27 de marzo de 2026

La Vuelta pasó por Trujillo

    A punto estuvo de no celebrarse la IX edición de la Vuelta Ciclista a España en 1950. Ya el año anterior fue imposible organizarla y los motivos fueron económicos. A principios de febrero de 1950, el presidente de la Federación Española de Ciclismo, Alfredo Delgado, indicaba que ese año tampoco se celebraría la Vuelta y que  había nada definitivo sobre que el ciclismo español estuviera representado en la vuelta a Francia pero sí lo haría en la vuelta al Marruecos francés, que reuniría a todos los “ases” internacionales. 
    Aunque la firma comercial barcelonesa “Iberia Radio” se mostró interesada en la organización de la prueba, finalmente serían el diario “Ya” y la Unión Velocipédica Española los que asumieran el coste de la Vuelta que había visto su primera edición en 1935. 
    En junio parecía que todo estaba dispuesto. El presupuesto total ascendería a 412.000 pesetas de las que el ganador se llevaría el importante premio de 50.000 pesetas y se disputaría entre el 17 de agosto y el 10 de septiembre.
    Con inicio y final en Madrid, las 23 etapas de la IX edición de la Vuelta tendrían un recorrido en sentido opuesto al de los años anteriores y, como en 1935, las etapas del norte serían las primeras dejando para el final el itinerario por el sur en lo que se esperaba serían los días menos calurosos.
    En ese recorrido, Trujillo vería por primera vez pasar por sus calles a los corredores en la que sería la penúltima etapa de la Vuelta y además se situaría en la ciudad uno de los nueve controles elegidos.


    Ese protagonismo de Trujillo en el calendario entonces previsto (24 de agosto a 17 de septiembre), llevó a la organización a solicitar la ayuda de la ciudad, que como otras muchas en igual circunstancia recibió la instancia que a su ayuntamiento dirigió Alfredo Delgado Barguilla, presidente de la Unión Velocipédica Española-Federación Nacional de Ciclismo, solicitando el apoyo económico de Trujillo. 

1950, junio 14. Madrid
 (...) En el itinerario previsto para la referida carrera figura esa ciudad como lugar donde se ha de establecer un control de aprovisionamiento (sin parada) para los corredores, estando calculado el paso para el día 16 de septiembre. Aparte del interés local que la celebración de dicha carrera pueda tener para esa ciudad bajo el punto de vista turístico, existen otras razones para que a la referida carrera se la preste el mayor interés: la propaganda que, bajo todos los puntos de vista, supone para España ante el mundo entero su celebración y lo que supone de apoyo a una industria que, como la de la bicicleta y sus accesorios, constituye el medio de vida de tantos miles de obreros españoles.
De la importancia que a esta clase de carreras se concede en el extrangero es buen exponente de que Francia, Italia, Suiza, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Suecia, Portugal, Austria, Hungría, Polonia y Méjico, naciones a las cuales va a sumarse esta temporada la Alemania occidental a pesar del estado en que ha quedado después de la guerra, vienen celebrando su Vuelta cada año sin interrupción considerándola como una prueba deportiva del más alto interés nacional.
España no puede ni debe quedar atrás en este aspecto. Pero la carrera de referencia tiene un presupuesto de un millón de pesetas imposibles no ya de cubrir sino siquiera de aproximar sin el apoyo económico decidido de los organismos oficiales de todas y cada una de las ciudades comprendidas en el recorrido.
Hasta la fecha los apoyos económicos recibidos por la VUELTA CICLISTA A ESPAÑA han sido insuficientes siendo esta la razón por la que el año pasado ha dejado de celebrarse. 
Por todo lo expuesto y con la más firme esperanza puesta en el resurgimiento del ciclismo español
SOLICITA de ese Excmo. Ayuntamiento, de su digna Presidencia, una subvención de DOS MIL PESETAS con destino a los gastos de organización de la repetida carrera.
Gracia que espero alcanzar de V.E, cuya vida guarde Dios muchos años.
Madrid 14 junio de 1950
A. Delgado (rúbrica)

EXCMO. SR. ALCALDE-PRESIDENTE DEL AYUNTAMIENTO DE TRUJILLO
(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 1776.45)

