A punto estuvo de no celebrarse la IX edición de la Vuelta Ciclista a España en 1950. Ya el año anterior fue imposible organizarla y los motivos fueron económicos. A principios de febrero de 1950, el presidente de la Federación Española de Ciclismo, Alfredo Delgado, indicaba que ese año tampoco se celebraría la Vuelta y que había nada definitivo sobre que el ciclismo español estuviera representado en la vuelta a Francia pero sí lo haría en la vuelta al Marruecos francés, que reuniría a todos los “ases” internacionales.
Aunque la firma comercial barcelonesa “Iberia Radio” se mostró interesada en la organización de la prueba, finalmente serían el diario “Ya” y la Unión Velocipédica Española los que asumieran el coste de la Vuelta que había visto su primera edición en 1935.
En junio parecía que todo estaba dispuesto. El presupuesto total ascendería a 412.000 pesetas de las que el ganador se llevaría el importante premio de 50.000 pesetas y se disputaría entre el 17 de agosto y el 10 de septiembre.
Con inicio y final en Madrid, las 23 etapas de la IX edición de la Vuelta tendrían un recorrido en sentido opuesto al de los años anteriores y, como en 1935, las etapas del norte serían las primeras dejando para el final el itinerario por el sur en lo que se esperaba serían los días menos calurosos.
En ese recorrido, Trujillo vería por primera vez pasar por sus calles a los corredores en la que sería la penúltima etapa de la Vuelta y además se situaría en la ciudad uno de los nueve controles elegidos.
Ese protagonismo de Trujillo en el calendario entonces previsto (24 de agosto a 17 de septiembre), llevó a la organización a solicitar la ayuda de la ciudad, que como otras muchas en igual circunstancia recibió la instancia que a su ayuntamiento dirigió Alfredo Delgado Barguilla, presidente de la Unión Velocipédica Española-Federación Nacional de Ciclismo, solicitando el apoyo económico de Trujillo.
Aunque la firma comercial barcelonesa “Iberia Radio” se mostró interesada en la organización de la prueba, finalmente serían el diario “Ya” y la Unión Velocipédica Española los que asumieran el coste de la Vuelta que había visto su primera edición en 1935.
En junio parecía que todo estaba dispuesto. El presupuesto total ascendería a 412.000 pesetas de las que el ganador se llevaría el importante premio de 50.000 pesetas y se disputaría entre el 17 de agosto y el 10 de septiembre.
Con inicio y final en Madrid, las 23 etapas de la IX edición de la Vuelta tendrían un recorrido en sentido opuesto al de los años anteriores y, como en 1935, las etapas del norte serían las primeras dejando para el final el itinerario por el sur en lo que se esperaba serían los días menos calurosos.
En ese recorrido, Trujillo vería por primera vez pasar por sus calles a los corredores en la que sería la penúltima etapa de la Vuelta y además se situaría en la ciudad uno de los nueve controles elegidos.
Ese protagonismo de Trujillo en el calendario entonces previsto (24 de agosto a 17 de septiembre), llevó a la organización a solicitar la ayuda de la ciudad, que como otras muchas en igual circunstancia recibió la instancia que a su ayuntamiento dirigió Alfredo Delgado Barguilla, presidente de la Unión Velocipédica Española-Federación Nacional de Ciclismo, solicitando el apoyo económico de Trujillo.
1950, junio 14. Madrid
(...) En el itinerario previsto para la referida carrera figura esa ciudad como lugar donde se ha de establecer un control de aprovisionamiento (sin parada) para los corredores, estando calculado el paso para el día 16 de septiembre. Aparte del interés local que la celebración de dicha carrera pueda tener para esa ciudad bajo el punto de vista turístico, existen otras razones para que a la referida carrera se la preste el mayor interés: la propaganda que, bajo todos los puntos de vista, supone para España ante el mundo entero su celebración y lo que supone de apoyo a una industria que, como la de la bicicleta y sus accesorios, constituye el medio de vida de tantos miles de obreros españoles.
De la importancia que a esta clase de carreras se concede en el extrangero es buen exponente de que Francia, Italia, Suiza, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Suecia, Portugal, Austria, Hungría, Polonia y Méjico, naciones a las cuales va a sumarse esta temporada la Alemania occidental a pesar del estado en que ha quedado después de la guerra, vienen celebrando su Vuelta cada año sin interrupción considerándola como una prueba deportiva del más alto interés nacional.
España no puede ni debe quedar atrás en este aspecto. Pero la carrera de referencia tiene un presupuesto de un millón de pesetas imposibles no ya de cubrir sino siquiera de aproximar sin el apoyo económico decidido de los organismos oficiales de todas y cada una de las ciudades comprendidas en el recorrido.
Hasta la fecha los apoyos económicos recibidos por la VUELTA CICLISTA A ESPAÑA han sido insuficientes siendo esta la razón por la que el año pasado ha dejado de celebrarse.
