a la formación de causa y aplicación de las penas que las leies señalan para estos casos. Fernando, etc. Trujillo, Febrero 5 de 1813.

(Archivo Municipal de Trujillo.  Leg.  560.1)



11 de febrero de 2012

Buscando a Gordillo


1656, enero 23. Trujillo.

 El señor alcalde mayor dio cuenta a la ciudad de que tenía notiçia de un onbre llamado el Gordillo, caudillo de vandoleros, que avía entrado en los términos de esta çiudad robando y salteando, poniendo grande espanto y temor en poblado y despoblado, a que era justo poner remedio; y la çiudad acordó se busque y hagan bibas dilixençias sobre su prisión y castigo; y suplica a el señor alcalde mayor se sirva tomarlo por su cuenta y pasar los gastos neçesarios y correspondençia; nonbró por comisarios a los señores don Luis de Loaysa y Chaves y don Alonso de Mendoça Sotomayor y en este estado se quedó.

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 75.1. Fols. 6v-7r.)

El Gordillo, bandolero que asolaba las tierras trujillanas a mediados del siglo XVII y que hizo que el concejo tomase la determinación de movilizarse para detenerle y llevarle a prisión. Son muchas las noticias curiosas de índole muy diversa que se recogen en las actas municipales. En su lectura nos detenemos a veces en ellas y siempre pican nuestra curiosidad. porque... ¿quién era el tal Gordillo?

El océano de la red, ese maravilloso mundo a nuestro alcance, aparece hoy como inmensa arca que nos permite rastrear en segundos cientos de "documentos" que, con paciencia, acaban por saciar esa curiosidad. José Luis Bermejo Cabrero, en su obra "Poder político y administración de justicia en la España de los Austrias" (Madrid, 2005), nos proporciona la pista. Bandoleros en el siglo XVII que suponen un verdadero peligro para la paz ciudadana en puntos muy diversos del país, aunque muchos de ellos ligados a Sierra Morena y los caminos que conducen a Madrid.

A través de las palabras de Jerónimo de Barrionuevo, un auténtico periodista que entre 1654 y 1658, y desde Madrid, escribe sus "Avisos" al Deán de Zaragoza dándole cuenta de todo cuanto acontece en la Corte, nos llegan las noticias de este bandolero "a lo grande", con numerosa cuadrilla y asombrosa movilidad que, desde Valencia a tierras de Extremadura, intentará incluso ponerse al servicio de los portugueses. En palabras de Bermejo Cabrero, un verdadero representante de "un bandolerismo que busca la ganancia rápida y que puede resultar muy violento, frente a lo que la idealización posterior del bandolero quiera hacer valer". Final del enigma Gordillo. ¡Menudo prenda!.

"El Gordillo de Méntrida, que está retirado en Valencia, se ha venido ahora a Sierra Moreno, y se pasea hasta Guadarrama, haciendo él y otros que le siguen de las suyas (...)
El Gordillo de Méntrida corre hasta Talavera con 100 hombres, y tiene aquí sus agentes y parciales con quien se entiende, y entra y sale en Madrid sin ser conocido a los robos de más importancia, teniendo mozuelos que entran en las casas ricas a servir y registrarlo todo (...) con que nadie está seguro en su casa (...)
Llegó el Gordillo de Méntrida, cerca de Trujillo y Medellín con 100 caballos y 100 arcabuceros de pie, que a los malos se les juntan otros muchos con facilidad, y en el lugar de la villa de Mérida, por adelantarse con ocho caballos, le prendieron y soltaron luego, pensando que era soldado, temerosos de que toda la gente no diese sobre el lugar. No había llegado su hora. Quiso meterse en Portugal, y los portugueses le estorbaron, aunque dijo iba a servirlos, diciendo no habían menester ladrones, y que soldados no les faltaban. Hase dicho después acá que en Escalona le han preso. Gran cosa sería quitar de entre los buenos un hombre tan malo. Dios lo haga."
(Jerónimo de Barrionuevo. Avisos)


Gustave Doré. Viaje por España



7 de febrero de 2012

Siguiendo el rastro




   La ocupación de Trujillo por las tropas francesas en 1810, a lo largo de cinco meses, no trajo la destrucción que marcó la de 1809. Fue menos violenta pero no por ello menos gravosa para sus habitantes. Las elevadas exacciones que los franceses exigieron a la Junta de Trujillo y su Partido fueron difícilmente asumidas por los vecinos. Contribuciones ordinarias de raciones y una vez más alojamiento de tropas se suman así a los 100.000 reales que al Partido de Trujillo reclamó el mariscal Reynier, un tercio del total impuesto a la Provincia de Extremadura.

    La presión económica no cesó tras la retirada francesa en julio de ese año. Si quedó libre de enemigos, tras ellos llegaron los soldados nacionales para situarse en el territorio, a fin de defenderlo y vigilar los movimientos de los franceses. El 26 de julio de 1810 Fernando de Butrón anunciaba la llegada de una división de infantería y la caballería a su mando a los que Trujillo y los pueblos de su Partido habrían de suministrar raciones diarias. Unos 4000 soldados y 500 caballos cuyo abastecimiento resultaba un problema para una tierra esquilmada.

   No es pues de extrañar que el trigo procedente de los molinos de la Albuhera y custodiado en los almacenes dispuestos en la Casa de Comedias despertara un gran interés para quien carecía de un  recurso tan necesario.

   El escribano Francisco Antonio Blanco solo pudo dar fe del robo, seguir su rastro cual Pulgarcito, y quizás, comprendiendo las razones de aquél, anotar que fue imposible determinar quién o quiénes fueron los autores y dónde fue a parar tan deseado botín.

 

1810, octubre, 31. Trujillo.

Francisco Antonio Blanco, escribano público del número de esta ciudad de Truxillo, certifico y doy fee que de orden del señor don Josef Salustiano de Cázeres pasé por su encargo, como correxidor en ella, a las Casas de Comedias donde se halla el almacén de provisiones estantes y transeuntes por esta dicha ciudad y corren a cargo de don Josef de Vega, de esta vecindad, por quien se dio noticia á citado señor correxidor, de que en la noche del día treinta de octubre de este año corriente habían forzado, roto y violentado las puertas de dicha Casa de Comedias, y extraído, según la mensura de los granos que en una de las trojes que con separación se hallavan, el trigo producto de los molinos de la Albuera, que eran treinta fanegas, y faltaron como rovadas diez y seis; con esta novedad se practicaron en este día de la fecha y á cosa de las ocho de su mañana, las diligencias de escrutinio y reconocimiento de algunas casas, por consecuencia del reguero del trigo que desde las puertas de Casa de Comedia continuava hasta ciertas calles, no pudo ser hallado su autor ni autores, á pesar de que don Antonio González, alguacil mayor, llevava las órdenes más estrechas de dicho señor correxidor para el descubrimiento de este atentado, con asistencia así mismo de Antonio Valiente, ministro ordinario de este tribunal, que en unión todos con dicho don Josef de Vega se retiraron para ponerlo en noticia de espresado señor correxidor, a quien dicho Vega pidió se le diese por testimonio para su resguardo; que es el presente que de mandato judicial signo y firmo con citado Vega y González, alguacil mayor, a petición del primero, en esta ciudad de Truxillo y octubre, treinta y uno de mil ochocientos diez.
Antonio González de Toro (rúbrica)
Josef de Vega (rúbrica)
En testimonio de verdad
Francisco Antonio Blanco (rúbrica)

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo  812.8)