    Presentada la instancia en el pleno del día 30 de junio, poco hubo que discutir. “Aun sintiéndolo mucho”, el ayuntamiento acordó “no ser posible acceder a la subvención interesada debido a la situación económica en que se encuentra este Municipio”, ordenando al secretario comunicase la decisión al Presidente de la Unión Velocipédica Española.
    Treinta y cinco ciclistas españoles, cinco belgas y tres italianos iniciaron el 17 de agosto la Vuelta en Madrid. Algunos cronistas deportivos hablaron de falta de brillantez en la actuación personal de los participante, quizás por la ausencia de grandes ases del ciclismo y la desgana de otros. 
    Trujillo siempre ha resultado una ciudad que acoge y festeja, que celebra y curiosea en todo tipo de acontecimientos. No iba a ser menos un suceso deportivo que debió ser comentado en la plaza, corrillos, bares y tabernas.
    El arca nos ha mostrado cómo a lo largo del tiempo, acontecimientos de pequeña o gran relevancia, cercanos o lejanos eran celebrados y festejados. Por eso llama la atención que la prensa local no recoja lo que la nacional sigue, relata y comenta; que un acontecimiento inusual en Trujillo y que discurría por el camino real no quedase reflejado en sus páginas. Porque el paso de los ciclistas fue presenciado por numeroso público que les ovacionó, pese al calor de ese sábado 9 de septiembre.
    Fueron esos días de un intenso calor; “calor extremeño”, dijeron algunas crónicas deportivas; “calor de horno” dijeron otros. Algún corresponsal no recordaba ninguna etapa tan angustiosa como esa, por el calor.
    El día anterior, el 8 de septiembre, se celebró en Trujillo un interesante partido de fútbol en homenaje al entrenador del Club “Deportivo Trujillo”, Severiano Uría, entre el once trujillano y el Deportivo Cacereño. “El excesivo calor restó brillantez al juego, especialmente en el segundo tiempo, sintiéndose los jugadores un poco agotados”, contó la prensa cacereña.
    A las diez de la mañana del sábado día 9 atravesaba Trujillo la novena edición de la Vuelta Ciclista a España”, con calor, mucho calor. Tanto que el ganador de la Vuelta, el gallego Emilio Rodríguez, el que logró vestir en Madrid el maillot de ganador, entonces blanco con franja roja, consideró las dos últimas (Mérida-Talavera de la Reina y Talavera de la Reina-Madrid) las
más duras de todo el recorrido.
    No fue el paso por la ciudad de personajes reales que se recibían o festejaban ni tropas que, propias o enemigas, terminaban agotando las haciendas, viviendas y despensas trujillanas. Fue participación, fiesta y deporte. 