Por todo lo expuesto y con la más firme esperanza puesta en el resurgimiento del ciclismo español
SOLICITA de ese Excmo. Ayuntamiento, de su digna Presidencia, una subvención de DOS MIL PESETAS con destino a los gastos de organización de la repetida carrera.
Gracia que espero alcanzar de V.E, cuya vida guarde Dios muchos años.
Madrid 14 junio de 1950
A. Delgado (rúbrica)
(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 1776.45)
Presentada la instancia en el pleno del día 30 de junio, poco hubo que discutir. “Aun sintiéndolo mucho”, el ayuntamiento acordó “no ser posible acceder a la subvención interesada debido a la situación económica en que se encuentra este Municipio”, ordenando al secretario comunicase la decisión al Presidente de la Unión Velocipédica Española.
Treinta y cinco ciclistas españoles, cinco belgas y tres italianos iniciaron el 17 de agosto la Vuelta en Madrid. Algunos cronistas deportivos hablaron de falta de brillantez en la actuación personal de los participante, quizás por la ausencia de grandes ases del ciclismo y la desgana de otros.
Trujillo siempre ha resultado una ciudad que acoge y festeja, que celebra y curiosea en todo tipo de acontecimientos. No iba a ser menos un suceso deportivo que debió ser comentado en la plaza, corrillos, bares y tabernas.
El arca nos ha mostrado cómo a lo largo del tiempo, acontecimientos de pequeña o gran relevancia, cercanos o lejanos eran celebrados y festejados. Por eso llama la atención que la prensa local no recoja lo que la nacional sigue, relata y comenta; que un acontecimiento inusual en Trujillo y que discurría por el camino real no quedase reflejado en sus páginas. Porque el paso de los ciclistas fue presenciado por numeroso público que les ovacionó, pese al calor de ese sábado 9 de septiembre.
A las diez de la mañana del sábado día 9 atravesaba Trujillo la novena edición de la Vuelta Ciclista a España”, con calor, mucho calor. Tanto que el ganador de la Vuelta, el gallego Emilio Rodríguez, el que logró vestir en Madrid el maillot de ganador, entonces blanco con franja roja, consideró las dos últimas (Mérida-Talavera de la Reina y Talavera de la Reina-Madrid) las
más duras de todo el recorrido.
No fue el paso por la ciudad de personajes reales que se recibían o festejaban ni tropas que, propias o enemigas, terminaban agotando las haciendas, viviendas y despensas trujillanas. Fue participación, fiesta y deporte.
Treinta y cinco ciclistas españoles, cinco belgas y tres italianos iniciaron el 17 de agosto la Vuelta en Madrid. Algunos cronistas deportivos hablaron de falta de brillantez en la actuación personal de los participante, quizás por la ausencia de grandes ases del ciclismo y la desgana de otros.
Trujillo siempre ha resultado una ciudad que acoge y festeja, que celebra y curiosea en todo tipo de acontecimientos. No iba a ser menos un suceso deportivo que debió ser comentado en la plaza, corrillos, bares y tabernas.
El arca nos ha mostrado cómo a lo largo del tiempo, acontecimientos de pequeña o gran relevancia, cercanos o lejanos eran celebrados y festejados. Por eso llama la atención que la prensa local no recoja lo que la nacional sigue, relata y comenta; que un acontecimiento inusual en Trujillo y que discurría por el camino real no quedase reflejado en sus páginas. Porque el paso de los ciclistas fue presenciado por numeroso público que les ovacionó, pese al calor de ese sábado 9 de septiembre.
Fueron esos días de un intenso calor; “calor extremeño”, dijeron algunas crónicas deportivas; “calor de horno” dijeron otros. Algún corresponsal no recordaba ninguna etapa tan angustiosa como esa, por el calor.
El día anterior, el 8 de septiembre, se celebró en Trujillo un interesante partido de fútbol en homenaje al entrenador del Club “Deportivo Trujillo”, Severiano Uría, entre el once trujillano y el Deportivo Cacereño. “El excesivo calor restó brillantez al juego, especialmente en el segundo tiempo, sintiéndose los jugadores un poco agotados”, contó la prensa cacereña.A las diez de la mañana del sábado día 9 atravesaba Trujillo la novena edición de la Vuelta Ciclista a España”, con calor, mucho calor. Tanto que el ganador de la Vuelta, el gallego Emilio Rodríguez, el que logró vestir en Madrid el maillot de ganador, entonces blanco con franja roja, consideró las dos últimas (Mérida-Talavera de la Reina y Talavera de la Reina-Madrid) las
más duras de todo el recorrido.
No fue el paso por la ciudad de personajes reales que se recibían o festejaban ni tropas que, propias o enemigas, terminaban agotando las haciendas, viviendas y despensas trujillanas. Fue participación, fiesta y deporte.


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