8 de marzo de 2026

Sororidad silente

    El arca guarda celosa y silenciosamente noticias muy diversas pero pocas tienen que ver con personas y grupos relegados y silenciados. La información sobre la mujer en sí es escasa en nuestra arca y en tantas otras, una muestra más de su papel secundario al que lamentablemente se le ha relegado en todas sus acepciones a lo largo del tiempo.
    Entre las noticias relativas a la mujer que pueden rastrearse y encontrarse hay algunas que nos hablan de sororidad, de una sororidad silente, callada y continuada en el tiempo. 
    Los testamentos de mujeres están llenos de otras mujeres, de hijas o hermanas, primas o sobrinas, amigas, criadas y esclavas a las que no se olvida en los últimos momentos de la vida. Para ellas son pequeñas mandas de mantos, sayas y tocas, sábanas o almohadas. Para ellas se destinan pequeños regalos o hermosos y grandes presentes como la libertad.
    Siempre es un arropamiento y acompañamiento entre las mujeres, más necesario en tiempos inciertos y en espacios en que, desde la confesionalidad y creencias religiosas, se busca la protección y el seguro junto a otras mujeres con las que compartir vida y oración.
    Aunque sus puertas no estaban abiertas a todas las mujeres, pues la dote a entregar era mucha y al alcance de pocas, si hay un mundo femenino que nos abre el arca, éste será el de los conventos, beaterios y monasterios.  Sea o no una elección libre de vida, en ellos la mujer se siente acogida y protegida y la sororidad, la amistad, estará siempre presente entre sus muros.
Portada de la iglesia del convento de Santa María y
la Magdalena. Hacia 1960.
    El convento de Santa María, el de las beatas de la Concepción “que es çerca de la yglesia mayor de Nuestra Señora desta çibdad de Trugillo”, acogió en agosto de 1570 a las nueve hermanas que residían en el convento de la Magdalena en Jaraicejo. “Enfermas e impedidas por la edad”,
no se sentían con fuerza para mantener su convento. El obispo placentino don Pedro Ponce de León atendió su petición de unirse a sus hermanas de Trujillo, “de su hábito, regla e profesión”. Veintinueve monjas de Santa María firmaron en agosto de 1570 el acuerdo que antes votaron -“todas juntas de un acuerdo e parecer”- por el que aceptaban acoger a sus hermanas de Jaraicejo en el convento de Trujillo, que ahora debería llamarse de Santa María y la Magdalena. Una comunidad de mujeres que crecía, que acogía a otras mujeres que necesitaban de cuidado y ayuda.
    En 1578 aún pleiteaba el monasterio trujillano por conseguir que algunas de las rentas que mantenían a las monjas de la Magdalena “que en aquella sazón residía en la villa de Xarahizejo y agora está encorporado en este dicho convento” llegasen a Trujillo para el mismo fin. 

    En ese año, el doce de junio, una de las beatas profesas del convento, María de Mesa, pedía licencia a la priora

1578, junio 12. Trujillo
En el nonbre de Dios, amén. Sepan quantos esta carta vieren, como yo, María de Mesa, freyla prophesa en el monesterio de Santa María y la Magdalena de la çiudad de Trugillo, con lizençia y espreso consentimiento que pido a la señora Marina Álvarez de Orellana , priora del dicho convento, para otorgar y hordenar este mi testamento con lo que en él será contenido, la qual dicha liçençia yo la dicha priora que presente soy, doy y conçedo a vos la dicha María de Mesa según y para lo que en ella pedís e yo la dicha María de Mesa la açepto y de ella usando y estando en mi libre juizio y entendimiento natural y creyendo como firmemente creo el misterio de la Santísima Trinidad y todo aquello que qualquiera fiel cristiana debe y es obligado a creeer como lo manda la santa madre iglesia de Roma, nuestra madre, para servir a Dios y bien de mi ánima, hago y ordeno este mi testamento en la manera siguiente.
(Archivo Municipal de Trujillo. Protocolos Pedro de Carmona. 1578, fol. 99r.-100v.)

    No conocemos la edad de la beata María ni cuántos los años que llevaba en el convento de Trujillo (aparece entre las monjas que decidieron acoger a sus hermanas de la Magdalena en 1570). No realizó su testamento, como otras muchas hicieron, al iniciar su vida monástica, dejando ordenados y dispuestos sus asuntos terrenales, renunciando a sus bienes familiares,  cerrando el capítulo inicial de su vida y abriendo el siguiente y definitivo, “porque es bien e cosa razonable antes de salir del siglo disponer y hazer mi testamento”, diría doña María de Sotomayor, viuda de don Alonso de Sotomayor, antes de entrar en religión y tomar el hábito de la Purísima Concepción en Santa Clara.
    Como muchas otras religiosas, María de Mesa tiene poco de lo que disponer, pero tiene claro quiénes serán las destinatarias de sus escasos bienes.
    Su cuerpo deberá descansar junto a quienes le han acompañado en su vida monástica, “en la iglesia de este dicho monasterio de Santa María y la Magdalena, en la capilla, en la sepultura donde está enterrada doña Luysa de Chaves, mi tía”. Como hermana de la cofradía de la Soledad de Nuestra Señora, deseaba que asistieran a su entierro sus cofrades, junto a los de la Cruz y que sobre su sepultura se hicieran las ofrendas acostumbradas de pan, vino y cera.
    Misas por sus padres, por sus abuelos y hermanos, por su tía Luisa de Chaves y por dos de las beatas ya fallecidas, doña Francisca Calderón y Catalina de Hinojosa (de la que había sido testamentaria unos meses antes). 
    A su esclava Isabel, que con su consentimiento había casado con Salvador, criado de Juan de Escobar, le daba la libertad tras su muerte “y mando que le den un colchón y una manta y una sávana y dos camisas y un mantillo que yo tengo”. 
“Iten mando que una casa que yo tengo en el canpo de la fortaleza, la qual compré del arçipreste Juan Piçarro, en que bive al presente Isabel, mi esclava, que la suso dicha y su marido la gozen por todos los días que naturalmente bivieren y que después que sean falleçidos, quiero y mando que aya la dicha casa el cabildo de los capellanes desta çiudad, con tanto que sean obligados a me dezir una misa de la fiesta de San Juan Baptista en este dicho convento".
    Sus compañeras monjas Leonor de Paredes, doña Francisca Altamirano y María de San Juan recibirían dos ducados cada una; una sábana de lienzo y un ducado para doña Francisca de Orellana
y su poma de olor de oro pasaría a doña María de Chaves, siempre que doña Francisca de Solís no la quisiera y compensara a doña María de Chaves con ocho ducados.
    Será doña Francisca de Solís la que recibiría las rentas, durante el resto de su vida, de la parte que María de Mesa tenía en la heredad del Hocinillo, pudiendo traspasar la mitad de su usufructo a quien desease y pasando la otra mitad, tras la muerte de doña Francisca, a doña María de Chaves y doña Francisca de Chaves, hijas de Juan de Chaves Calderón, beatas del convento. Establece así una cadena que terminaría, tras la muerte de éstas, en doña Jimena de Orellana, hija de Juan de Solís, “quien al presente está en este dicho convento para ser beata en él”.
Poma de olor. En "Retrato de Caballero". 
J.C. von Oostzane. Rijksmuseum. Amsterdam
    Del resto de sus bienes y alhajas, “quiero y mando que…se haga el repartimiento y se den a quien y como yo mandare y se contuviere en una memoria que dexaré firmada de mi nonbre“. De cumplir su voluntad se encargarían sus testamentarios, su compañera doña Francisca de Solís y el clérigo Francisco Báez. Ellos deberían “entrar, tomar y vender” sus bienes, cumplir sus mandas y emplear el remanente, si lo hubiera, en su heredera universal, su alma. En ella habrían de gastarse y consumirse el resto de sus bienes “haçiendo sufragios por ella”.
    El marido de su esclava, Salvador Sánchez, el clérigo Báez, Lope Martín y Diego Martín, “trabajadores”, fueron testigos de cómo el escribano Pedro de Carmona anotó las últimas voluntades de la monja María de Mesa y presenció su firma.
    Ahora, en el último momento de su vida, había pensado como mujer -de un modo silencioso y silente- en otras mujeres al ayudarles a asegurar el mantenimiento de su vida terrenal. 
    Esa sororidad que la acogió y sintió, la que pudo practicar en vida, estuvo presente poco antes de su muerte y continuaría tras ella.

24 de febrero de 2026

El Libro Negro

    Don Diego de Sandoval Negral de Vivero, caballero de la orden de Santiago, era natural de Fontiveros, en Ávila. Tras dejar el corregimiento de Molina de Aragón, en 1550 llegó a la ciudad de Trujillo como su nuevo corregidor poco antes del día de San Andrés, momento en el que ya presidió la elección de los oficios que realizaban los regidores trujillanos. 
    Quizás en esa elección se suscitase el problema que entre los regidores de la ciudad suponía el orden de sus asientos y que, trasladado al nuevo corregidor, pensaron que podría ahora tener solución. Pero uno de los principales temas que ocuparon las labores del corregidor Sandoval a su llegada a la ciudad sería el orden y la preservación de los muchos documentos que atesoraba su archivo. 
    El tres de enero de 1551 se reunía el ayuntamiento con escasa presencia de regidores. Tan solo seis de los dieciséis regidores que conformaban el concejo en ese momento acudieron al cabildo. Juan de Chaves, Pedro Suárez de Toledo, Martín de Chaves, Juan de Solís, Alonso Ruiz y Juan Pizarro de Orellana acompañaron a don Diego de Sandoval con el único propósito “de ver el ynventario de las provisiones, privilegios e otras escrituras que esta çibdad tiene”, recopilación encargada por el corregidor a los escribanos del ayuntamiento a quienes había dado un plazo de nueve días para asentar el inventario en el libro que para ello se dispuso en el arca nueva de la sala del ayuntamiento. Dos días de cárcel y pena de seis reales podría haber supuesto para los escribanos no atender al requerimiento del corregidor, que pretendía con esta iniciativa conocer dónde y en qué estado se encontraba el patrimonio documental de la ciudad, anotado entonces “en papeles sueltos e mal conçertados”.
    Otros lo hicieron antes que don Diego Sandoval, anotando en sus registros los “libros viejos de escrituras viejas” que la ciudad conservaba. De ellos se preocupó el corregidor y su interés se centró en “Un libro viejo guarneçido en cuero negro de deslindamiento de las cavallerías” (1508).
Página del Libro Negro. Exposición
"Restaura. La Memoria de los Dococumentos"

Lo encontró “desojado y maltratado” mandándolo encuadernar el mismo año de su llegada a Trujillo.
    Unos años después, 1598, un nuevo corregidor, don Rodrigo de Bazán, volvía a ordenar un nuevo inventario del archivo trujillano. Y allí estaba el libro encuadernado por el corregidor Sandoval: “Otro libro que llaman el Libro prieto, enquadernado en tabla y cuero prieto, que es el libro antiguo que esta çiudad tiene de los amojonamientos antiguos de exidos de los lugares de la juridiçión de Trugillo y villas de su suelo y de las cavallerías y dehesas desta çiudad y el deslinde y amojonamiento del berrocal, como en el dicho libro se contiene”.
    En el Libro Negro o Prieto el escribano Blasco Domínguez recogió con cuidada caligrafía en los inicios del siglo XV los documentos que a la muerte de Alfonso García Tierno, escribano del concejo, se conservaban en su registro. La concesión del Fuero Real a la entonces villa de Trujillo, privilegios, deslindamientos, sentencias sobre ocupaciones de tierras concejiles... Documentos del siglo XIII y XIV a los que quizás en las páginas dejadas al final del libro se añadieron tres documentos posteriores, dos en el siglo XV y uno a mediados del siglo XVI. Porque sería el propio don Diego Sandoval quien cerrase este libro Negro ordenando al escribano Florencio de Santa Cruz asentase en él el deslinde del berrocal realizado por el corregidor en enero de 1551
 
1551 octubre 22. Trujillo 
...dixo que dava e dio por pasto común y baldíos de la dicha çiuudad todo lo que por el dicho libro prieto pareçe aver sido dado por tal valdío si no fuere aquellas cosas de que mostraren los dueños dellas liçençia de Su Magestad o justo título para las poder poseer y así dixo que mandava e mandó se asiente e ponga en el dicho libro prieto e que yo el dicho escrivalo lo signe de mi signo para que en todo tiempo parezca lo que el dicho señor corregidor en la dicha razón dexó proveydo. Don Diego de Sandoval Negral de Bivero. E yo, Florençio de Santa Cruz, escrivano y notario público, presente fuy a lo que dicho es y de mandamiento del dicho señor corregidor lo fiz escrivir e por ende fiz aquí este mio signo a tal (signo y rúbrica) en testimonio de verdad.
Florençio de Santa Cruz escrivano.
(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 1.1, fol. 155v)

    Cuatro siglos han pasado desde que el corregidor Sandoval mandara recomponer y encuadernar el Libro Negro y de nuevo unas manos cuidadosas y profesionales le han curado las heridas del tiempo y del uso. Hoy luce en la exposición “Restaura. La memoria de los documemtos” junto a otros de otras muchas arcas municipales. Pronto volverá a Trujillo con juventud renovada, agradecido y dispuesto a seguir conservando en el arca parte de la memoria de la ciudad. 
Exposición "Restaura. La memoria de los documentos". Sala Pintores. Cáceres.